Al enterarme de tal noticia me sentía mal, realmente era inimaginable para mí que todo había terminado así, no me explica como mi amigo se había ido de esa manera y me preguntaba ¿tan mal se tomó el comentario de Franz? Pero me respondía a mí misma “pero si él ya lo conoce, sabe cómo es él y lo imprudente que puede llegar hacer” ¿o acaso le molesto algo más? Realmente eran demasiadas preguntas las que invadían mis pensamientos, y pensaba una y otra vez como hubiese terminado el día si mi hermano por tan solo un momento se hubiese ahorrado su comentario. Pero debía continuar, no podía molestarme con mi hermano ya no tendría sentido, ha habían pasado varios días de eso, y ya debía dejar de pensar en eso que aconteció, pues ya era parte de mi pasado, ya no podía hacer nada para cambiarlo, no podía retroceder el tiempo, solo debía continuar, darle gracias a Dios por todo lo bonito que permitió y pedirle que lo cuidara y le fuera muy bien allá en Amazonas.
Mis días siguieron transcurriendo entre ser mamá, trabajar con jóvenes difíciles en la universidad, ser amiga y tratar de disfrutar mi juventud, no la tenía nada fácil pero me sentía mucho mejor, ese viaje me sirvió tanto para recargar baterías y continuar, no todo se había ido por completo, pero si sabía que había mejorado, ya no me sentía viviendo en el pozo. Los días pasaban velozmente, las horas no alcanzaban, como siempre mi agenda siempre estaba abarrotada de cosas pendientes por hacer, sin darme cuenta no solo los días pasaban rápido, en un abrir y cerrar de ojos un mes se iba y pasaba el otro, cuando caigo en cuenta me digo a mi misma:
¿Qué? ¿es en serio? ¿ya llegó febrero? Para mi febrero es un mes súper importante y se me destroza el corazón, siento que moriré al ver que llega la fecha de mi cumpleaños y mi mamá no estará conmigo. Primer cumpleaños que lo pasaría sola sin mis padres, me invade la melancolía, tomo un lápiz y un papel para escribir, necesitaba desahogarme, no podía guardarme todo lo que sentía, al comenzar siento que se me comienza a desangrar el corazón, el pecho me dolía y mucho, sentía que algo me daría mientras escribía:
Cuando era niña, tenía un lugar donde iba a esconderme, pero ¿y ahora dónde iré? Mi abuela Margareth vivía en ese entonces en un complejo de apartamentos que tenían un color muy marrón, mi abuela era quién cuidaba de mi cada día al salir del colegio, al llegar a su casa me sentía muy incómoda y sola así que justo al lado de nuestra unidad, muy cerca de nosotros estaba la cancha de tenis deteriorada, y al lado se encontraba una zanja de cemento, era un lugar poco común para una niña delgada y pequeña a quien le gustaba el rosa y odiaba los insectos, pero ese se convirtió en mi lugar favorito, desde el primer momento en que me aventuré a bajar a la zanja para estar escondida me hizo sentir maravillosamente segura, ciertamente, si lo miro ahora desde mi perspectiva adulta todo lo que vería sería una zanja de desagüe de apariencia muy sucia, pero de niña me encantaba ese lugar donde podía apartarme de la vista de otros, sabía que nadie se iba imaginar que una niña sifrina como yo, estaría escondida en un desagüe.
La gente cuando pasaba era completamente ajena a mi presencia, y, aunque podía oír cada una de sus palabras, casi nunca prestaba atención, no era más que ruido de fondo, incluso los niños peleándose por los juguetes, estaba también el club de las niñas adolescentes coqueteando con niños que parecían tontos.
Muchos eventos podían girar en torno a la vida de otras personas afuera de la zanja, pero yo permanecía intocable e indiferente, era tan solo una espectadora, no una participante. Me encantaba esta sensación de que la vida podía suceder a mí alrededor pero no a mí.
Mi mundo en la zanja se sentía predecible y por lo tanto seguro, nunca nadie se acercó a dar un vistazo ni intentó acompañarme. Aunque sabía que el propósito de la zanja era llevarse el agua, en el año 2003 el clima permaneció seco por más de 6 meses, en muchas ocasiones inclusive llevé algunos de mis tesoros a la zanja y los colocaba allí para jugar, me encantaba la sensación de poder controlar mi entorno.
