— No le digas a Amina que te he dado esto, mucho menos a tu abuelo —agregó, y espero a que yo asintiera para entregarme una pequeña tarjeta.
— ¿Qué es? —pregunté sintiéndome tonta de hacerlo después de aceptarlo.
— Como contactarme. Veras Khadija, muchos creen que me dedico a hacer feliz a los hombres que me contratan, pero en realidad es a las mujeres a quien yo hago sus sueños realidad — dijo orgullosa, y me dedico una extraña sonrisa.
Oh por Dios, ¿Esta mujer es una prostituta? ¿Quería algo conmigo? Mierda, por eso es importante preguntar antes de actuar, ahora tenía el número de una mujer que me estaba ofreciendo algo s****l y metiendo cosas en mi bolsillo. No sabía cómo negarme, como explicar que no era lesbiana y que no quería nada con alguien 20 años mayor que yo… de nuevo.
— Si algún día decides que es lo que quieres en la vida llámame, y te conseguiré al hombre que cumpla cada uno de tus requisitos, eso sí... yo me quedo con el 10% de tu dote — hablo como si se tratara de un trueque de zapatos.
— ¿Que? — pregunté.
Creo que nunca había estado tan confundida en mi vida, no era capaz de entender que era lo que esta mujer me estaba proponiendo, ofreciendo o pidiendo, pero por alguna razón presentía que no era del todo inocente.
— ¿Cómo le dicen aquí...? ¿Casamentera? Ayudo en las uniones de matrimonios pactados.
— Ahhhhh —dije por fin entendiendo todo —, quiere que me case con alguien.
— Claro que sí, ¿Para qué otra cosa te habría dado una casamentera su número? —No quise responder a su pregunta, mis suposiciones daban vergüenza ajena —Veras linda, eres hermosa, inteligente y joven... sobre todo joven, no dejes que subestimen eso, la juventud es una de las cosas más cotizadas. Es lo único que no se puede comprar, una cirugía te puede hacer más hermosa y estudiar más lista, pero nada te dará juventud.
— No me imagino estando casada en realidad, ni siquiera tengo novio, nunca lo he tenido — mentí, aunque no sé por qué —. No sé lo que quiero, pero no creo que sea un marido.
— No seas boba, el marido es el medio no el fin — se rio de su propio chiste.
— Creo que él me quitaría más de lo que me daría — dije pensando en el matrimonio de mis padres.
— Es porque estás pensando en el hombre equivocado. Dime lo que quieres, no pienses en la opinión de otros sobre tus deseos, solo déjalo fluir, ¿Qué quieres en la vida?
Lo pensé solo por un segundo ante se hablar con honestidad.
— No quiero pensar en el dinero, no es que quiera ser súper rica — aclare de inmediato —, pero no quiero tener que contar los centavos cada vez que quiera comprar un emparedado en la calle. Quiero conocer cosas distintas, no quiero tener una vida aburrida. Quiero hijos, más de uno, no ahora, pero tampoco cuando tenga 40. Quiero un hombre que me quiera, ni siquiera sé si quiero que me ame —admití con un poco de temor —, pero quiero ser el centro de su vida de una forma u otra....
— Ves como si querías cosas....
— Y quiero... — continué, perdiendo el hilo de mis propios pensamientos —. No quiero que me hagan daño de ninguna forma, quiero tener el poder de defenderme de cualquiera que me haga daño. Quiero que me cuiden de cualquier cosa y me enseñen las cosas buenas de la vida, sin tener que pasar por mil cosas malas solo para descubrir lo que me hace feliz....
— En resumen, quieres un compañero que quiera sentar cabeza, pero no tenga tanta prisa en hacer una familia —dijo, ordenando mis deseos —, que te adore y venere como te mereces, quieres ser importante para él y para los propósitos de su vida. Quieres que hasta cierto punto él dependa de ti, porque tú quieres depender de él — eso me comprendía tan al fondo que me dejo sin palabras —, al menos para ser feliz. Quieres pasión y aventura, pero no quieres experimentar con una cosa u otra hasta encontrarla, quieres que él te enseñe, por lo tanto, quieres alguien mayor. Alguien con dinero, experiencia y poder.
— Si lo pones de esa forma parece que pido al hombre perfecto, que no va a aparecer nunca frente a mí.
— Nadie es perfecto — dijo seria —, pero si estas dispuesta a pagar el precio de estar con un hombre como el que describes, yo lo puedo encontrar para ti. Y por precio no me refiero al 10 % de tu dote que me darás como pago a mí, me refiero a lo sacrificaras en tu vida.
— ¿y si él paga en corderos? —bromeé recordando la conversación con mi abuelo.
— Linda —dijo caminando al jardín —, quieres experiencia y poder, esas dotes se pagan en quilates.
Dejamos de hablar cuando Amina apareció para que probara uno de los dulces, quizá sospecho que estuviera tanto tiempo hablando con Arya, y mi abuelo la mando a separarnos, ¿Quién sabe?, pero de giño un ojo antes de volver con todos los invitados. Así, como si me dijera “Estoy trabajando en tu hombre perfecto”
La cena de mi abuelo termino y me llevo de vuelta al apartamento de mis padres. Nos despedimos y prometí volver a acompañarlo para el último día de su festividad, incluso intentaría ayunar ese día. Dudo mucho que lo logre, pero no cuesta nada intentar.
En la sala, mis padres están en silencio, ni siquiera me miran cuando los saludé. Para ellos los he traicionado acompañando al abuelo. A pesar de las incomodas preguntas, y las propuestas de matrimonios, vengo recargada de buenas energías y la compañía de gente amable. No quiero echarla a perder así que me doy un baño rápido y me voy a mi dormitorio.
Del bolsillo de mi pantalón saco la elegante tarjeta que me dio Arya, debería haberla botado o dejarlo por ahí, en cambio lo guarde entremedio de mi libro preferido, como mi bien más preciado. De pronto esa tarjeta se sentía como las que te salen en el Monopolio.
"Salga de la cárcel gratis"
¿En verdad estaba considerando usarla? Ahora definitivamente no, pero me dio un poco de tranquilidad saber que estaba ahí, esperando.