Apagué el televisor, pues había terminado el primer episodio de Mario Pancho, el pingüino. La serie tenía alta calificación, según usuarios nacionales. Serví un vaso de vodka, en el despacho. Vi la ciudad de Maracay desde la cima. Meneé el alcohol bebí hasta dejarlo vacío. El ardor recorrió mi tráquea hasta llegar al estómago. Un avión surcó el cielo, dejó una estela blanca que parecía las líneas de una vía férrea. Rebeca no quiso pasar el fin de semana conmigo. —Unos amigos me invitaron a salir —dijo antes de colgar el teléfono con brusquedad. Una capa grisácea cubría el cielo y opacaba el sol, era como ver una bombilla cubierta con papel cebolla. Iba a llover, pero no me importaba. Casi no habían empleados, muchos cumplieron con el horario laboral. Por mi parte, preferí quedarme e