Del modo más extraño sentía que mientras me encontrara escondida, la vida permanecería bajo control y me podía sentir a salvo, era un lugar en donde no me podían afectar las posibilidades aterradoras que sucedían en la casa de mi abuela, entendía también que no podía vivir en la zanja, tarde o temprano tenía que regresar a casa y dentro del apartamento marrón, trataba siempre en lo posible de volver a casa de mi abuela cuando ya mi padre me iba a buscar las cosas se sentían demasiado impredecibles, no tenía el control de las cosas que acontecía a mi alrededor, quizás cuando mi abuelo quería tocar mi cuerpo destruyendo mi inocencia eso me afectaba mucho. Quisiera decir que en mi casa encontraba refugio, pero no era así, al llegar siempre había una pelea entre mis padres, ahora sé que mi papá luchaba con cuestiones que no podría haber entendido de niña. Pero en ese momento, sentía que él era increíblemente infeliz cuando yo estaba en casa. Pensaba siempre ¡yo debo ser el problema!
En cierto punto, quizá mi papá sí creyó que era parte del problema, ya que complicaba su vida y siempre fui el motivo de dañar toda su juventud, le costaba dinero que no tenía, y peor aún, era una niña, nunca quiso una niña, yo estaba desesperada por ser una hija amada, pero por más que intentaba no existía una solución sencilla para esta cuestión complicada. Mi mayor miedo era que mi papá algún día dejara de venir a casa y me quedara sin padre, así sucedió, se fue, me abandono y nada volvió hacer como antes.
No obstante todo lo que sufrí ahora mi madre se va…
En ese instante tocan la puerta, no sabría quién podría ser, puesto que no estaba esperando na nadie, así que digo “espere un momento por favor” mientras me seco las lágrimas y trato de colocarme un poco de polvo para tapar lo rojo e hinchada de mi cara, cuando abro la puerta, observo a alguien desconocido y le digo:
Hola, ¿En qué puedo ayudarle?
Solo vengo a traerle esto, ¿es usted Linda? Dice el muchacho de manera muy educada
Sí, soy yo. Contesto bastante extrañada, puesto no sabía quién me había mandado algo.
Firme aquí.
Tome la hoja y el lapicero, coloque mí cedula de identidad y mi firma, intente leer para ver si me daba alguna pista de quien lo mandaba o de que se trataba pero no decía nada al respecto, asi que se lo devolví al muchacho y le dije:
Gracias, que tenga una linda mañana.
En ese momento el muchacho me pasa la bolsa y se despide muy amablemente. Era inmensa y cuando miro adentro es un arreglo hermoso lleno de muchos chocolates, de distintas formas, tamaños, sabores, estaba repleto de Savoy, Carrey, Bel, habían demasiados y pensaba “comeré mucho chocolate” con unos ojos que brillaban pues comería lo que más me gustaba en cantidades industriales, o bueno estaba siendo exagerada pero si era mucho chocolate, pero antes necesito saber de dónde viene o quién lo mando, y buscando entre el arreglo consigo una tarjeta que dice:
Hola Linda, si tú cambias, todo cambia. Con amor Hanlex.
En ese momento me llene de tanta nostalgia, ¡lo extraño tanto! dije suspirando y con lágrimas corriendo por mis mejillas, por momentos pensaba que se había ido y se había olvidado de mi o por su manera de irse ya no sabría nada de él, Hanlex es muy importante para mí y pues desde hace mucho quería saber de él, me alegro tanto esa nota, su frase me hizo entrar en razón, siempre llegando justo a tiempo, siempre tan oportuno aun en la distancia, siempre tan especial, así que podía hacer dos cosas, seguir llorando o empezar a dar un rumbo diferente a mi vida. Entonces tome mi celular, marque una llamada:
¡Aló! ¿Arlet?
Hola Linda, ¿cómo estás?
Muy bien, ¿me acompañas mañana a llevar unos almuerzos al hospital?
Por supuesto que sí, cuenta conmigo le diré también a mí prima Isabel y a la amiga que te comenté que se llama Arisbeth.
Está bien, te espero mañana.
No, realmente ya voy llegando a tu casa, hoy me quedaré a dormir con ustedes les prepararé unos ricas panqueques de chocolate con fresa
¡Eres la mejor! ¡Te Amo!
¡Yo también!
