Miré el grandioso vestido que Abril tenía tendido en mi cama para mí. Era simplemente perfecto al mirarlo, su color era hermoso y el encaje y diseño junto a todo lo demás le daba un toque único. No sé de dónde Abril pudo haberse sacado un buen vestido de diseño cómo éste. Sin esperar más, me metí bajo la ducha deseosa de alistarme. Los nervios me carcomían de sólo pensar que tendría una cita con Conner. Abril se había puesto como loca a gritarme entusiasmada que saldría con uno de los hombres más ricos y deseados de Nueva Orleans en plan romántico. La verdad que a mí me sorprendía un poco saber que haya hecho aquello, pero mi corazón desbocado me hacia no pensar tanto.
Abril se había encargado de buscar el perfecto vestido para la ocasión de hoy, y aquí estaba, a punto de ponérmelo. Tomé las bragas de encaje nuevas junto al sostén también que eran nuevos, Abril se había encargado hasta de comprar eso. Mi amiga apareció en la puerta, dando un asentamiento a mi lugar de aprobación. Su sonrisa era satisfactoria y feliz al ver logrado su cometido.
—Ese conjunto es sexy—farfulla haciéndome reír—. A O'Conner se le caerá la baba.
—Ya... me veo normal.
—Normal y un cuerno—reprocha—. ¡Estás divina! Anda, mírate al espejo.
Al mirarme no creí que fuera yo. Mi mirada era nueva y fugaz, en mis ojos había un brillo incapaz de saber descifrar. El vestido rojo vino de satén se ceñía perfectamente a mi cuerpo dejando mucho a la imaginación y, el cuello cortado en V con encaje a su alrededor mostraba un escote pronunciado, pero decente. No tenía mangas y me gustaba, aunque la parte de mi espalda era abierta y dejaba en vista mis lunares. Aún así no protesté, amaba muchísimo este vestido. Abril se hizo cargo del maquillaje y peinado, me rogó dejarla que lo hiciera aunque no fuera para tanto, ¿verdad?
Sólo comeríamos en plan amigos. O eso quería creer yo, sin embargo, al pensarlo me dolía el pecho y el corazón. Me dolía tan sólo pensar que era una cena en plan amigos para después ir a las sombras de su casa y follar cómo conejos necesitados.
—Listo—anuncia mi amiga dejándome el espejo libre para mirarme—. Perfecta, sencilla y sensual. Tres en uno, soy genial. ¿A que si?
¡Estaba deslumbrante! Abbs tenía razón, a Conner de seguro se le caería la baba. Mis párpados con sombra dorada y toques marrones oscuros resaltaban mis ojos azules cielo. Además, el eyeliner daba una combinación extravagante. Mis labios rojo escarlata eran perfectos y se veían más carnosos que de costumbre, ya que eran algo finos.
Miré a mi amiga feliz por su trabajo y la abracé agradeciéndole.
—¡Claro que eres genial! Te mereces el mejor premio del mundo, Abbs.
—¿Pero adónde vas así tan guapa? —pregunta una voz femenina a mis espaldas.
Mi hermana sostiene a la gran loba blanca llamada Star por una correa de pasear.
—Saldré a una cita—digo lentamente y sus ojos parecen salir de sus órbitas.
—¡Es increíble! —exclama dándome un beso en mi mejilla—. Que la pases bien, hermanita.
Va a su cuarto encerrándose con Star. Miro la hora en el reloj de oro en mi muñeca, fijándome que faltan cinco para las nueve y me encuentro un poco nerviosa. Me siento en un sillón tanteando mis dedos en la pierna cruzada, para intentar calmarme. Deseaba que todo saliera muy bien en la cita.
Abril empezó a calmar mis nervios mostrándome vídeos de repostería por YouTube y uno que otros logró calmarme. El timbre del apartamento sonó y juro que mi corazón paró; me volví a poner nerviosa que quise comerme las uñas, pero no quería dar una mala impresión. Le di una mirada de urgencia a Abbs y apretó mi mano instándome a abrir.
El traje elegante que traía Conner esta noche me hizo querer desmayarme ahí mismo. Estaba tan perfecto, guapo y con una sonrisa de infarto. ¿Necesitaba algo más? Sí, sus besos y sus caricias al rededor de mi piel. Conner estaba irresistible vistiendo esos pantalones de vestir que le quedaban algo apretados del trasero y luego caían sueltos abajo. Una camisa blanca con dos primeros botones desabrochados y un saco elegante azul. ¡Dios mío! Quería comérmelo ahí mismo.
Conner sonrió de lado, mirándome de arriba hacia abajo y me sentí muy expuesta.
—Decir que te ves guapa es poco—alaga haciendo que mi corazón la tierra feliz en su lugar—. Estás deslumbrante, preciosa y muy elegante Elisse.
Quise chillar de felicidad. Mis mejillas se encendieron y quise voltear a otro lado para que no me mirara en ésta situación.
—Tú estás muy apuesto—digo yo sonriendo.
—¿Estás lista?
—Sí, sí, dame un segundo—le pedí y fui a coger una gabardina preciosa, con mi bolso de mano dónde traía lo necesario—, todo listo.
Me ofreció su brazo y me enganché a él. El olor a perfume que desprendía me quería volver loca, tenía unas ganas de besarlo inquietantes. Un Mercedes Benz blanco estaba estacionado delante de mi edificio, y me sorprendió un poco al saber que ha cambiado de auto para esta ocasión. Porque es una ocasión, ¿verdad? Conner antes que pudiera de abrir la puerta de su coche, se ofreció hacerlo él como un completo caballero.
