¿Un chico guapo, o un acosador?

3168 Palabras
Sabía que no podía tener rencor hacia él, eso no estaba bien visto por Dios, pero realmente me molestaba su atrevimiento y lo peor es que ni siquiera me pidió disculpas, solamente me miraba, no hacía más nada, pero era muy extraño en mi cara se me notaba lo molesta que estaba, y aun así no se iba, me hacía preguntarme ¿por qué se quedaba mirando cada mala cara? ¿Por qué no se iba? Tenía muchas interrogantes pero debo admitir que sentirlo cerca y se aguantara todas las caras y el hecho que no le dijera nada por los regalos y que a cambio solo recibiera una mirada arrolladora, hizo que me pareciera más lindo de lo que a primera vista lo puede ver. - Hola Linda, ven vamos a bañarnos, ya igual te hicieron el favor de mojarte, hay que disfrutar el ser joven porque luego hay que tener anécdotas que contar a los nietos. Me dijo Arlet riendo, mientras se metía al rio. - Espero que esos nietos también sean los míos. Dijo sonriendo Robert entre risas, y aplaudiendo. - Bueno vamos Arlet. Le conteste, ignorando por completo el comentario fuera de lugar de Robert. - ¡Ya va! ¿Y lo que yo dije a eso no responderás? Dijo Robert molesto por no haberle contestado. En se momento lo volví a ignorar, realmente me fue fastidioso, si era lindo pero estaba siendo muy intenso y me estaba sintiendo asfixiada, solo quería disfrutar de mi cumpleaños, de mi día, así que me olvide de él por completo. Al meterme al rio simplemente fue extraordinario, allí estaban mis primos y amigos jugando, conversando, disfrutando de la buena música, me sentía muy a gusto con todos ellos, se habían esmerado en hacer de mi día algo realmente especial, aunque nadie llenaba el vacío de mi mamá y mi papá y a pesar de que les extrañaba mucho, no dejaba de disfrutar el día, y entendí que aunque habían fronteras que nos separaran, los seguía llevando en el corazón, el tiempo que pase allí adentro del rio rodeada de todos los que estaban ahí, fueron solo unos minutos porque me llamaron que debía salir para comer unos aperitivos, pero fueron unos de los mejores minutos de todo mi día, sentir el agua fresca corriendo por todo mi cuerpo, como las corrientes relajaban cada musculo de mi ser, como la brisa me pegaba en la cara y hacia volar mi cabello, cada roca que pisaba era un masaje a mi pies, realmente fue un momento relajante, donde mis baterías fueron recargadas por completo para seguir y continuar. Cuando salgo del rio, mi abuelo me estaba esperando sentado en un caney con un plato enorme de carne y pollo asado, ensalada, tostones y salsa de aguate, pensé que solo era un aperitivo, pero realmente era un almuerzo completo, en ese momento le di las gracias y lo abrace muy fuerte, ese era su regalo de cumpleaños para mí, porque sabe lo mucho que me encanta. Así que me dispuse a comer mientras conversaba con mis abuelos y les contaba cómo nos había ido en el hospital, cuando ya estaba terminando de comer, entra una llamada y cuando veo es una video llamada de mi mamá, estaba muy emocionada, le contesto y me dice: - Hija, ¿qué estás haciendo? ¿cómo va tu gran día? Me pregunto ella, siempre atenta y pendiente de mí. - Mamá, gracias a Dios todo ha ido muy bien, hoy nos fue de maravillas, tengo muchas cosas que contarte, y estoy comiendo una parrilla que me regalo mi abuelo, pero ya casi termino. Le conteste emocionada hoy realmente había sido un gran día. - Hija me alegra escuchar todo eso, me hace feliz escucharte disfrutar, ver esa sonrisa y notar como tus ojos brillan de una manera muy diferente, hoy solo pedía a Dios que la pasaras muy bien. Me dijo ella, emocionada, ella estaba feliz porque yo estaba feliz, es hermoso ver a mi mamá de esa manera. - Y Dios lo hizo, realmente Dios se encargó de este día, y fue tanto lo que hizo hoy, que hasta sano un trauma de mi infancia. Mamá hoy en serio ha sido un día genial, solo faltan ustedes para que todo sea perfecto. Le conteste yo inclinando un poco mi rostro. - Hija, no te pongas triste, seguimos unidos, seguimos juntas, la fiesta aún no termina, es tiempo de seguir celebrando tu cumpleaños, y lo voy a celebrar contigo atreves de esta pequeña pantallita. Contesto ella alegre - ¿Cómo así? ¿de qué me hablas? Le contesto algo intrigada pues no sabía que más esperar para el día de hoy, pero fuera lo que fuera estaba feliz por todo