Al cortar la llamada salgo corriendo arreglarme y arreglar mi casa porque si no Arlet llegaría y yo no estaría lista, mi casa está muy fea con los platos sucios porque no los lavé luego del desayuno, mientras lavó los platos comienzo a comer chocolate y pensaba tanto en las palabras de mi amigo "Si tú cambias, todo cambia". Cómo siempre tenía el poder de hacer que una frase estremeciera todo mi ser, era tan increíble el cómo lograba hacerlo, no entendía como pero lo hacía y era de tanta utilidad para mi vida, así que termine de pasar la mañana comiéndome todos los chocolates, limpiando y acomodando mi casa, pues no quería que Arlet la viera desastrosa y sucia, guarde el gran arreglo en mi closet pues no quería que me estuvieran vacilando si lo lograban ver o haciendo muchas preguntas, puesto que sabía que no lo entenderían y malinterpretarían, y justo cuando estoy cerrando el closet, escucho que llaman a la puerta, así que cerré todo, observe que todo estuviera limpio y acomodado, y me dirijo hacia la puerta para abrir, sabía que era Arlet la que había llegado.
Buenas, buenas. Dice ella súper contenta y emocionada, con la mejor actitud, bueno ella siempre es así.
Hola Arlet, adelante. Le contesto, invitándola a pasar
Franz, ¿dónde estás? Pregunta ella, para Arlet mi hermano era como su hermano y siempre se preocupa por él.
Esta dormido Arlet. Le conteste.
En ese momento Arlet pasa hasta el cuarto de mi hermano y le dice.
Franz levántate, te traje algo rico, si no vienes no comerás, porque tu hermana no te dejara. Soltando una carcajada.
Vuelve al comedor y se sienta conmigo y en ese momento toma su bolso fucsia y lo abre, saca una torta que de solo verla se me hace agua la boca.
¡Uy! Pero que rica se ve esa torta, esta como para no dejarla en la caja.
Digo yo entre risas, y en ese momento mi hermano sale del cuarto medio dormido y le dice a Arlet:
Hola Arlet, ¿cómo estás?
Hola Franz, estoy bien ya te extrañaba. Contesto ella con una mirada súper tierna que siempre la ha caracterizado.
En ese momento ella tomo la caja y me la paso diciendo:
Feliz pre cumpleaños te deseo a ti, vamos a prender la fiesta.
Gracias Arlet, siempre tan linda. ¿hiciste tú la torta?
Claro amiga, la hice con mucho amor para ti, para que la disfrutes, solo pensando en ti. Me dice riendo
¿solo pensando en ella? ¿y a mí donde me dejas? Y esta es la otra hermana mayor que yo me gasto. Dice Franz sarcásticamente.
Y para ti también hay torta mi niño bello, ¿cómo crees que me voy a olvidar de ti?
Agarra su bolso y saca una tacita con un pedazo de torta y mientras se la da le da un beso en el cachete y Franz le dice:
Si, si ya sé que me amas y no te olvidaste de mi
Así que nos empezamos a reír y comer torta, a ella le encaba cocinarnos y que nosotros lo disfrutáramos, y como cocina tan delicioso, realmente es un deleite comer algo preparado por ella misma. En ese momento le digo:
Gracias Arlet, la torta está muy buena y siempre tienes la cualidad de hacernos reír.
No tienes nada que agradecer, disfruto cocinar para ustedes y ¡Por supuesto amiga! nací para darles felicidad. Contesto ella entre risas y se acercó para darme un abrazo cargado de mucho amor.
Después de ese lindo momento y de haber terminado de comerme toda la torta. Les dije:
Bueno, yo voy a salir un momento a comprar las cosas para los almuerzos de mañana.
¿Almuerzos? Pregunto Franz extrañado puesto que él no sabía nada de lo que había planeado mientras él dormía.
Si Franz, iremos al hospital a repartir almuerzos. Le contesto yo
¡Qué bien! ¿Empezarás a cumplir tu sueño de una fundación? Pregunto el emocionado puesto que era una idea que a él también le encantaba.
¡Bueno! la verdad iré solo como Linda a llevar comida. Le conteste yo, sin hacer muchas ilusiones de fundación.
Por algo se empieza Franz, ya pronto la escucharemos decir que abrirá la fundación. Dijo Arlet, muy seria, para ella, el que yo tuviera una fundación no sonaba una idea descabellaba, ella pensaba que en algún momento, eso sucedería.
¡Ay ya! ¿Me van acompañar o voy sola? Les conteste yo seria, aunque era mi sueño, lo veo como imposible y evitaba cualquier comentario que me hiciera ilusionarme con algo imposible.
Yo te acompaño necesitarás de mi súper fuerza. Contesto Franz mostrando sus “súper músculos”
Entonces vamos todos. Les dije entre risas, Franz siempre de chistoso, volviendo todo momento serio en algo chistoso.
