[JORDÁN] La casa finalmente se aquieta cerca de la madrugada. No es un silencio pleno, sino uno frágil, sostenido con esfuerzo. Zehra duerme en la habitación contigua desde hace poco más de una hora. La vi caer sin darse cuenta, agotada, con el cuerpo vencido por una mezcla brutal de miedo, adrenalina y cansancio acumulado. No fue un sueño tranquilo. Su respiración se acomodó recién después de varios minutos, como si el cuerpo necesitara convencerse de que esta vez nadie iba a irrumpir. Cierro la puerta con cuidado. No la trabo. No quiero que se sienta encerrada ni siquiera en sueños. Me quedo en la cocina, con una taza de café que ya se enfrió entre las manos, mirando una pared que no me devuelve nada. El cansancio empieza a alcanzarme ahora que el peligro inmediato se retiró lo justo

