Mientras dormía comencé a soñar con mi mamá, sé que la extrañaba mucho, y quería que ella estuviera conmigo, mi cumpleaños es un día especial y lo que mi corazón más anhelaba era estar y compartir con ella, y aunque sabía que era un hecho casi imposible me acosté pensando en esa posibilidad.
Así que me quede profundamente dormida, cuando de repente escucho una voz que me llama y me dicen “Linda, linda, despierta que hoy es el gran día” y abro mis ojos, era mi mamá estaba muy emocionada, la abrace tan fuerte como podía, mi mama había venido para mi cumpleaños, no lo podía creer, pero era ella y estaba allí conmigo, abrazándome, y me dice:
- Hija, levántate, debemos preparar la comida que regalaremos, ven hagámoslo juntas.
Yo estaba muy sorprendida, no podía creer lo que sucedía, y me levante de la cama tan rápido como pude y empecé a cocinar, se escuchaban risas por todas, la casa se volvía a sentir como un hogar, estaban allí todos, Arlet, Franz, mi mamá y yo todo comenzaba a tener sentido para mí una vez más, mi cumpleaños empezó a ser perfectos, ambos sueños hechos realidad, y solo podía dar gracias a Dios y me sumergí en una nube dando gracias y solo disfrutándome ese momento de tenerles a ellos.
Y cuando ya estábamos por terminar de preparar la comida, observo a mí alrededor y veo que me encontraba sola, ¿A dónde se habían ido todos? ¿Acaso salieron a comprar algo y no me di cuenta? Empecé a buscarlos por toda la casa, en los cuartos, en los baños, me estaba desesperando no estaban, cuando me acerco a la puerta para salir y ver si habían salido a la bodega, me doy cuenta que estoy encerrada, no podía salir las ventanas estaban todas cerradas, estaba sintiendo escalofríos, la respiración me faltaba, me estaba asfixiando necesitaba salir y no podía, sin darme cuenta estaba teniendo una crisis de claustrofobia, y escucho de repente voces que me decían “ tu mamá no estará contigo” “ella te abandono” “realmente no eres importante para ella” “ mira, observa a tu alrededor, estas sola y siempre lo estarás” “tu gran día especial acaba de ser arruinado” y muchas risas de fondo, parecían burlarse de mi dolor, les causaba satisfacción verme mal. Así que entendí lo que sucedía y rechace todo lo que escuchaba como quién estremece su cabeza hacia los lados mostrando la negación de tal cosa, no les iba a permitir esta vez ahogarme nuevamente en el lodo profundo de la depresión, esté día no lo haría.
Y desperté, mi corazón latía muy fuerte, estaba algo exaltada, era una pesadilla, estaba siendo perturbada, entendí que solo quieren mantenerme presa de la tristeza y nostalgia, pero ya no más, ya no se los volvería permitir nunca más. Así que me levante y puse ambos pies en el piso, su frío inmediato despertó lo que todavía seguía dormido en mí, gire mi cabeza al lado derecho para ver por mi ventana el cielo, con un suspiro dije: ¡Simplemente Gracias!, ¡eternamente gracias! cuando morir yo deseaba tu ¡oh Dios! fuiste mi motivación para continuar, eres tú Jehová quien me salva, y cuando muchos quieren hundirme, allí estas tú, para ayudarme a levantarme una vez más.
En ese momento soy Interrumpida por una llamada, cuando observo el celular es mi mamá, no podía contener las lágrimas tal día, si sentía melancolía porque sabía que no la tendría conmigo pero estaba feliz porque a pesar de la distancia se hacía sentir cercana, mi corazón se arruga pero mantiene la fuerza para no llorar, no quería preocuparla, pero si la extrañaba mucho. Cuando contesto escucho esa voz apacible y me dice:
- ¿Qué regalo quieres hija?
- Madre ya lo tengo todo, tenerles a ustedes conmigo es mi mayor regalo, y aunque hoy están a miles de kilómetros, les sigo llevando en mi corazón, en este día solo me doy cuenta que mi mayor regalo es tenerle a ustedes con vida, mi familia, ustedes mi mayor tesoro, te amo mamá y dile a papá que también le amo y extraño mucho, ustedes son lo más importante que yo tengo.
Mientras le hablaba las lágrimas comenzaban a correr, la voz se me quebraba y por más que intentaba ocultarlo, hacerme la fuerte, sabía que ya ella se había dado cuenta que mi corazón estaba en mil pedazos así que le colgué rápido no quería hacerle sentir mal, estaba consciente que ella también me extrañaba y también le dolía el no estar conmigo un día como hoy.
