EL VISITANTE

1183 Palabras
—La encontré —dijo Mike, poniendo energéticamente una hoja impresa a color sobre el escritorio de Danny, haciendo que éste se sobresaltara ya que últimamente andaba ensimismado y poca atención prestaba a lo que ocurría alrededor. Danny miró la fotografía. Estaba tal cual él se la imaginaba, con los labios pintados de rojo intenso y la mirada brillante por las luces de neón del escenario. En sus sueños ella siempre lo acompañaba en sus canciones y la veía así. Ahora temía haberla perdido para siempre y que todo quedara en eso, en puros sueños.        Desde hace dos meses que abandonó la oficina, no supo más de ella. Se volvió loco cuando volvió del viaje a Rosmania que decidió hacer el día en el que renació. Luego de oler el adictivo aroma de su piel cuando salió de ducharse y escuchar esa sensual voz que emitía una suave melodía, algo se movió en su interior. Lo que pensó estaba dormido salió como un estruendo y le llenó el espacio tanto tiempo vacío. Y supo que ella había logrado eso, llegar entre las rajaduras de su alma para llenarlo todo con la melodía de su voz. Le escribió una canción que llevaba su nombre y describía en ella todo lo que esa mujer le hacía sentir. Ese día afinó sus instrumentos y limpió sus cuadernos para prepararse para un nuevo comienzo. Todo parecía marchar como lo había planeado, se casaría con una mujer a la que consideraba ideal, retomaría la composición de canciones y la economía familiar se dispararía como nunca antes. Pero desde su abandono, todo quedó en nada.          Ella era su musa, no podía nacer nada si ella no estaba. El contrato lo tenía preparado hace meses y Mike tenía la orden de hacerlo específicamente en esa fecha, estaba presionado por su familia y debía darle un cierre al contrato. Él olvidó este detalle de tan obnubilado que estaba. Tenía tantos sentimientos encontrados que sucumbió bajo los encantos de aquella rubia en el vuelo. No quería aceptar la verdad que finalmente llegó con mucho dolor al estar ella ausente. "Ahora soy yo el que te necesita a tí, Daira. Tengo que encontrarte", se dijo. Dio ordenes a todos sus hombres de darle noticias de ella. No podía habérsela tragado la tierra. Sonrió amargamente cuando se dio cuenta que todo vuelve...él hizo lo mismo el día que decidió dejar los escenarios...esa misma sensación debieron tener sus seguidores...todo vuelve, definitivamente.   "Las Cañas" había crecido exponencialmente, Richard y Daira debieron ambientar una habitación con un poco de comodidad para ganar tiempo y dormir allí lo más que pudieran para poder soportar el ritmo de la noche y del resto del día.           Daira se pasaba haciendo las compras para proveer la despensa de bebidas con y sin alcohol del bar. Hubieron de tomar más personal de limpieza y seguridad y el día era un movimiento de cajas y parlantes y cables hasta llegada la hora de la apertura al público.          La mujer de cabellos negros entró tímidamente observando todo a su alrededor. Se sentó en un taburete al lado del bar y pidió solo agua...por ahora. Sólo quería mirar y encontrar a la muchacha que tanto buscaba. La vió entrar y salir con vasos y botellas. Ya iniciaría el número central, debía hacerlo antes que se llenara más de gente. Oteó en busca de las salidas que había o de un lugar donde esconderse después de que lo hiciera. Se disponía a seguir a la chica que iba dispersa pensando en el acto de apertura, cuando sintió un leve movimiento, como si alguien se acercara tras ella. Se quedó pensando si debía continuar o revisar antes y ver si todo estaba bien. Al darse vuelta bruscamente, casi choca con el hombre que le había quitado el sueño tantos años. Ahí estaba él. Casi no lo reconoció con su ropa deportiva, gorra y anteojos oscuros, pero era inconfundible para ella. "Aunque llevara disfraz te reconocería", se dijo.         ¿Qué estaba haciendo en un antro como ese?  Entonces recordó a la muchacha. ¡Él también iba por ella!! No entendía nada. "¡Pero si él dijo a la televisión que habían roto el compromiso!!! ¿por que estaba allí"? En su cabeza sonaban atropelladas cientos de preguntas.  Tuvo miedo de que le leyera el pensamiento y además ya había demasiada gente por lo que se hacía cada vez más peligroso cumplir con su misión.         Lo mejor sería retirarse de allí y volver en otro momento. Se fue silenciosamente, como llegó. Y nadie lo notó. Ni siquiera Danny, quien se sentó en una mesa del rincón a observar todo. No quiso llamar la atención así que llegó solo, dejando a sus guardaespaldas en el auto apostado a un par de cuadras de allí, si veía fea la cosa los llamaría.         Buscó lo que tanto quería con la mirada, tratando de mirar de soslayo para que algún curioso no reparara en él. Sabía que su aspecto había cambiado mucho desde que era un hombre de negocios, pero siempre habría alguno que lo reconocería, como sin duda había pasado el día de la cena de gala, como en la calle misma que alguien tomó su fotografía dentro del auto.            Decidió acercarse al bar para preguntar por la mujer. Estaba un hombre o mujer, no sabría describirlo, con labios pintados de rojo y los cabellos también de un color chillón... —Disculpe, busco a Daira. ¿Sabe si ella está aquí? —trató de hacerse escuchar a pesar de la música estruendosa. Richard se quedó mirándolo con el vaso que estaba secando en el aire... —Disculpe, busco a Daira —repitió pues pensó que no lo había escuchado. —Mmm...voy a fijarme si vino a trabajar hoy. Señor, ¿ quién es usted? —trató de disimular que lo había reconocido. ¡Casi se le transforma la cara!! ¡No podía creer que Danny West estuviera aquí!!!  —Sólo dígale que es un viejo amigo, por favor. Necesito hablar con ella urgentemente —dijo con premura.          Richard observó sus facciones casi perfectas y se perdió en sus ojos verdosos, se guardó un gritito de sorpresa y salió corriendo a buscar a Daira.          En ese momento el presentador arriba del escenario daba inicio a la noche de cantos, Richard detuvo la marcha en el mismo instante en el que el locutor anunciaba... —¡Con ustedes...Daira Carson!!!!!!! —gritó con entusiasmo.            Y vió a su amiga subiendo por los improvisados peldaños, mirando hacia abajo pero con un calor en las mejillas que se la veía tierna y con ganas de protegerla.           Al escuchar su nombre, Danny, que intentaba cubrir su rostro con la visera de la gorra que se había puesto, miró rápidamente hacia el escenario y la vio.           Justo donde estaba parada, una de las luces daba directamente sobre ella, dándole un aura angelical. Se había puesto un vestido suelto color salmón, con vuelos en la falda, que se movían al son de la respiración de los allí presentes. Le dio mucha curiosidad escuchar a la musa que lo había despertado...
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