El escenario se queda a oscuras, pero yo siento que mi propia sonrisa podría iluminarlo todo. Jamás en toda mi carrera esto se había sentido así. El sentimiento similar está alejado, uno de esos primeros momentos en los que supe que amaba la música y sería mi todo desde ese entonces. Pero esto que me recorre hoy es más que orgullo por mi carrera, es una mezcla de todo lo que se puede sentir. Andy y Paula están cerca y en cuanto dejo mi guitarra a un lado siento sus abrazos. Veo sus siluetas a pesar de la poca iluminación que hay detrás del telón improvisado en el pequeño escenario y sus gritos emocionados están a la altura de los que se escuchan del otro lado. Todo se resume en una palabra: euforia. —Eso fue perfecto, ¡carajo! —exclama Andy saltando sobre mí como niño con intoxicac