No quería hablar con nadie, no quería responder mensajes, mi corazón solo podía y quería levantar una canción a Dios, con las que mis lágrimas no se podían contener, así que tomé mi guitarra y me puse a componer un nuevo canto que surge del interior, no sé si era rima pero se convirtió en mi canción:
- Si me preguntaras que regalo quiero, que es lo que prefiero en este día tan especial, nadie me conoce como tú maestro, ni mis pensamientos yo te puedo ocultar, en lo más profundo de mi corazón solo a tu lado quiero disfrutar y de tu presencia poder caminar, que se vuelva realidad el tener una fundación y a muchos poder alimentar, quiero contigo el día platicar, perderme en tu mirada y justo ahí poder disfrutar, olvidarme por completo de quién soy y encontrar mi destino en tu corazón, es mi gran anhelo y es mi gran pasión.
Mientras cantaba tenía los ojos cerrados, mis lágrimas caían por mis mejillas, la voz quebrada que reflejaba lo que sentía mi corazón ese momento, en ese instante pude sentir de repente una mirada fija a mi lado, volteo asustada y llena de muchas lágrimas.
- Hola Linda, ya comenzamos hacer el almuerzo, ¿ya vienes? Me dijo Arlet, sin entender lo que sucedía en ese momento, solo veía que estaba preocupada por mi cara, mis gestos y las lágrimas cayendo, yo no sabía cómo me veía realmente, así que no sabía porque se veía preocupada por mí.
- Si, ya voy alistarme para salir. Le conteste para que se quedara tranquila.
En este momento es cuando me miró fijamente al espejo y veo mis ojos rojos, lo primero que pienso es que me tengo que lavar la cara, mientras me dirijo al baño para hacerlo y voy caminando recuerdo que tuve un sueño, en ese instante comienzo a ver un lugar muy grande con paredes blancas, de dos pisos y empiezo a pasar por los cuartos, parecía como una clínica que tenía máquinas especializadas para dar atención inmediata y de calidad. Veo un niño que estaba en una cama acostado y a su lado estaba su madre, tenía síndrome de down y justo cuando me miro, esos ojos me llenaron el corazón, seguí caminando por ese pasillo y vi niños correr hacia mí.
Mi corazón desbordaba de tanta felicidad en ese lugar, era mío, mi sueño, pero a su vez no me pertenecía, era un sueño que involucraba a muchos más, realmente en ese momento entendía que nada se trataba de mí, sino de alguien más. Así que seguí caminando y veía adolescentes reír, jóvenes que venían de vivir en la calle y pasaban a ser restaurados y trabajadores del cultivo, otros la madera, las mujeres diseñaban vestidos y la vestimenta de todos los que estaban viviendo en la fundación.
Mientras recuerdo todo este sueño, me detengo porque las lágrimas empezaban a caer y la vista la tenía algo nublada y borrosa no podía ver bien, mi corazón se estremecía por completo, era hermoso poder verlo, no sabía cómo sucedería o que acontecería hoy con la entrega de los almuerzos, pero veía la fundación, ese sueño que ayudaría muchos y eso me llenaba, me daba ánimo, y valentía para luchar hasta lograrlo, había entendido que el sueño no era solo mío, también era de Dios, es un sueño de ambos.
Arlet me ve llorando y me abraza, ella no entendía lo que estaba sucediendo y tampoco podía lograr articular ninguna palabra para explicarle lo que estaba aconteciendo, lo que estaba viendo en mi mente, recordar mi sueño me hizo apresurarme a ir al baño y alistarme para los almuerzos, fue como esa gasolina que impulsa el vehículo, fue mi motor de arranque.
Cuando ya estaba lista me voy a la cocina y Arlet ya tenía mucho adelantado, ella y Franz se habían levantado temprano, así que me dispuse a ayudarla en lo que podía, porque no sabía cocinar mucho, esas habilidades no las poseo pero si le hablaba acerca de lo que había soñado y ella junto a Franz estaban tan emocionados como yo, sus rostros reflejaban una alegría distinta, parecía algo extraño pero estábamos felices de dar a otros, para nosotros es un privilegio regalar sonrisas, regalar esperanza, y no para que nos vean o agradezcan, si no para que todos sepan que hay un Dios que cuida y vela por cada una de esas personas.
