Mis ojos se iluminan al aterrizar en Seattle. Viejos recuerdos tanto buenos cómo malos van arremolinándose en mi mente, haciéndome sentir algo melancólica. Pero se me quita después de entrar al aeropuerto de Seattle y observar las viejas tiendas que siguen igual a como hace años. Carolina creo que está más entusiasmada que yo, ver a nuestros padres después de casi dos años y medio nos tiene felices y nerviosas y más sabiendo que es una sorpresa. Mi estómago ruge un poco al pasar por una pastelería dónde los dulces se ven muy deliciosos. Las galletas de chocolate son las que más llamaron a mi apetito. Y haciéndole cara de perrito triste a Carolina consigo que me compre una caja de galletas. Nos quedamos desayunando en el aeropuerto ganando algo de tiempo y visitando tiendas. Ya luego de u

