No lo creo —le comenté, mirando a mis lados por si hay alguien escuchando conversación ajena—. Cerramos el trato y no se presentó ninguna mujer. Que yo sepa.
Hannah me dejó una mirada que dijo "no te creo nada" por lo que rodé los ojos fastidiada, y seguí con mi deber en el escritorio compartido que tenía con ella. Estaba arreglando papeles y contratos para Conner, y eran muchísimos. Quizás ya iba por la carpeta cincuenta, de cien que había.
Lo hizo rápido y con paciencia, literal. Hannah a mi lado comenzó a teclear algo en su computadora, la volteó hizo mí y yo fijé en fotos de google que mostraban a Conner ya una mujer irreconocible para mi. Era más plástico que natural, la propia barbie egocéntrica pero en fotografía. Podría hasta jurar que se había operado los labios y pómulos, sí, era bonita pero exagerada. Aparte que se notaba que era rubia, y teñida.
—Es ella, Eli —me dice Hannah, señalando a la mujer en la pantalla—. Se rumoreó unos meses atrás que salían juntos.
Una opresión fuerte apareció en mi pecho, llenándome de celos completamente. No quise imaginarme lo peor, pero no pude evitarlo. Imaginar que esa tipa había estado saliendo con Conner, o que habían tenido sexo me ponía muy molesta. Bueno, molesta no, celosa.
Hice una mueca de desagrado total. Cerré los ojos y respire tranquilamente, para después seguir acomodando los papeles y cuyo.
No es mi problema: zanjé con un tono de fastidio, pero Hannah no le importó.
—Y viene hoy. —Sisea a lo bajo, pareciendo querer metro cizaña.
Quise reírme, pero el sonido exagerado de unos tacones pegando contra el suelo me quitaron las ganas. Una de las zorras que me había atendido el primer día de aquí, le había dicho a gritos a la mujer que se detuviera, pero ella sin hacer caso caso seguía.
La quemé con los ojos y demás.
Mi corazón latía fuerte y la sangre me hervía.
—¡Señorita, no puede pasar! —Sigue gritando—. ¡El señor Hilerson está ...!
Se quedó corta, porque la señorita engreída ya había entrado en la oficina de Conner sin permiso. De mala gana, lancé los papeles que tenía en mis manos a la mesa. Hannah se sobresaltó ante el arrepentimiento sonido de las hojas juntas, y me miró cómo estaba allí.
Me acomodé en mi silla giratoria, mirando fijamente la puerta por donde había entrado señorita engreída, esperando mi momento para hacer de las mías.
—Tienes cara de querer matar a alguien —vocifera y la miro de reojo—, y te lo dije. Ay, por dios, no entiendo cómo alguien tan guapo pudo haber salido con una mujer a la falta de oxígeno en el cerebro.
Reza forzadamente, poniendo mi atención en Hannah, con una carita de "yo no fui".
—Le llevaré café a Hilerson — digo, parándome de la silla—. ¿Vienes conmigo?
Ella asintió, y me siguió detrás parloteando de Miss engreída. Yo la ignoraba totalmente, y me concentraba en hacer el perfecto café que tanto le gustaba a Conner.
Enchufé la cafetera, esperé a que hiciera de las suyas, y en cuanto escuché el clic saqué el vaso y lo llené de café recién hecho. Con sólo de mi café, me daban ganas de darle un sorbo. Así que saqué otro vaso, y vertí café para mí.
—Listo, ahora ...
—Sí, ve, sé que quieres marcar territorio por tu hombre.
Puse los ojos en blanco. Me hice la loca de que no entendía nada de lo que dijo, aunque ella sabía lo que yo no le había contado, y salí camino a la oficina de él. Lo mismo que hice engreída, lo hice yo. Abri la puerta sin permiso, y lo que me encontré me dejó mucho a la imaginación.
¿Interrumpo algo? —Escupí de la peor manera.
Quise darme una bofetada por cómo soné. Dios mío, tengo que calmar mis celos y mis impulsos si no quería que enterase todo el edificio de lo mío con Conner. Ya tal vez el tonito que había usado a él le parecería extraño. O se habrá enojado. Peor en su rostro no había ni una mezcla de simpatía y ni de molestia.
¿Entonces?
Mi corazón golpeó fuerte, y mis nervios aumentaban. Estaba observando a Conner tanto cómo él lo hacía conmigo, claro, pero con disimulo. Es un tanto satisfactorio para mí saber que soy yo quién tiene la atención absoluta de Conner.
Miss engreída me miró de arriba abajo, con una sonrisa de superioridad a lo que yo rodé los ojos poniéndolos en blanco. Me aproximé a Conner dejando su café de un golpe en su mesa, haciendo que se escurriera un poco, manchando su mesa. Tal vez me pasé un poquito.
Malditos impulsos, pensé.
Inhale aire para después soltarlo. Me estoy comportando como una cría, ¿qué demonios me pasa? Los ojos lapislázuli de Conner se quedarán en los míos, observándome fijamente, a lo que, mi cuerpo recibió una descarga eléctrica sin haberme tocado. Busqué en duda mirada algún indicio de algo, pero nada.
Su mirada era indescifrable.
¿Y quién es quién? —Preguntó engreída, y quise jalar de sus greñas, la mitad de ellas, postizas.
