[JORDAN] El ruido no baja. Cambia de forma. Después del juicio del mundo —después de ver a Zehra convertida en pregunta pública, en sospecha cómoda, en titular ambiguo— empiezo a entender algo con una claridad que duele: Leonardo no necesita salir de prisión para seguir dañando. Le basta con dejar dudas. Con permitir que otros hablen por él. Con dejar su nombre pegado al de ella el tiempo suficiente como para que la verdad se desgaste. Y eso está pasando. Lo veo en los silencios. En los aliados que dejan de llamar. En los socios que piden “tiempo”. En las miradas que ya no son acusatorias, sino expectantes, como si Zehra tuviera que explicar algo que nadie más se molesta en escuchar. Ella no se defiende. No se justifica. Sigue respirando, sigue avanzando, pero la veo cansarse. Y ahí