Quise dejar la mandíbula pegada al piso pero era mejor alzar el mentón y mostrarle una sonrisa que le gustara. El interior del auto era cómodo y frío. Conner no tardó en nada al entrar y ponerse en marcha. Una agradable melodía sonaba por la radio y estaba segura que se trataba de Lady Gaga con una de sus espectaculares canciones. La noche estaba estrellada con una creciente luna apenas asomándose.
El silencio no era para nada incómoda, pero aún así necesitaba escucharlo hablar.
—¿Adónde me llevas? —inquirí volteando de lado para observarlo mejor.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y en su mejilla un pequeño hoyuelo apenas visible. Una barba incipiente dejaba verse y no mentiría si dijera que se ve tentadora. Me gustaría pasar mis labios por ahí y...
—Es una sorpresa—espeta colocando una mano en mi muslo. El pulso se me aceleró y pronto sentí calor—. Espero que te guste mucho, el lugar es poco frecuentado pero muy bueno.
—Todo lo que venga de ti me gusta—disparo.
El corazón lo sentí en la garganta, pero me tranquilice un poco al sentir ese leve apretón en mi muslo y a Conner reír. Sus carcajadas llenas de vida encendieron mi pecho de calidad y alegría. Mi pecho se hinchaba de felicidad por todos lados y me sentía más relajada que nunca.
—Ya veo...
Después todo fue un silencio cómodo y normal. La mano de Conner aún seguía en mi pierna, y por lo que veía no tenía intenciones de quitarla y yo tampoco quería que lo hiciera. Me di cuenta luego de un rato que habíamos salido de la ciudad y estábamos fuera. Creo que cinco minutos más tarde Conner aparcó frente a un restaurante italiano que tenía buena pinta. Sus detalles por fuera eran algo clásicos pero elegante, justo lo que me gustaba y era imposible creer que Conner haya dado justo en el clavo.
Sonreí sacudiendo la cabeza disimuladamente. Antes que Conner lo hiciera, abrí el coche pero fue una mala idea. Una ola de flashes me cegó por completo. Sus manos grandes y fuertes rodearon mi cintura intentando alejarnos de ese bullicio pero cada vez parecía que habían más y más paparazzi. No dejaban de hacer preguntas absurdas y no pude evitar sentirme agobiada y cohibida. No se como, pero de un momento a otro nos encontrábamos dentro del restaurante algo Jade antes por el mini–espectáculo que crearon los malditos paparazzi. Conner registró mi rostro y cuerpo arriba de abajo, buscando algún indicio de daño.
—Estoy bien—murmuré con la voz atascada—. Creo. Pensé que no aparecerían los paparazzis, mi mente los había descartado por completo—termino de decir y Conner esboza una sonrisa algo burlona para después reírse en mi cara.
—Ellos aparecen dónde sea que esté—farfulla guiándome a una mesa más retirada que las demás.
Hice una mueca, ante lo que me ha dicho. ¿En serio tenían que ser tan malditamente fastidiosos esos paparazzis? Nada más para buscar plasmar mentira en un papel. Aunque no me había gustado un poco ser fotografiada con Conner, tal vez eso le traiga problemas con su compañía pero él parecía en este momento más relajado como si no le importara un pepino todo.
Retiró una de las sillas para sentarme y eso hice.
—Eso suena muy estresante—murmuré tomando el menú del restaurante Giovanni—. ¿Qué me recomiendas?
Su mirada lapislázuli se encontró con la mía. Había un cierto brillo que me encantaba de sus ojos y que me atrapó por completo. Ladeó una sonrisa mostrándome parte de sus dientes blancos a la perfección.
—Sin duda la pasta gratinada—recomendó echándole un vistazo a su menú—. Y de postre una tarta de queso con fresas.
Sonreí.
—Me parece bien.
Conner hizo señas a una mesera y se acercó para atender. Mientras que Conner se encargaba de los pedidos yo le daba un vistazo rapidísimo al restaurante por dentro. Era elegante de los tiempos de antes, un clásico y me gustaba. Los temas crema con gris eran perfectos. La lámpara de araña que colgaba en el techo era muy extravagante y de mi gusto. Este lugar se asemejaba un poco a mí, y no podía ser cierto que Conner haya dado justo en el clavo.
Sorprendente.
—¿Qué te gusta hacer?—me pregunta, cruzándose de brazos.
—¿De qué?
—No sé... —murmulla.
Reí por lo bajo, llevando una mano a mi mejilla apoyada en el codo. Esta posición me hacia admirar a Conner como una completa enamorada loca.
—Hornear, cocinar y unas que otras veces pinto y hago dibujos—exclamo.
Que me esté preguntando cosas triviales me da a mil.
—Quisiera probar lo que haces en la cocina—expresa y no puedo evitar ruborizarme.
—¿Y a ti? —cambio rápidamente.
—Estar contigo.
El corazón me empezó a latir frenéticamente.
—Ya... —río nerviosa—. ¿Cuál es tu color favorito?
—¿Esta noche? Pues el rojo.
Quise carcajearme horrible de los nervios. Mi corazón gritaba «¡felicidad y amor!» por todos lados.
—A mí el azul—dije mirándolo fijamente—. ¿Qué es lo más loco que has hecho?
—Embriagarme con mi mejor amigo—musita con el ceño levemente fruncido.
Yo me carcajeo un poco.