Narrado por Emilia Santoro Con el corazón en la boca, Diego me trae a una pequeña habitación de descanso para los empleados. Está vacía de testigos, pero llena de bolsos y otras pertenencias de estos. En lo que cierra la puerta y se separa de mí para pasar el seguro, me quedó mirándolo con apenas fuerzas para hablar. Él tampoco es que se vea que tenga muchas, corta la distancia entre nosotros y su respuesta ante mi rostro confundido, es un beso. Me toma del rostro con sus manos y planta sus labios sobre los míos. No lo puedo evitar tampoco, que mis manos se apoderen de él. Por lo que acaricio sus brazos y quiero que este sea un momento eterno, olvidándonos de dónde estábamos. Algo que era imposible y que me hace recordar que, entre el temor y la felicidad de verlo, también estaba una m

