Al llegar a la capital , quedé maravillada con tantas casas tan hermosas, decoradas tan minuciosamente en su fachadas y sus enormes puertas de madera.
Pronto el autobús se detuvo en la terminal y mi padre me tomó de la mano para bajar, tras de nosotros mi madre.
- bien, querida, estamos aquí, después de tantos años hemos vuelto- dijo mi padre, mirando con dulzura a mi madre, la cual solo asintió.
- y, ¿a donde vamos ahora?- pregunte
- primero a casa de tu tío Sergio, ya veras que te va a agradar, es muy amable- contesto mi madre.
- ¿estas segura?, o ¿deseas ir a dar una vuelta al centro?- pregunto mi padre, pues mi madre estaba muy emocionada cuando salimos del rancho.
- si, primero debemos resolver lo que importa, ya habrá tiempo de hacer el recorrido- y empezaron. a caminar, tomándome de las manos.
Recuerdo no haber caminado mucho, cuando tocamos en una puerta grande.
- Buenos dias, ¿en que puedo ayudarle?- dijo una joven que salió a abrir
- Buenos dias, buscamos a Sergio Montez, soy su hermano Román
- ¡oh!, que gusto, adelante pasen , Sergio está adentro- contesto la joven abriendo la puerta completamente.
Fue entonces que entramos a lo que parecía ser un jardín con muchas flores y pasto verde, había un camino de piedras que nos guiaba a las construcciones de dos plantas.
- un gusto mi nombre es Mariana Rivera- dijo dando la mano a papá, para después darle un abrazo y un beso en la mejilla a mamá y a mi- soy amiga de la familia, vengan vamos a la cocina , ahí están todos- y nos guió con mis tíos.
En la cocina se encontraba una señora bastante doble a mi parecer, varias personas más y quien yo supongo es mi tío, pues el parececido con papá es mucho.
- ¡Pricila!, que grande estas, y hermosa que has crecido- dijo la mujer robusta mientras me abrazaba, mientras yo trataba de asimilar lo que sucedía, pues no la conocía, pero ella a mi si, entonces supongo que ha de ser mi tía.
- hola tía, un gusto - dije apenas y en un susurro- ¿ ya tuvo a su bebé o apenas va a nacer?- dije al recordar que mi madre había Mencionado un nuevo bebé.
- !ayyy¡- grite de dolor apenas acabe mi pregunta, mi madre me había propinado tremendo pellizco .
- disculpala cuñada, esque aveces habla sin darse cuenta- dijo mirándome con advertencia.
- si tía, discúlpeme, no pensé bien como hacer mi pregunta- conteste apenada.
- Cuando tengas un bebé lo entenderás, no te preocupes - y sonrío muy amablemente.- vamos todos a comer, es la hora- y nos guió al comedor.
La comida paso muy amena entre pláticas de anécdotas pasadas, el ambiente era cálido y reconfortante el reencuentro de la familia.
Después de la comida mi madre y yo salimos al zócalo, acompañada de mi tía, el bebé y su amiga.
Yo me la pase super bien , comí helado , paseamos y compramos muchas cosas en miniaturas, ya estaba cayendo la noche cuando regresamos a casa de mi tío.
La cena también pasó entre risas, ese día fue increíble.
Cuando abrí mis ojos al día siguiente , mis padres ya estaban alistando todo para volver al rancho, así que me apresure a desayunar y estar lista también.
- Me dio mucho gusto que hayan venido a visitarnos, yo por mi trabajo casi no puedo salir de la capital, además de que el recorrido aun es pesado para mi bebé, espero pronto nos visiten otra vez- dijo el tío Sergio
- Si, yo quisiera que vinieran más seguido para que Pricila conozca más lugares de la capital, además de hacer muchas compras , ahorita esta de moda el maquillaje- agregó mi tía.
- lo haremos cuñada, yo también creo que mi hija necesita socializar más y desenvolverse- contesto mi madre.
ambos nos despidieron de abrazo .
- hija , recuerda que cualquier cosa cuentas con nosotros
- claro que si, Tío- dije con una sonrisa.
Al salir a la calle rumbo a la terminal, el semblante de mi padre cambió, era evidente la preocupación pero ninguno dijo nada más, hasta llegar a la terminal, mi madre compró unos dulces tradicionales mientras esperábamos a que diera salido el autobús.
El camino de regreso lo sentí menos largo y hasta me dormí un buen rato, creo que es una de las mejores experiencias que he tenido, la ciudad es muy bella y hay muchos lugares históricos y naturales por visitar, pero aun así extraño salir a montar en las mañanas y ver mis perritos correr toda la ladera del monte.
Y como era de esperar al regresar pasamos otra vez con don Herlindo, yo me la pase dentro del agua la mayor parte del tiempo, mientras me lanzaba clavados desde un peñasco del cerro que la naturaleza formó, mientras mis padres platicaba con lo señores a las sombra de un gran fresno reposando en amacas.
- No se como hacerle don Herlindo, mi hermano me dice que en la capital hay buen trabajo, además si vendo el rancho con eso podríamos comprar una casa de buenas dimensiones, porque allá se sabe que esta zona está muy peligrosa, que apenas en el paraje del portezuelo pararon un carro de refresco y lo robaron la mercancía y el dinero de las ventas, también se han estado robando las jovencitas que le gustan, incluso mujeres ya casadas y con hijos dice que se las llevan para saciarse y luego las botan por cualquier carril ( carril son los caminos entre propiedades), medios muertas y bien maltratadas- dijo Román preocupado mientras miraba a su niña lanzarse clavados al río- mi Prisci ya creció y es tan hermosa como su madre, me preocupo por ella, uno ya esta viejo, ya no importa.
- Para viejos yo- contesto don Herlindo- mírame a mis 90 años todavía hago mi siembra y monto muy bien, tu eres un jovencito y tu señora igual, mira si aceptas mi consejo, opino que no vendas todo, solo los animales que son los que sufrirían al no haber nadie, la tierra se conserva, estaba antes de nosotros y quedara después de nosotros, ya que este segura la zona y Prisci este más grande pueden volver aquí, y si con el tiempo deciden quedarse en la capital , ya las vendes.
- Tiene mucha razón don, eso voy a hacer, al cabo que allá voy a trabajar y tengo unos ahorros , con eso podemos empezar de nuevo en la capital y no me deshago de lo mío aquí en mis raices- dijo Román con una sonrisa amplia mientras abrazaba a su esposa que por primera vez parecía volver a respirar tranquilidad.
Antes de que cayera la tarde montaron en sus caballos para no llegar tan oscuro al rancho.
En el camino todo era alegría y risas entra plática, hasta que unos metros antes de llegar al rancho Román escucho ruidos y pidió a su esposa y a su hija guardar silencio.