Desconecte el cargador del teléfono y lo enciendo. Entre ellos, busco el número de mi madre y le doy a llamar. El teléfono repicar hasta el cuarto tono y agarra: - Hasta que al fin una de ustedes se acuerda de nosotros —exclamó con sorna y reí entre dientes—. ¿Cómo está mi dulce terrón de azúcar? Ruedo los ojos ante el último apodo. —Hola mami — saludo con una sonrisa extra grande en mi rostro—. Estoy excelente, ¿qué tal ustedes? - Estamos bien, por aquí regando el invernadero, tu padre debe estar en el trabajo — dijo y de fondo se escuchó la regadera—. ¿Cómo está tu hermana? —En perfecto estado, ningún lobo se la ha tragado — digo riendo. Después de pasar minutos hablando con mi madre sobre cosas importantes y algunas que otra sin importancias, nos dimos cuenta de que en realid

