A pasos de la libertad

1476 Palabras
28 de Abril, 2024 Hoy es el día. Llevo esperándolo por varios años, pero no quería que llegara, es un sentimiento agridulce. Es el fin de mi periodo escolar, pero el inicio del calvario que tendré que vivir los próximos 20 días. Desde que comencé a tener más cercanía con mi abuelo Yassir, mis padres enloquecieron. Se han dedicado a hacerme la vida imposible, solamente porque le tengo mucho más cariño que a ellos... juntos. Es como si se esforzaran en que los odie. Critican sin razón y me tratan pésimo, mientras que mi abuelo me pide paciencia para aguantar lo que se viene. Es difícil, no nos aguantamos ninguno de los tres, pero ellos insisten en que no puedo irme. Yo creo que el problema no es que me vaya, les daría lo mismo si me voy a vivir bajo un puente, si no que me vaya a con mi abuelo. Bueno, su plan tiene una enorme falla llamada mayoría de edad. En 20 días cumplo los dieciocho, mi abuelo me recibirá en su casa y espero no tener que volver a poner un pie en el apartamento de mis padres. Me he dado cuenta de que siempre fue "su" apartamento, nunca nuestro, nunca mío. Siempre he sido una invasora en sus vidas. Mis padres me prohibieron invitar a mi abuelo y a Amina a la ceremonia de graduación, y como era de esperar tampoco al apartamento después de eso. Aunque no me importo mucho, no había nada preparado para mí en ese lugar, ni un almuerzo especial, ni una tarta, ni siquiera un banderín de "felicitaciones". Fue un poco triste, toda la tarde vi como mis amigos subían fotos a de las cosas que sus familias les prepararon para celebrar, algunas se veían ostentosas y con mucha preparación, otras eran simples muestras de cariño, no se cual envidiaba más, si las lindas decoraciones de globos y flores o las tarjetas y abrazos. Se supone que uno tendría que decir casi de inmediato que prefería el cariño, pero seamos sinceros, esos hermosos arreglos florales quitaban en aliento. Al menos mañana iría a casa de mi abuelo. Amina prometió prepararme un delicioso desayuno para celebrar y darme un regalo. Sería estupendo, necesitaría ese desayuno para reponerme de la fiesta que daría mi amiga Javi esta noche. Como todas sus fiestas sé que sería todo un desmadre y hoy no me preocuparía por nada y dejaría que toda su locura me cubriera. Mi madre comenzó a poner caras cuando salí de la ducha y comencé a arreglarme a eso de las nueve. Ya sabían que iría con Javi, pero de todas formas les gustaba hacer el espectáculo de "no quiero que salgas de fiesta". Ya estaba acostumbrada, la semana pasada hizo lo mismo por una salida al cine a medio día. Me puse mis tacones de Bratz, como los llamaba Sam, eran lindos y cómodos, con ellos podría bailar sin tener que meter los pies en hielo al terminar la noche. Los amaba. Mi mejor amigo Samuel se iría de vacaciones con su familia la semana que viene, así que me adelanto mi regalo de cumpleaños, un simple, pero sexy vestido n***o, que me marcaba curvas donde estoy segura de que no las tengo. Como a las 11 pm, él paso a buscarme. Yo salí por la puerta intentando ignorar a mi madre, pero era difícil, cuando te están gritando desde la escalera que te ves como una golfa y que me van a violar cuando este ebria. Gracias mamá. Deje un bolso en la parte de atrás del coche de Sam, necesitaba otra ropa para ir a desayunar mañana. No creo que parezca una golfa como dice mi madre, pero tampoco quería ir así a comer con mis abuelos. — Pero si tienes tetas —dijo mi amigo después de un silbido. — ¿Gracias? — Mi hermana eligió el vestido, dijo que te quedaría lindo... pero mierda mujer te ves ardiente. — Mi madre dijo que parecía una prostituta, entre otras cosas... — preferí omitir el comentario de que sería violada. Sam detestaba a mi madre, me lo había dejado en claro a mí y a ella... en varias ocasiones. — Pero una con clase —agregó. — Idiota — reí. Cuando llegamos a la casa de Javi la fiesta ya estaba en su mejor momento. La música era buena, auspiciada por el novio de la anfitriona, que era