2 Solo me enamoré

1045 Palabras
El Señor Rogelio ha sido el primero en salir a recibirnos. Él fue el que nos envió la carta, es el Alcalde y el dueño del único bar restaurante en 50 kilómetros a la redonda. Luego sale la Señora Amalia, que estaba apartando del fuego la cena de los parroquianos que cenan casa día en el bar. Son muy amable y casi se mueren de felicidad al ver a Viki, tan pequeñita, apenas tiene días y ya ha tenido que hacer un largo viaje para sentirse en casa. Los parroquianos salen a recibirnos y Rogelio y Amalia casi no dejan que se acerquen a nosotras, creo que mi hija acaba de ser hecha hija predilecta de este pequeño pueblo. Tras comer un poco ambas Roge, que es como quiere que le llame, nos lleva a nuestra pequeña casa. Está cruzando la calle, pero como no hay coches, aparte del que he traído yo y la furgoneta de Rogelio, no es peligroso andar por ella. Roge ayuda a descargar todas las cosas del coche y meterlas en la casa. Es muy acogedora y tiene una chimenea que enciende Roge. Tras un rato aparece Amalia en la casa. También ayuda a colocar y cuando acabamos nos sentamos todos frente a la chimenea. Amalia me pide coger a Viki y acepto. - ¿Cómo es posible que hayas dejado todo y te hayas venido con una criaturita tan chiquita zagala? – Amalia mira con ojos llorosos a mi bebé. – Es un poco complicado, si les soy sincera me estoy escondiendo, y estoy sola ahora mismo. – No puedo evitar que se me escapen las lágrimas al confesar. Al fin y al cabo, son una pareja mayor, que pedían una familia con hijos para evitar preocupaciones y yo, justo, es lo que traigo. Roge me mira y luego mira a Viki. – Mira niña, no sé qué habrás hecho, pero si quieres puedes quedarte, yo encantado de poder tener a esta princesita cerca. Tendrás que trabajar mucho y el sueldo no es bueno, pero te puedes esconder y nosotros cuidaremos de vosotras como si fuerais familia. – En verdad yo no he hecho nada, solo me enamoré de un hombre maravilloso. Él si había hecho cosas, pero desde que me conoció trato de enmendarse. – No me ha gustado que piense que hice algo malo, porque no creo que lo haya hecho. Como ambos me siguen mirando incrédulos les cuento toda mi historia. – Y cuando el abogado me enseñó esos papeles tuve miedo y salí de ese sitio sin avisar a nadie ni decir donde venía. De hecho, su carta llegó en el momento justo para salvarme. – Termino mi historia sin contar el periplo hasta llegar aquí y como encontré el dinero de Eva. Si me siguen aceptando, ya habrá tiempo de entrar en detalles. Viki se despereza y comienza a llorar, tiene hambre. La cojo y me preparo. Roge y Amalia se levantan y pienso que me van a decir que recoja y vuelva por donde vine, pero no es así. Se despiden de mí y me citan por la mañana en el bar, temprano para hacer los desayunos. Me sonríen antes de cerrar la puerta y me quedo junto a mi ragaziña, frente a la chimenea, viendo cómo se consume el fuego. Lo hemos conseguido, estamos a salvo. Los días aquí son iguales. Levantarse, preparar a Viki, prepárame yo, limpiar un poco la casa y cruzar juntas la calle para comenzar a trabajar. La mayoría de los días abro yo el bar y comienzo a preparar el turno de desayuno. Roge le compró a Viki un parque super moderno y arregló la calefacción del bar, porque los primeros días pareció enfriarse y tuvimos que llevarla al pediatra del ambulatorio de la zona. Dijeron que no era nada, que los niños tienen que coger defensas, pero él no hizo caso y puso la calefacción, cosa que ha hecho mejorar el negocio, porque ahora casi todo el pueblo viene a desayunar calentito al bar. Este ayuntamiento hace gestiones de varias aldeas cercanas y algunos días Amalia y yo tenemos que lidiar con la clientela que aprovecha el calorcito y se queda, a veces solo el desayuno, otras, aperitivo y hasta comida. Por las tardes es más tranquilo. Parroquianos a por su café y luego cena para los que viven solos. Algunas tardes Roge me deja la furgoneta del bar y hago compras o turismo, mientras ellos cuidan a Viki. He aprovechado las tardes o los días libres y he ido escribiendo a Eva casa dos meses más o menos. He ido enviando las cartas desde Zaragoza, Teruel, Valencia o Soria. Los días pasan, viene y se van a una velocidad pasmosa. Nunca he recibido noticias de Eva, Nero o mi querido Andrea. Sé que cuando pase cierto tiempo se le dará por muerto, pero no sé cuánto tiempo tiene que pasar, pero espero que aparezca antes, porque algo en mi interior me dice que no ha muerto, aunque Rogelio y Amalia también tratan de hacerme entrar en su razón de que ya no está con nosotros, pero me niego a mí misma a ceder al pesimismo. El tiempo ha pasado tan lento y tan rápido a la vez que estoy preparando el segundo cumpleaños de Viki. Va a venir todo el pueblo, los cuatro niños que hay junto a Viki y las doce familias completas. Cerraremos el bar y lo celebraremos a lo grande, Roge y Amalia me han puesto todo lo que vamos a consumir al precio que lo pagan ellos y no haré un gran desembolso, aparte de que no puedo, no me lo permitirían. Estamos bailando, yo tengo a Viki en brazos cuando llaman a la puerta del bar. Un parroquiano abre y entran dos guardias civiles. Estoy tranquila, supongo que nos regañaran por el ruido que estamos haciendo, pero todo el pueblo está aquí, ¿quién habrá sido? – Raquel Gutierrez Jimenez. Tengo una citación para usted. – El más mayor de los dos guardias me tiende un papel y todos guardan silencio. Alguien apaga la música. – Debe presentarse en la audiencia nacional el próximo martes, si no lo hace, puede ser acusada de desacato o incomparecencia y podría ser detenida.
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