Yael se relaja cuando ve que no tengo nada que decir de su declaración. Mira al cielo, respira profundo y luego vuelve a enfocarse en mí. Su expresión seria regresa y se me acerca. —Pero eso tampoco se lo digas. Su tono no es tan duro como hubiera esperado. De él, ya hubiera visualizado apuntándome con una de sus armas y diciéndome que si abro la boca soy hombre muerto. Pero es todo lo contrario, se siente nervioso por haber aceptado esto ante mí. —No soy un soplón. Además de que eso es algo entre ustedes, yo suficiente tengo con saber que Ana es una gritona y que mi pobre Lambo perdió la virginidad por culpa de ustedes. De solo imaginar eso algo se retuerce en mi interior. Ana es una hermana para mí. Es como si de repente estuviera al tanto de la vida s****l de Hera, que no es algo qu