Me comencé a disfrutar el proceso por más difícil que parecía era hermoso tan solo imaginar lo que sucedería en el hospital. Estábamos muy expectantes porque no era tan fácil preparar todo para antes de las doce del mediodía, mientras Arlet preparaba el arroz con pollo, yo picaba las frutas para la tizana y mi hermano desmoldaba los ponqués, queríamos darle un verdadero almuerzo, algo que les llenara y disfrutaran, una comida deliciosa, y con el trabajo en equipo lo logramos, estuvo listo todo y empezamos a colocar en los envases, tuvimos que llamar un taxi, ya que eran demasiadas cosas que cargar, cargábamos un termo de 30 litros con la tizana, dos cavas donde estaban guardadas los almuerzos y una cava más pequeña donde cargábamos los ponqués. Andamos algo pesados pero el privilegio era mucho, y nos los estábamos disfrutando al máximo.
Isabelle nos estaba esperando en el hospital, así que llegamos con nuestros almuerzos, las personas nos miraban con caras extrañadas, preguntándose quiénes éramos, Arlet comenzó hablar y a decirle que éramos una fundación que estaba en proceso de registrar.
- Nos llamamos Gracia, Poder y Gloria. Son almuerzos hechos con amor de parte de Dios para ustedes. Les dijo Arlet emocionada, pues querían que todos comieran y disfrutaran del rico almuerzo.
Admito que el hablar en público no es lo mío, normalmente pienso en secreto, ese fue un nombre momentáneo, no se había planificado nada, no sé cómo se le ocurrió decirlo si aún no habíamos comenzado nada, pero no podía corregirle, pues la gente se nos acerca a preguntar, querían saber más de nosotros, no es común ver unos jóvenes con cavas regalando comida, pero todos estaban riendo, así que solo nos disfrutamos el momento, en ese instante Ixamar una amiga que trabaja allí en el hospital como enfermera, salió de trabajar adentro y nos pudo ayudar a entrar con unos almuerzos a salas con mayores riesgos, puesto que no queríamos dejar de regalar sonrisas a nadie, dar a todos los que pudiéramos.
Gracias a ella pudimos pasar regalar y orar por las personas, anotar sus nombres y llevarnos sus números telefónicos. Es realmente hermoso ayudar a quienes más lo necesitan, muchas veces están solos, sin esperanzas, tirados al abandono y poder compartir un minuto de nuestro tiempo con ellos que nunca olvidaran y que sepan que Dios sigue presente, es sencillamente algo gratificante.
En el hospital aprendí acerca de algo y es que no siempre todo se debe tratar de nosotros, si tan solo pensamos en alguien más, la vida nos puede cambiar en cuestiones de segundos, podía ver en ese momento gente tan mal que entendía que debía dar gracias por lo que tenía, y por lo que no tenía, habían personas en situaciones más difíciles que las que yo podía estar atravesando. Cuando terminamos de repartir todo y salimos de la sala de mayores riesgos les dije a todos:
- Gracias a todos por venir, gracias por hacer de mi cumpleaños un día totalmente diferente. Les dije con una sonrisa y un corazón agradecido por lo que había vivido.
- ¿Qué aprendiste Linda?— dijo Isabelle con tono sarcástico.
-
Bueno que la vida no debe girar solo hacia nosotros, me sorprendió ver esa mujer de edad avanzada pensando que no tenía que comer y no podía moverse por tener a su hija mal con dolores de parto, y ver la sonrisa que coloco cuando nos vio y dijo que Dios respondió su oración, es sencillamente hermoso.
- ¿Ah sí? eso ya lo sabía, la vida no solo gira a mi alrededor. Contesto Isabelle con un tono de vos prepotente.
- ¡Qué bueno que lo sepas princesita! Le conteste seria, ya me estaba haciendo molestar con todo lo que decía.
- ¿Qué? ¿eso lo dices por mi ropa rosa y lo bien que me veo combinada? Contesto ella con ínfulas de superioridad.
- Ay ya Isabelle, no dañes el momento. Dijo Arlet seria, el momento se estaba tornando incómodo y con mucha tensión.
Siempre Isabel estaba en contradicción a lo que yo decía, era lo mismo siempre, no era extraño lo que estaba sucediendo ella y yo siempre hemos sido como el agua y el aceite, siento que la sangre me hierve por dentro, quisiera decirle que si hiciera algo por los demás no estaría así, pero preferí hacer silencio, sabía que si continuaba hablando el día podía terminar muy mal, y yo solo quería disfrutar.
- Vamos a vendarte los ojos desde este momento. Me dijo Arlet muy emocionada.
En ese momento decidieron ponerme las vendas, recordé que tenía un trauma con las sorpresas desde que tenía 6 años y mis padres me vendaron los ojos, me llevaron a la casa de mi abuela paterna, llegaron unos mariachis a cantar música que no era de mi agrado, así que realmente la idea de taparme los ojos y saber que algo sucedería no me cuadraba por completo. Pero justo en ese momento Dios estaba sanando. Así que decidí ceder y hacer lo que me pedían para ser sorprendida.