lo que ya Dios había hecho. - ¿Ya terminaste de comer? me pregunta ella. - ¿si? ¿Por qué lo preguntas? Le contesto muy intrigada por la pregunta, me parecía extraño, era como si hubiese estado esperando que terminara de comer para hacer algo. En ese instante llega mi papá y mis abuelos salen con una torta de pudin y galletas de dos niveles, decorada con fresas frescas y leche condensada, y en ese instante parecían que todo estaba súper sincronizado porque mis padres me empiezan a cantar el cumpleaños feliz, y todos los que estaban dispersos, amigos y primos se acercan, y entre risas y aplausos de esa manera me cantaron el cumpleaños. En ese momento, eso fue la cereza del pastel, lo que faltaba para que todo fuera perfecto, los tenia allí a todos, los podía a ver a todos, mi familia estaba completa y mis amigos más cercanos estaban allí, todos celebrando mi vida, me sentía amada, sentía que nada faltaba, era como si vida fuera un rompecabezas y tener a mis padres allí que tal vez solo veía por una pequeña pantallita, pero era la pieza faltante para poder volver a ver la imagen de familia perfecta. Cuando terminaron de cantarme el cumpleaños se escuchaban risas, aplausos, yo apague las velas y estaba envuelta en muchos abrazos, mis padres alegra y me dijeron: - Hija mía, hoy cumples 23 años y estoy orgulloso de la mujer en la que te has convertido, una hermana ejemplar, una hija que nos enorgullece cada día, valiente, decidida, determinada, sin miedo a nada, esa eres tú, y aunque crezcas mucho, siempre seguirás siendo mi niña, esa que me hace suspirar, por quien estaríamos dispuestos a dar nuestra vida, nuestra primogénita, ver en lo que te has convertido y lo hermosa que estas, solo nos hace suspirar y decirte en este día tan especial “ te amamos hija, y que sigas pasando un feliz cumpleaños y que Dios te regale muchos años más para poder seguir disfrutando” En ese momento no podía hablar, mis lágrimas caían por mis mejillas, solo quería abrazarlos pero no podía, mientras lloraba mi abuela me abrazaba muy fuerte y solo podía decir: - Gracias mamá, gracias papá, por todo lo que hacen por mi hermano y por mí, estoy feliz de que Dios los haya escogido a ustedes dos como mis padres, son mi regalo más grande, mi tesoro invaluable, estoy orgullosa de ustedes y solo pido a Dios pronto volverles a ver, les amo inmensamente y aunque hoy no están físicamente, un mismo espíritu nos une. - Te amamos hija, y tranquila pronto nos veremos, ya te dejaremos para que disfrutes tu torta, como no me pediste nada de cumpleaños, te quise enviar la torta porque se lo mucho que te gusta, así que disfrútala princesa. Me dijo mi mamá con lágrimas en los ojos - Gracias mamá, un abrazo. Cuídate mucho. Le dije y colgué la llamada. Mi abuela en ese momento me abrazo fuerte, tan fuerte como lo haría mi mamá, mientras mi tía repartía la torta a todos los invitados, en un momento se acercó a mí y me dio un pedazo muy grande de torta, ella sabía lo mucho que encantaba y lo bien que haría, así que me senté a comerme mi torta, y muchos de mis amigos se iban acercando para despedirse, ya se había hecho de noche, y así poco a poco todos se fueron. Yo recogí mis cosas y la torta que quedo, mi abuela ya había limpiado todo, nos montamos en la camioneta de mi abuelo mi hermano y yo, y nos fuimos a su casa, mi abuela quería que durmiéramos allá con ellos, cuando llegamos no bañamos y acostamos yo no cenaría ya estaba bastante llena por todo lo que había comido, así que solo me acosté a conversar un rato con Franz, mis abuelos estaban cansados y ya desde hace rato se encontraban durmiendo. Cuando ya voy a dormir, que Franz se había quedado dormido hablando conmigo, me encuentro pensando acerca de mi cumpleaños, lo hermoso que me hicieron sentir todos los que estaban en aquel lugar, fue un día lleno de sorpresas, cariño, abrazos, detalles inolvidables, muchas sonrisas, realmente fue hermoso lo que Dios me había permitido vivir el día de hoy, cuando de repente llega un mensaje, que decía: - Perdóname, me quedó tatuado tu nombre en mi corazón, ¿me permites mañana disculparme regalándote una torta de chocolate fría? Vi que te gusta mucho. Atentamente Robert No sabía que responderle, era lindo que luego de haberlo tratado tan mal tuviera la amabilidad de escribirme aunque la verdad no sabía cómo había conseguido mi