Me adelanté a responder antes de Conner, no dejaría que esta mujer faltara de neuronas me diga "esta" de manera irrespetuosa. Se le ve que en su hogar no le enseñaron ningún modal. Porque no los tenía. Se creía la reina del mundo. Y menos mal que no lo era, antes de eso, me pegaría un tiro en la cabeza.
—Ésta — me señalé—. Tiene nombre. Y yo llamo Annelisse.
Quise terminar mi respuesta con un "perra" pero obviamente me calle, no quería problemas solamente por una estúpida mujer falta de neuronas, cerebro y oxígeno.
—Me retiro, con permiso — hice ademán de irme, pero la voz de Conner me detuvo a solo dar un paso.
—Quédate Elisse, Kendall ya se iba — sonó bastante comprometido o la forma en lo que lo dijo.
Me tuteó . Delante de ella, pensé.
Pero no hice un escándalo ni nada, me di la vuelta y solo quedé parada mirando fijamente Conner. Escudriñándolo con mi mirada, grabando su cuerpo de arriba abajo. Empezar a sentir calor en mis bajas partes, por lo que amarré mi cabello en una coleta alta.
No, yo no ...
—Sí, te ibas, adiós — le interrumpió Conner y sonreí a mis adentros.
Kendall Miss engreída me miró odiosa antes de salir por la puerta y cerrarla dando un portazo. Admito que me sobresalte ante el golpe tan repentino e inmaduro.
Me envió frente a Conner quién me miraba completa.
No pienses nada fuera de lugar, ¿de acuerdo?
—Me dijiste que no habías salido con nadie durante un tiempo, es decir, nunca — molesta, fijé atención en otra cosa que no fuera de él.
Tomé un sorbo de mi café, endulzando mi paladar ahora agrio.
¿Te dije algo así?
Uh ...
Atrapada con las manos en la masa.
No, Abril —solté, bufando—. Se llama Kendall. Es lo único que sé.
—Y estás celosa de esa mujer.
-No...
—Sí, lo estás, mírate, sobaste tu brazo y te tiene puesto roja. Te conozco, Eli.
Le lancé un cojín del sofá que tenía el negocio. Estábamos sin hacer nada puesto que era un martes por la tarde y la gente solía venir menos.
Le había contado a Abril lo que había pasado días en la oficina de Conner con Kendall. De principio a fin. Y lo mismo que me dijo Carolina, me lo acaba de decir Abril. Puede que sí esté un poco celosa porque a Kendall se le nota un millón que está interesado en mi hombre. Pero es mío —por los momentos—, y eso le tiene que quedar claro.
¡Oh no, recuerda que eres su secretaria !, pensé alarmada.
—Mierda — espeté dejando caer mi cabeza entre mis piernas.
Se supone que los demás no se conocen saber nuestra relación empleada – jefe. Imagínense, yo nunca había estado así por un hombre, y mucho menos me había importado lo que pensaba de mis antiguos jefes. Me daba igual, y ahora con Conner, nada me da igual. Trato de hacer las cosas bien, de llevarlo bien ...
—Una tarta de fresa con queso, por favor — su voz me paraliza por completo.
No me había dado ni de cuenta que Abril no estaba a mi lado, sino que atendía a Conner en este mismísimo instante. me fijé en sus hermosos orbes azules – verdes, deseándolo y admirándolo. Es tan guapo y perfecto. Varonil y amable. Respetuoso, detallista ...
Porque sí, Conner me ha regalado chocolates y flores. Esos fueron unos detalles muy importantes para mí que calaron por completo mi corazón. Otra vez me di cuenta de que estaba enamorándome de O'Conner Hilerson. Uno de los hombres solteros y más millonarios del estado. Mordí mi labio, desviando la vista.
Me sobresalté al sentir sus manos en mi cintura, y sus suaves labios dejar un casto beso en mi frente de plan en cariño. Mi corazón dió un vuelo fuertísimo que me envió como si hubiera golpeado las costillas con algún metal. Ese gesto acaba de significar mucho para mí. ¿Que tal vez Conner puede estar sintiendo lo mismo que yo? ¿Lo hace? Me gustaría encontrarlo, saber que soy corresponsal de la misma manera, que la relación de poco tiempo que tenemos no se base nada más en sexo.
Porque está muy claro que esto va mucho más allá. Detalles hermosos como parejas, besos en la mañana, desayunos ... mensajes a toda hora, llamadas, salidas ... eso hacen las parejas, ¿verdad?
—Quiero invitarte a salir — dice, y por mi rabillo del ojo puedo ver a Abril mirando la escena con interés.
Me ruborizo de inmediato, sintiendo calor en mi cuello y hasta en toda la parte de mi rostro. ¿Conner acaba de decirme que quería invitarme a salir? Nosotros salíamos, pero no me lo había dicho de aquella manera tan ... importante. Sí, eso, había sonado muy importante esta vez sus palabras.
—¿Cómo ...? ¿Cómo en una cita? —Balbuceé tontamente, que quise esconderme en su cuello y no salir de ahí.
Olía delicioso, su colonia era droga, una droga perfecta para mí. Esperaba con ansias su respuesta, mi corazón, mejor dicho, la esperada. Así que cuando soltó lo que dijo, sentí que perdía color y aire.
—Sí, cómo en una cita Elisse.