En ese instante Franz salió a cambiarse velozmente, el tiempo no era algo que me preocupara, Franz todo lo hacía demasiado rápido, así que salimos y compramos muchas cosas para beneficiar a 50 personas en el hospital, al cargar las compras me comencé a sentir débil, sentía como si me iba a desmayar en pleno centro, trate de contenerme, camine más lento, respire profundamente y seguí, no entendía que me sucedía, el peso estaba totalmente distribuido entre los tres, hasta que recordé que yo no había comido, solo había desayunado hace muchas horas y había estado comiendo mucho dulce, chocolates y torta, pero no tenía proteínas, vitaminas en mi cuerpo, ahora si entendía porque me sentía tan mal, pero no quise decir nada al respecto, sabía que Arlet me regañaría por no cuidar de mi cuerpo, logre apenas disimularlo y negociando con mi mente llegar a casa, me acosté por un momento o bueno eso pensaba, tenía tanto cansancio que me quedé dormida profundamente, no quería ni siquiera comer los panqueques deliciosas que preparó Arlet, yo podía percibir su olor desde el cuarto, escucho cuando me llamó pero no quise levantarme, mi cuerpo no respondía no podía salir del sueño profundo en el que me encontraba sumergida, así que no hubo más ruido, entre en sueño tan profundo que no supe de comida, a qué hora se habían acostado todos, no escuchaba nada, hasta que de repente comenzaron a cantar cumpleaños, mi mente seguía ida. Entonces fue cuando entendí que estaba de cumpleaños que el día había llegado, mi familia desde Colombia también se encontraba en línea.
El cuatro sonaba con ese sabor que me hacía sentir parte de mi nación, solo podía ver borroso estaba más dormida que despierta, justo a mi lado están aquellas panqueques con un pedazo de vela y mi madre entre lágrimas decía "estoy desde la distancia" fue hermoso ver a mi madre, no quería llorar, pero la extrañaba y mucho. ¡Cuán difícil esté tiempo! Así que Franz comenzó a rapear para continuar con la celebración y no caer en melancolía y nostalgia, y dice:
De verdad no sabría cómo iniciar esta canción, ¿Cómo empezar a describir a alguien tan indescriptible?
No existen versos, un texto o una canción que pueda definir el amor que siento por ti. No hay versos que puedan ayudar a este poeta, cualquier articulación se quedaría incompleta, ¿cómo plasmar en esta humilde libreta? a la persona más grandiosa que ha pisado este planeta.
Rapeaba con sonidos extraños que hacia con su boca, realmente era muy gracioso y un hermoso gesto que tenía conmigo, lo más hermoso era la letra, puesto que sabía que salía de su corazón y le dije:
¡Que hermoso! ¡Te Amo! Gracias a todos por hacer del inicio de mi día algo especial, no tengo palabras como expresar la alegría de mi corazón al sentirme amada por cada uno de ustedes. En serio muchas gracias, ¡les amo a todos! Dije mientras algunas lagrimitas cayeron por mis mejillas.
Hija Feliz cumpleaños, te amamos, recuerda que todo lo hacemos por ti, pronto nos vamos a volver a ver. Dijo mi madre, con una mirada que traspasaba fronteras
Su palabra había penetrado justo mi corazón, sentía como si se puede abrazar desde la distancia, pero no cualquier abrazo, un abrazo que le daba confort a mi corazón, un abrazo que llenaba mi tanque, sentía como me apretaba tanto, sentía el abrazo característico de mi madre, fue increíble, me sentía tan diferente, mis baterías habían sido recargadas una vez más. En ese momento me tenía que despedir ya que mi familia debía dormir, pero debo decir que fueron los minutos más hermosos.
Linda ¡comenzamos la fiesta! Me dijo Arlet súper emocionada, pues en serio iniciaría la fiesta.
¡Ajá! toca Arlet, suena el cuatro que yo pongo las maracas. Contesto mi hermano, sonando las maracas que obviamente él no sabía tocar, pero lo hacía de manera tan graciosa.
De verdad están locos, pero gracias, ¡sencillamente gracias! Les dije a ambos y les abrace muy fuerte.
Entre suspiros y canciones amanecimos, estaba tan agradecida por lo que habían hecho, ¡qué manera de comenzar el día! Me sentía tan bien que ya quería que se hiciera la hora para ir y repartir felicidad a las personas del hospital, entonces nos acostamos un rato para descansar una hora y comenzar a preparar el almuerzo que se iba a llevar al hospital de San Felipe.