número telefónico, era extraño parecía un acosador, así que preferí obviar a Robert y sentarme a pensar en Hanlex, mi amigo supo cómo llenar de alegría mi corazón, su detalle era tan hermoso que no podía dejar de verlo en mi memoria, aun estando en Amazonas era parte de mí, al igual que mi familia en Colombia se pudieron hacer presente estando a kilómetros que nos separan. Solo podía suspirar viendo el cielo desde la ventana de mi cuarto y decir ¡simplemente gracias!, por primera vez estaba en mi cama con mucha paz y felicidad recordando cada rostro, esas miradas que podían escribir el más lindo poema de todos, no con tinta ni papel sino en mi corazón, estoy feliz, por primera vez mi vida no se trataba de lo que soy, sino de brindar apoyo a quienes más lo necesitaban, y con esas hermosas sonrisas, me quede dormida. Al amanecer despierto y “aún estoy contigo” era lo que resonaba en mi interior, sabía que Dios no se había ido está justo cerca de mí. Un clamor surge de mi interior: - Mas tú, mi Dios, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a ti y tú me respondiste desde tu monte santo. Yo me acosté y dormí por primera vez luego de tanto tormento en total paz, esos pensamientos que me ahogaban ya no están, hoy desperté, porque tú me sustentabas. No temeré a diez millares de gente, Que pusieren sitio contra mí. Pues mi confianza está en Dios, creador de los cielos y la tierra, mi vida cobro sentido gracias a ti. Su dulce amor me envuelve, me llena de alegría y me da la convicción de que está conmigo cada día, salgo de mi habitación con una gran sonrisa, me miro al espejo y tenía tiempo que no me veía tan hermosa, de pronto un versículo resuena en mi interior “el corazón alegre hermosea el rostro”, exacto eso era lo que está pasando, mi corazón está alegre por todo lo bueno que sucedió, siempre me habían aconsejado que dejará todo en manos de Dios pero resultaba en ocasiones tan difícil que me gusta tener el control acerca de todo, pero de pronto algo cambio, quizás es el nuevo año que me ha hecho madurar, entre sonrisas, veo que mi hermano se levanta y le digo: - Hola Franz, buen día, ¿Cómo estás? - Hola Linda, excelente y ¿tú que te traes con esa gran sonrisa? - Nada, solo estoy feliz por lo bueno que es Dios, gracias por tu esfuerzo de darme un cumpleaños inolvidable. - Es tiempo de que me hagas tío por favor, esté año si te casas. - ¡Ay no! Ya vas a empezar tú, mejor acomoda todo para que vayas al colegio. En ese momento mientras él estaba en su habitación alistándose, yo estaba acomodándole su desayuno y el almuerzo porque me tocaba trabajar, justo en ese momento me suena el celular. - Hola Linda, ¿te puedo buscar? De seguro estoy cerca de tu casa y te puedo llevar de inmediato a tu trabajo. - Hola, ¿Quién habla? - Ah, perdón por no decir mi nombre pensé que habías guardado mi número telefónico ayer cuando te escribí. En ese momento le colgué, la verdad ya me estaba asustando, entendía que le había gustado pero estaba siendo muy intenso, a mi parecer se estaba extralimitando, pero Robert no se cesaba de llamar, parecía como si nunca había visto una mujer hermoso, su actitud me estaba enfureciendo, pero preferí no responder ante su insistencia. Solo coloque el teléfono en silencio y preferí ignorarlo, borrar el registro de llamadas y continuar como si nada. Para mi sorpresa cuando estoy hablando con mi jefa en el trabajo, de lo más normal, haciendo las cosas que habitualmente hago lo veo bajar de su auto, no podía creer lo que mis ojos estaban viendo, parecía una locura, como este hombre sabia tanto de mi vida, como me encontró, yo no le había dado ninguna información, parecía un acosador, debo admitir que comencé a cambiar de color. - ¿Le pasa algo? Me pregunto mi jefa. - No, no tranquila sígame contando. Mientras la estoy escuchando no le quito la vista a Robert, ¿ahora con qué me va a salir? Es lo que pienso mientras agito mi pies izquierdo con ansia de que se diera prisa mi jefa de acabar para decirle muchas cosas a Robert, viene más cerca y luce con un traje color azul con una camisa blanca y una corbata blanca, admito decirlo está hermoso y loco también, parecía faltarle un tornillo, pero no dejaba de parecerme atractivo con ese hermoso traje. - Tan bello que es el profesor que viene llegando Linda y resulta que tiene una forma muy diferente de hablar