Respiro mientras me dejo caer en la silla de metal. La sala de espera está llena de mujeres embarazadas,la mayoría de ellas tienen su estómago inflado igual a una patilla. Mis nervios son más potentes ahora que veo la puerta dónde entra cada mujer y sale feliz con una fotografía pequeña en sus manos. Carolina a mi lado, anda parloteando sobre mi embarazo y lo feliz que está. Ha pasado una semana desde que supimos, una semana desde que me he sentido tan mal pero a la vez tan bien por este pequeño o pequeña ángel que crece en mi vientre. Mis padres aún no están al tanto de ello y tenía pensado en ir a visitarlos a Seattle y tomarlos por sorpresa. Cada minuto se me hace eterno para poder ser mi turno. Mientras pienso para distraerme un poco. Me he sentido muy maternal estos días, tengo que