DJ en una disco del Centro. Había un par de mesas con bocadillos abandonados, y lo que más destacaba era la larga barra improvisada que servía tragos como si fuera agua y estuviéramos en pleno desierto. Adoraba las fiestas de mi amiga, eran simples, pero siempre terminaban siendo inolvidables. Las ventajas de ser la hija consentida. Sus padres la tuvieron pasados los 40 años, no le ponían peros por nada y la dejaban hacer lo que quisiera mientras no se embarazara. Además, tiene dos hermanos mellizos de 35, que son dueños de un bar. De ahí todo el licor que corre por esta fiesta. Era extraña mi amistad con Javi, era una de las personas a la que le tenía más confianza en el mundo, aunque no nos conocíamos de toda la vida, como a Samuel. Cuando la pandemia llego a su fin y por fin pudimos volver a la escuela, Sam se me acerco en uno de los recesos y me dijo: "¿Recuerdas esa chica que llego a nuestra clase justo cuando comenzó el Covid? ¿La que siempre hace preguntas idiotas en las clases online? La he conocido... y tienes que ser su amiga, tiene menos tetas y culo que tú, parecerás una Kardashian a su lado" En realidad, no me acerque a ella, fue Sam quien lo hizo, y así fue como mi mejor amigo de toda la vida tuvo que compartirme con alguien más. Mientras Samuel era mi complemento, Javiera era mi igual. No sé cómo habría aguantado estos últimos meses sin su apoyo, sentía que mis amigos me sacaban de la realidad en la que me tocó vivir. — ¡Hola Sexy! — saludo Javi dándome una palmada en el trasero como saludo. — ¡Hey! —Dije riendo —, por cosas como esas todos piensan que somos lesbianas. — Eres guapa Khadi, pero no tienes tanta suerte. Seguimos bebiendo, bromeando y terminamos en el centro de la sala bailando. Hasta que mi atención se centró en él. Mierda como me gustaba, me ha gustado desde primaria, Daniel es... Daniel. No es el chico más listo, ni es deportista, ni siquiera el más guapo, pero esa confianza que desprende de cada poro y esa personalidad avasalladora es demasiado para mis hormonas. Hemos estado enviándonos mensajes las últimas semanas, más de uno con doble sentido, y mucho con insinuaciones directas. Él es dos años mayor, debería hacerse graduado, pero perdió un año en la pandemia cuando se contagió, y ya había reprobado un año antes de que todo pasara, como dije, no era de los más listos, o estudiosos. — ¿Bailas conmigo? — No me dejo responder cuando ya me había arrancado de los brazos de Sam y me apretaba contra su cuerpo. Javi no perdió oportunidad y se quedó con mi anterior pareja de baile, era el único con quien podía bailar, Axel era súper celoso y aunque Sam no era gay, era el único a quien ella podía acercarse sin arriesgarse a un escándalo del machito engreído. Nos bebemos unos tres chupitos de tequila en menos de media hora, yo estoy un poco mareada y él lo nota. — Creo que necesitas tomar aire, o vomitaras en medio de la sala. — No debí beber tanto. Ni siquiera puse resistencia cuando me llevo al jardín trasero, estaba lleno de gente, pero tenía razón en que el aire fresco me ayudaría a despejarme. Al menos ya no tenía nauseas. — ¿Por qué tú no estás tan mal como yo? Bebimos lo mismo. — Quizá porque peso como 30 kilos más que tu —respondió riendo. Apenas tenía experiencia con los chicos. La cosa con mi primer "novio" no había terminado bien, y por lo general prefiero imaginar que esa experiencia nunca pasó. La distancia social, tampoco ayudó mucho con la práctica. Aun así, es imposible pasar por alto todos esos cumplidos, y si seguía dándome esas sonrisas, terminaría en su cama. Una cama que estaba más cerca de lo que me habría imaginado, porque Daniel es vecino de Javi. Era cosa de atravesar el jardín y llegaríamos a su casa. Él debe haberse fijado que estaba mirando a esa dirección, porque después de un dulce beso me tomo el rostro y hablo con dulzura, aunque lo que salía de sus labios no era para nada dulce, era una invitación a algo más perverso y placentero.
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