En ese momento me tomaron unas manos gruesas me llevaron a un carro, me bajaron dulcemente la cabeza y me senté, el carro arrancó, mi cabeza solo daba vueltas, no sabía a donde me estaban metiendo, el lugar parece muy inclinado, escuchaba los pájaros cantar y personas aplaudiendo, empezaba a respirar un aire puro, la brisa comenzó alborotar mi cabello y empecé a sentirme muy feliz, no sabía lo que sucedería pero me hacían feliz, solo al escuchar aplausos que llenaban mi corazón, el carro se detuvo y hubo un silencio prolongado mientras me quitaban las vendas.
Cuando las vendas caen, escucho muchas voces que cantan, pero una sobre salía entre ellas
- Ay que tarde tan preciosa
Esta tarde de tu día
Muestran todos su alegría
De esta edad primaveral
Tus más íntimos amigos
Esta tarde te acompañan
Te saludan y desean
Un mundo de felicidad
Yo, por mi parte, deseo
Lleno de luz este día
Todos llenos de alegría
En esta fecha natal
Y que este sol radiante
Brinde su luz para ti
Y ruego a Dios porque pases
Un cumpleaños feliz
Esta vez no habían contratado mariachis, era un hombre de lindo parecer, ojos color café, tenía una mirada que penetraba todo mi ser, era como si en ese instante tuviéramos amor a primera vista, su tono de voz me enamoraba y cautivaba todo mi ser. Dios en serio había decidido sanar el trauma que tenía con las sorpresas, así que este lindo hombre se acercó hasta donde yo estaba y me dijo:
- Hola me llamo Robert Almeida para servirte Linda.
- Hola, ya veo que me conoces, un placer conocerte.
- Por supuesto, te conozco desde que estabas en el colegio, estudiabas con mi hermana menor.
- ¿Si? No recuerdo quien eras.
- Bueno, soy hermano de María Sofía.
- ¡Ah ya recuerdo! Pero en aquel momento eras muy afeminado.
- ¿Afeminado? Contesto Robert bastante disgustado por mi comentario.
- Bueno, pero tiempo pasado, ahora te veo diferente. Le conteste dulcemente, realmente parecía otro, por eso no lo había reconocido.
- Tú también y por cierto estas hermosa. Contesto Robert con una mirada muy picarona.
En ese momento fuimos interrumpidos, otros amigos querían saludarme, entre ellos Arisbeth que estaba muy apenada por no poder ir a repartir los almuerzos conmigo, yo la conocía sabía que si no había podido ir, era porque algo grave había acontecido, y le dije que estuviera tranquila lo importante es que ya todo estaba bien, mis abuelos me abrazaron tan fuerte que respirar me costaba, mi abuela me abrazo y me dijo al oído:
- Ya es hora que le digas que sí, aquel chico que te está mirando con sus ojos brillantes.
- Ay abuela, no sé de qué me hablas.
En ese momento me voltee para ir a saludar a mis primos y dejar a mi abuela, estaba sonrojada y tenía la mirada de Robert sobre mí, no sabía que hacer así que decidí caminar, me dieron ganas de bajar al rio y decidí quitarme los zapatos, enrollar mis pantalones e ir a refrescar solo mis pies, no contaba con que Robert venía detrás de mí y me mojaría por completa, en ese momento me moleste tanto, mi cara cambio totalmente, sabía que debía comportarme pero estoy segura que con mi mirada lo estaba matando, en ese momento solo quise que se fuera, no sabía que hacia aquí y porque se había tomado tal atribución, ¿Quién se creía que era él? Él no sabía qué hacer, solo me miraba, y eso me molestaba aún más, parecía una estatua allí parado sin decir nada, solo decidí salirme, en serio daño el momento, tenía muchas ganas de insultarlo, me parecía un completo abusador.
Al salirme, él me estaba esperando para secarme con un paño, fue atento, pero ya la había embarrado por completo, pero me controlaba al no decirle lo que pensaba, así que solo tome el paño y seguí caminando, sin decir nada, ese hecho no compensaba el que estuviera totalmente mojada, al rato me volvió a alcanzar y me regalo un chocolate con una flor y se quedó ahí sin mencionar ninguna palabra, ese momento quise tirarle el chocolate y la flor y me decía “si el realmente creía que con esto iba a comprar el que yo le volviera hablar, está muy equivocado, ya lo había perdonado, pero no quería volver a saber nada de él.