Lorenzo había apagado las luces, excepto la de un pequeño velador en la otra punta de la habitación, estaba sentado en el sillón y acariciaba la pierna de Pipa estirada sobre su falda. Llevaban varios minutos en silencio pero ninguno parecía molesto al respecto. Entonces ella tomó coraje y comenzó a hablar, sin mirar más que sus dedos rozando su piel. -Cuando te dije que mi novio hizo bien en dejarme, no mentía.- comenzó sin poder evitar regresar a ese momento en el que su figura había quedado grabada en la retina de los invitados,como la señorita abandonada en el altar. -Hace varios años, algo hizo que mi vida cambiara para siempre y esa vida lo incluía a él. - agregó, Lorenzo la miraba pero no quería interrumpirla, por más que hubiera deseado erradicar esa idea de su mente, a sus ojo

