Capítulo 1
Algo enorme había sucedido recientemente en Duderry.
Naomi, la hija mayor de la familia Duncan, regresaba después de haber pasado toda su vida recuperándose en el convento de Naysworth.
Se decía que volvería para cumplir su compromiso con Tayler, el segundo hijo de la familia Glover.
Todos sabían que Tayler padecía un caso grave de misofobia y TOC. Se rumoreaba que su condición era tan severa que incluso usaba toallitas desinfectantes para limpiarse.
Todo el mundo tenía el mismo pensamiento cuando se trataba del compromiso entre la pequeña monja y el fanático de la limpieza:
—Qué pareja hecha en el infierno—.
También se decía que Naomi había sido traída de vuelta a casa para casarse con Tayler en lugar de su hermana menor.
Mientras estos rumores circulaban, la protagonista de todas esas historias se arrastraba por un bosque oscuro. Sus delicados labios rojos se curvaron en una sonrisa maliciosa.
Pronto apareció su objetivo. Se lanzó hacia él, moviéndose tan rápido que dejó tras de sí un destello plateado, y lo capturó en apenas dos movimientos.
Después de completar su tarea, Naomi regresó al convento donde había crecido.
—Sr. Luther, ¿dijo que mi padre vendrá a recogerme?— preguntó Naomi. Su voz temblaba, y la felicidad reflejada en sus ojos parecía contradictoria.
—Tu padre te espera al pie de la montaña— respondió el Sr. Luther con un suspiro, como si le costara decirlo. —Sígueme—.
Naomi sonreía, pero las lágrimas caían por sus mejillas.
Después de esperar dieciocho años, por fin había llegado el momento. Esta vez, no permitiría que nadie la manipulara de nuevo.
Al pie de la montaña, un hombre de mediana edad con traje esperaba ansioso.
—Erick, ¿crees que estoy lo suficientemente bien vestido?
—Señor, ¿está nervioso?— preguntó el conductor, Erick, tratando de consolarlo con una sonrisa. —¿No dijo el señor Luther que la señorita Naomi es una chica obediente y sensata? No lo culpará—.
—Pero...
David Duncan dudó en responder. Justo cuando iba a decir algo, una voz suave sonó detrás de él:
—Padre—.
Se dio la vuelta y vio a una hermosa joven caminando con gracia desde la cima de la montaña. Tenía el porte de una aristócrata.
Sus ojos se enrojecieron al instante. Era su hija, la misma a la que no había visto en dieciocho años.
—Naomi...
David corrió hacia ella. Cuando la alcanzó, estaba tan nervioso que no sabía dónde poner las manos. Solo podía mirarla, aturdido.
Naomi lo miró, y sus ojos también se llenaron de lágrimas.
—Padre—.
Aquella era la familia que más la amaba en el mundo.
Naomi había padecido una extraña enfermedad desde que era niña. Poco después de su nacimiento, los médicos dijeron que no viviría mucho tiempo. David y su esposa, Linda, buscaron por todas partes una cura para su hija, hasta que finalmente encontraron a un gran maestro.
El maestro les indicó que enviaran a la niña al convento de Naysworth para que pudiera recuperarse. Además, no debían verla durante dieciocho años.
En su vida anterior, Naomi había estado convencida de que sus padres no la amaban. Pensó que la habían traído de vuelta solo para que se casara en lugar de su hermana, y por eso causó un gran caos en la familia.
No fue hasta que sus padres murieron por ella, y su familia fue destruida por personas intrigantes, que comprendió lo estúpida que había sido.
Nunca imaginó que tendría la oportunidad de revivir su vida. Esta vez, su único deseo era proteger a su familia.
Finalmente, David no pudo contener más las lágrimas. Abrazó a su hija de dieciocho años con fuerza.
—Vamos a casa—.
Después de todo, estaban unidos por la sangre. Ni siquiera dieciocho años de separación pudieron impedir que David y su esposa extrañaran a su hija.
Naysworth estaba a más de diez horas en coche de Duderry. Naomi permaneció en silencio durante todo el viaje.
Quienes la conocían se sorprenderían al saber que tenía un lado tan tranquilo.
Esto se debía a que la joven, apodada —Psicosis—, ocultaba su lado agresivo frente a su familia.
Sabía que su padre había girado la cabeza varias veces para mirarla.
Naomi se sentía culpable con sus padres, pero nunca había estado realmente cerca de ellos, ni en su vida anterior ni en esta nueva. Ni siquiera sabía cómo relacionarse con ellos.
Al ver que Naomi no preguntaba por su madre, David tomó la iniciativa de mencionarlo.
—Naomi, tu madre quería recogerte, pero no pudo. Tu hermana está hospitalizada después de sufrir un accidente automovilístico—.
—¿Está… está bien?— preguntó en voz baja tras dudar un momento. No estaba acostumbrada a usar un tono tan suave.
Pero estaban hablando de su hermana menor. Era la persona por la que sentía la culpa más profunda.
David pensó que Naomi no respondería. Cuando escuchó su pregunta, se sorprendió, pero la alegría pronto lo invadió.
Habían acordado que toda la familia iría a recogerla, pero su hija menor había resultado gravemente herida en un accidente. Linda y su hijo no tuvieron más remedio que quedarse en el hospital para cuidarla.
Dieciocho años de separación hacían que, prácticamente, fueran extraños para Naomi. David temía que ella les guardara rencor.
Sorprendentemente, no solo no estaba enojada, sino que incluso se preocupaba por su hermana.
El Sr. Luther tenía razón. Su querida hija era una joven obediente… pero esa obediencia también lo entristecía un poco. Podría haberse comportado como una niña caprichosa. Después de todo, era su tesoro.
—Está bien… está bien— dijo entre lágrimas.
Naomi asintió y volvió la mirada hacia la ventana.
¿Cómo podía estar bien con heridas tan graves?
En su vida anterior, fue precisamente esa coincidencia la que la convenció de que sus padres no la amaban. Pensó que la habían traído de regreso para reemplazar a su hermana en el compromiso.
Recordar que su familia había muerto miserablemente por su culpa en su vida pasada le cortó la respiración. Se llevó una mano al pecho y su rostro se volvió pálido. Un sabor metálico llenó su boca, y escupió sangre.