El capitán puso en marcha el yate y Edneris dejó el ramo de rosas sobre la mesa frente al largo sofá firmemente atornillado al suelo por si había alguna corriente violenta, le gusto mucho como era el interior de aquel lugar y hubiese pasado mucho tiempo contemplando cada detalle, pero Owen entró por ella pues la verdadera sorpresa estaba afuera, en la popa; por suerte ya no estaba lloviendo y pintaba ser una noche completamente estrellada hasta que amanezca, mientras el yate iba avanzando por el agua Edneris se sintió como en la película del Titanic pues Owen iba detrás de ella abrazándola con firmeza, levanto su brazo derecho para tocarle la mejilla y atraerlo a sus labios, necesitaba un beso. – Me ha encantado cada una de tus sorpresas. – susurro contra los labios ajenos. – Me alegra q

