[ZEHRA] Después del juicio del mundo, llega el inventario. No hay cámaras ni preguntas incómodas. No hay titulares. Hay correos cifrados, informes adjuntos, carpetas que se abren con un clic y pesan más que cualquier portada. El ruido de afuera sigue existiendo, pero ya no me pertenece. Ahora el movimiento es interno, técnico, frío. Y por primera vez desde que todo empezó, no me piden que opine. Me piden que lea. Los primeros documentos llegan una mañana gris, sin ceremonia. Intervenciones preventivas. Cuentas congeladas. Auditorías cruzadas. Nombres que aparecen subrayados, otros que desaparecen como si nunca hubieran estado ahí. Empresas con razón social impecable y un interior que empieza a desarmarse como un escenario mal sostenido. Leo despacio. No porque no entienda, sino porque