que los demás profesores, no se le conoce novia, ni esposa, de seguro es un gay en el closet. Me dijo mi jefa muy segura de lo que decía. - ¿De quién me habla profe? Le conteste algo confundida, pues no tenía ni la más mínima idea de saber de quién me hablaba. - Robert Almeida, el profesor de psicología de los estudiantes. Me contesto mi jefa - ¿Es nuevo por aquí? Le pregunte intrigada, sentía que me seguía a todas partes. - No profe, realmente tiene mucho más tiempo que usted por aquí. Me contesto, extrañada pues al parecer la nueva era yo, pero para mí era un extraño desconocido. - Nunca lo había visto, luce diferente al resto de los profesores, pero está muy guapo. Le conteste con una sonrisa muy picarona. Entre risas mi jefa me pidió que la acompañara a la oficina para asignarme una nueva tarea, mientras la acompañó nos encontramos a muchos jóvenes murmurando acerca del profe Robert, la verdad en ese momento solo quise alejarlo de mí y no saber absolutamente nada acerca de él. Las criticas estaban bastante fuertes, se escuchaban fuertes discusiones y decían que Joseph comenzó a pelear, no entendía el motivo de la pelea, estuvo muy fuerte Joseph tenía el ojo morado y Joshua tenía la boca partida estaba sangrando demasiado, entraron porque yo estaba en la oficina con la rectora de la universidad, ninguno quería hablar lo que había sucedido, buscaron rápidamente a la doctora para que lo asistiera a ambos, en ese momento entra Robert, parecía estar en todos lados, no había lugar a donde yo mirará o que yo estuviera, que no estuviera él de repente siento que tengo un GPS puesto por él para ubicarme en donde estoy. - Buen día rectora, buen día profesora Linda, permiso. Dijo él muy educadamente al entrar. - Hola profesor, adelante, una vez más su sobrino por aquí ya le había mencionado que una falta más y sería expulsado. Le contesto la rectora muy seria y disgustada por todo lo que estaba sucediendo. Yo todavía no quería hablar pero en ese momento, la doctora pide a la rectora sacar a los jóvenes para ser atendido mejor porque Joseph comenzó a sudar frio y Joshua sangraba en exceso, la rectora estaba preocupada, no quería que ocurriera una tragedia allí en la universidad ni con esos muchachos. - Yo puedo ir. Dijo Robert amablemente el siempre tan colaborador - No profesor espéreme acá, vuelvo en un segundo. Le contesto la rectora. En ese momento yo no hablaba permanecía en total silencio, no sabía que decir, él se dio cuenta de mi incomodidad y no hablo, yo me levanto y me dirijo a mi salón de clases, luego de estar en un examen soy interrumpida por Joseph. - Profesora buen día, ¿me permite el acceso? Me dijo Joseph medio pálido aun - Adelante, pero ven un momento para conversar contigo. Le conteste hablándole suavemente. - Dígame profesora. Me contesto él un poco asustado. - ¿Por qué peleaste? Le pregunte seria, quería la sinceridad. - Porque siempre es lo mismo, Joshua siempre se burla de mi tío. Me contesto él molesto, se veía cansado de la misma situación todo el tiempo. - ¿Tu tío? Le pregunte, sin entender mucho porque un alumno se burlaba de un profesor de la universidad. - Si mi tío es el profesor Robert. Me contesto él. Parecía que todo me pone en el camino a Robert, escuche detenidamente a Joseph y conocí que había peleado para que respetarán a su tío que no es ningún homosexual. En ese momento mi corazón se estremeció quería hacer algo con lo que pudiera ayudar a Robert para que las personas dejaran de burlarse de él, porque incluso con su familia también era lo mismo. Mientras mis estudiantes presentaban la evaluación yo pensaba acerca de hacer algo para cambiar la vida de Robert, así que fue cuando dije: “Dios ayúdame y permíteme ayudarle”. En ese momento sabía lo que debía hacer y era llamarlo. - Buenas tardes, si dígame ¿paso algo con Joseph? Me contesto él, algo asustado pues no se esperaba mi llamada en lo absoluto. - No todo bien, ya presento su evaluación, solo lamento haberme portado tan grosera contigo, ¿puedo todavía aceptar tu propuesta? Le conteste con una vos apacible, quería que viera que si estaba interesada en él. - Déjame pensarlo. Contesto el entre risas. - Claro, la propuesta sigue en pie, mi invitación a comer torta fría está disponible para cuando usted diga. Me dijo el muy risueño.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR