[ZEHRA] Después de la declaración, nada explota. Todo se desplaza. No hay titulares inmediatos ni golpes visibles. Hay algo más inquietante: una quietud administrativa, ese silencio espeso que aparece cuando la información ya está donde tiene que estar y empieza a moverse por carriles que no controlo. Pasan algunos días. Los suficientes para que mi cuerpo recupere un ritmo aparente, para que las noches vuelvan a tener horas, para que el cansancio deje de ser urgencia y se convierta en fondo. Es el tiempo prudente. El que siempre antecede a una reacción real. Leonardo está preso. Lo sé. Y aun así, no siento alivio. Desde la cárcel no desaparece. Se reorganiza. El poder que construyó nunca dependió solo de su presencia física, sino de lo que dejó funcionando cuando no estaba. Lo entiend

