Me despierto de golpe con mi corazón latiéndome con fuerza como si estuviera a punto de explotar. Sé lo que es, conozco cómo se siente, lo conozco demasiado bien. Paso mis manos temblorosas por la cara, me levanto de golpe de la cama y trueno mi cuello. Me quedo mirando hacia las ventanas, la noche ha caído y no sé qué hora es. Tampoco me interesa. Aprieto mis manos en puños, las suelto y las vuelvo a apretar. Mis ojos se dirigen a la otra mesa de noche que sobrevivió a mi ataque de ira; o más que dejé sobrevivir porque no soy idiota. Yo sé dónde dar el golpe. Voy a esa pequeña mesa que guarda la mierda que necesito para poder seguir sumergido en mí mismo. No quiero pensar. Abro el cajón de abajo y frunzo la frente. Lo saco por completo, no hay nada dentro. Abro el segundo y este está

