Me desperté con el sol que se filtraba por la ventana, relamí mis labios y entrecerré los ojos mientras esperaba poder adaptarme a la luz.
Tania estaba de pie, se veía molesta, de brazos cruzados esperando una explicación. Si fuera ella también estaría molesta, soy su mejor amiga, pero me había metido en su cama con un tío que ni conocía y había usurpado su casa sin previo aviso.
—Voy a darte cinco minutos para que te vistas y saques todos los preservativos del piso —gruñe rodeando los ojos y sale.
Estiré la cabeza para observar el suelo y no pude evitar reírme, había sido una noche de puta madre, no me arrepiento de nada.
Me levanté de la cama, tome ropa del armario de Tania y me metí al baño. Me di una ducha larga, me coloqué la ropa de mal gusto de Tania y salí para toparme con que ella estaba sacando las sábanas.
—Mis sábanas favoritas Neith —hace un berrinche lanzándolas al suelo— No entiendo por qué no te fuiste a su casa como de costumbre.
—Joder tía, te llevo y te compro las sábanas que quieras —rodeo los ojos mientras que junto los preservativos— Incluso te compro una cama nueva si quieres, me dijo que no podíamos ir a su casa y me vi obligada a hacer esto, era una oportunidad imperdible.
—Lo vi irse, definitivamente era imperdible —soltó una risa cómplice.
—¿Me lo vas a perdonar entonces? —pregunto moviendo mis cejas con una sonrisita.
—luego de ver mis sábanas nuevas —se cruza de brazos y me mira de pies a cabeza— Y de que me devuelvas mi ropa nueva.
—¿Estos trapos son nuevos? —digo de forma burlona— Anda, te compro todo lo que quieras, traigo un humor que lo vale.
No podía darle la razón a Manto sagrado, no sabía qué era lo que me había delatado, pero había algo que le había hecho saber que yo era una chica de dinero y no quise dejar que lo supiera.
Sin contar que llevarlo a casa sería una misión suicida, mi familia no es la típica familia rica normal, no somos unidos, ni amorosos, excepto con mi padre. Para mi padre yo soy la princesa, soy su chiquita, su consentida y la menor, entonces eso implica que es demasiado protector.
Fuimos al shopping para comprar las sábanas y ya de paso le compre algunas prendas nuevas, para que no se queje de que tome su ropa. También elegí algunas prendas para mí, para dejarlas en su casa y que en caso de emergencia no tenga que volver a tomar nada suyo, puesto que no tenemos el mismo estilo.
Volvimos a su casa, mientras que tomábamos un café le envié un mensaje a mi chófer para que viniera a buscarme y cuando llegó nos despedimos.
Vi que Javier, mi chófer, estaba más serio de lo normal, me miraba por el espejo retrovisor con insistencia y ya llegó un punto que no lo resistí.
—¿Qué pasa Javier? —preguntó apoyándome en su asiento para quedar más cerca.
—El señor, está bastante molesto hoy, no sé qué pasó, pero el ambiente está tenso en la mansión y como no fue a dormir, creo que eso puede recaer sobre usted —dice un poco apenado.
—No te preocupes Javier —medio sonrío fingiendo que todo está bien.
Mi padre no tiene la menor idea en lo que estoy metida, sabe que soy una chica problemática, pero no tiene idea de mis peleas clandestinas.
Al llegar a la mansión me bajo, entro a paso firme, si quiere dejar su ira caer sobre mí lo hará, incluso si me escondo debajo de las piedras.
Estaba a punto de subir por la escalera cuando escucho pasos detrás de mí, volteo medio rostro para toparme con Corvina, mi hermana mayor que dibuja una sonrisa burlona sobre sus labios.
—¡Papá, Neith está aquí! —advierte gritando a todo pulmón.
Lo sabía, desde el primer segundo en que la vi sabía que me haría esto, porque Corvina es ese tipo de mujer. Ya es una adulta y aún no sale de la mansión, por supuesto que una mujer que ya debería estar casada se va a dedicar a joder la vida de otros, no tiene nada mejor que hacer.
Su principal papel en esta casa es fingir ser una mujer puritana, la hermana que está esperando el hombre adecuado para casarse, eso para complacer a mi padre.
