[ZEHRA] El amanecer llega despacio, como si también tuviera miedo de hacer ruido. La luz entra por las ventanas altas del departamento y se queda suspendida en el aire, tibia, indecisa. No es un sol triunfal ni prometedor; es una claridad suave, casi tímida, que parece preguntar si puede quedarse. Abro los ojos antes de darme cuenta de que estaba dormida. El cuerpo todavía no se entrega del todo, pero ya no está en guardia. Eso, en este punto, es un logro. Nueva York despierta afuera con su murmullo habitual: sirenas lejanas, motores, pasos. Aquí dentro, todo es quietud. Jordán está despierto. Lo sé sin mirarlo, por la forma en que su respiración es más consciente, más contenida. Está recostado a mi lado, de costado, observándome como si quisiera memorizar este instante antes de que e