—Neith —me llama mi padre a pocos pasos con una mirada severa— ¿Dónde estabas?
—En la casa de Tania, me quedé a dormir en su casa porque no quería dejarla sola —miento mirándolo a los ojos.
Uno de mis talentos que adquirí con el paso de los años es mentir, lo hago tan bien que puedo parecer sincera al cien. Lo comencé a hacer cuando me di cuenta de que mi padre jamás me dejaría en paz, que siempre me diría que puedo o que no puedo hacer, con la excusa de que podría hacer lo que quisiera cuando viviera fuera.
Eso es otra mentira, mi padre es un prisionero, uno que jamás dejará que salgamos de aquí a menos que sea casada y con un hombre que él apruebe.
—¿No se te ocurrió tomar tu celular para llamar? —pregunta mirándome tratando de encontrar una pequeña fisura para atraparme.
—Lo hubiera hecho —suelto un gran suspiro— Pero unos delincuentes me lo robaron cuando apenas llegaba a la casa de Tania, te lo puede confirmar Javier.
—No es necesario, confío en la palabra de mi princesa —parece estar convencido con mi respuesta, extiende su mano, yo la tomo y me jala para rodearme en sus brazos— Ve de comprar uno nuevo, sabes que fuera hay muchos peligros.
—Lo haré más tarde, hoy voy a ir a entrenar —digo con media sonrisa.
—Deberías tomar un descanso Neith, todos los días metida en ese gimnasio —dice mi hermana tratando de ponerle leña al fuego.
—Deja a tu hermana tranquila, es bueno que haga deporte y sea fuerte, así corre menos riesgos de que le hagan daño —me despeina el cabello.
—No le pasaría nada si estuviera en casa, como debe de ser —rodea los ojos y se dirige molesta escaleras arriba.
—No le hagas caso, sabes que es preocupación —con una sonrisa mi padre toma distancia.
Me quedé parada viendo como se iba en dirección al despacho, me acerque a paso lento y me quede escondida dentro de la sala donde guardan los productos de la limpieza. Al cabo de varios minutos vi a Javier acercarse, sabía que aunque él finge que me cree no lo hace, lo llamó para constatar la información que le di anteriormente.
Pero yo voy un paso por delante, Javier trabaja para mí y por duplicarle su salario me encubre para que mi padre no se entere de nada, también me va a buscar a donde le pido sin hacer preguntas.
Una vez que estuvo dentro me aproxime, me quedé a una distancia prudente, pero que me permitiera escucharlo todo.
—¿Qué necesita, señor? —preguntó Javier.
—Quiero saber si es verdad que a mi hija le robaron el móvil cuando iba llegando a la casa de su amiguita —interroga y escucho los pasos— Sabes que te conviene decirme la verdad Javi.
—Señor, siempre le soy sincero y fiel, lo que dice la señorita Neith es cierto —aclara su voz— Todo fue demasiado rápido, unos tipos en una motocicleta se lo arrebataron de las manos.
—De acuerdo —lo escucho decir.
Eso fue lo último que escuché de la conversación, me fui rápidamente en dirección a la salida y subí a mi habitación. Lo único que me apetecía en esos momentos era cambiarme de ropa, luego de camino al gimnasio pasaría por un nuevo celular, porque la verdad es que lo perdí en medio de la huida del día anterior y después entrenaría.
Me apresuré a meter ropa en un bolso, me coloqué la ropa deportiva y puse mis guantes dentro del bolso también. Al terminar saque de mi cajón de la mesa de noches una llave, una sonrisa salió de mis labios y bajé la escalera a toda velocidad. En esos momentos me interceptó Javier, llevaba una sonrisa traviesa, me arrincona contra la pared y sus labios quedan a pocos centímetros de los míos.
—¿Te llevo, belleza? —pregunta acariciando mi mejilla.
Doy la vuelta colocándole sobre la pared, lo beso unos segundos de manera salvaje, logrando que cuando separo mis labios que queda pasmado algunos segundos, con deseos de más reflejados.
—No es necesario —le guiño un ojo— Nos veremos después.
Salgo corriendo sin darle tiempo de reclamarme, me dirijo al garaje y me subo en mi motocicleta, es hora de salir a disfrutar del aire fresco.