Capítulo 3 - Mi pelinegra debe saberlo

1425 Palabras
El llanto de Andrea por comida nos despertó. En dos meses cumplen su primer año, una semana antes de nuestra boda por la iglesia. Hace un par de semanas dejaron el seno y menos mal, ya era hora que ese par de melones regresaran a su dueño, giré a mi Pelinegra, le mordí la teta. —No hagas eso, amor. —dijo entre dormida—. Te toca darle tetero a la niña. —Nos turnábamos, un día ella, un día yo. —¿Y después que me das a mí? Su mano se dirigió a mi v***a y la masajeó, esta es la ventaja de estar casado. —Si logras que se duerma rápido y que Milena no se despierte… acá lo sabrás. —devoré esa boca. —Te amo. —dije. —Yo también. Volvió a acurrucarse, salí de la cama, me puse una sudadera, estaba bien templado, pero el escándalo que tenía Andrea amenaza con quedarse sin cuerdas vocales. Me dirigí a su cuarto. Al llegar a su cuna su carita llena de lágrimas me estrujó el alma, la cargué, solo era suspiros, mis hijas son idénticas, pero en personalidades son tan diferentes. Le di un beso en la frente, hizo un mimo y caí a sus pies, no era tan bueno tener tantas mujeres, porque te ahuevan. Le preparé el tetero, ya no llora tan duro, mi mocosa sabía qué papi estaba aquí. Mientras Milena duerme toda la noche, Andrea se despierta a mitad a comer, mientras le daba el tetero y ella sostenía con sus manos su biberón, fui a mi cuarto en busca de mi portátil, regresé al cuarto de las niñas, me senté en la mecedora y bajo la mirada de mi hija me puse a trabajar. Verificaba los adelantos de los muchachos, hace una semana comenzamos el operativo doble jaque, Aníbal regresó a Colombia al igual que Daniel, desde allá se podrán conectar, ya habilité dos líneas seguras —sonreí y mi hija hizo lo mismo. —¿Te ríes de tu papá, mocosa? Volvió a sonreír con su tetero en la boca. Le di un beso en la frente. Continué mirando y me puse a detallar la foto de Nikolay Petrov, Arnold se parece a él. Me gustaría pasar una semana con Lobo antes de mandarlo a esa carnicería, ya que no puedo traerlo a Blanco. Sin lugar a dudas debo confesarle la verdad a Luisa, cuando comience a desaparecer por horas mientras trabajo, los viajes, luego piensa que tengo otra. No, me casé con alguien que conoce mi pasado, dentro de poco juraré ante Dios permanecer a su lado, no puedo ocultarle esto. Era una agente, sabe guardar secretos, hablaré con ella. Andrea se estaba durmiendo, le saqué los gases y mientras la mecía, su suave rostro entre mi cuello me hizo comprender que por mis tres mujeres me hago matar. Entendí a la perfección lo que dice Roland, «no se metan en mi santuario». Acosté a mi mocosa glotona, cerré la puerta, el monitor para escucharlas está en nuestro cuarto, apenas entré de nuevo a nuestro cuarto, me quité toda la ropa. Al meterme debajo de las cobijas mi mujer tampoco tenía ropa, mi pene se puso más duro, Luisa tiene la particularidad de templármelo muy rápido, le acaricié la espalda, comencé a esparcirle besos, sus leves gemidos era una invitación a seguir avanzando. Hoy tengo ganas de lamer un delicioso culo, al llegar a mi cometido el jadeo de excitación era tal que ya estaba húmeda. Nunca me dice que no, jamás mi mujer me ha sacado una excusa para no penetrarla. Las veces que me he quedado con la v***a parada ha sido por mis mocosas. Tenía mi cara metida entre sus nalgas, mientras mis manos les masajeaban los senos. —¿Me detengo? —Solo si quieres dormir en el despacho. —Esa es mi chica. Me deleité, saboreé el culo de mi mujer, introduje mi lengua en ese estrecho orificio, luego siguió el dedo mientras devoraba su v****a, sonreí cuando alcanzó su orgasmo, le di la vuelta y la miré, sus ojos brillaban por la excitación, mi dedo seguía en ese estrecho lugar, desde hace poco era que tenemos sexo anal, no quiero abusar, pero se vuelve loca con el dedo en su culo. —Por favor Simón. —¿Qué quieres Pelinegra? —Sabes que quiero. —La besé, me puse sobre ella y la penetré hasta el fondo. —Estos, si son buenos días. Le dije en el oído, nos perdimos en la sensación de satisfacernos mutuamente, me apoyé con los brazos para penetrarla más duro y mirarla, sus tetas son bellísimas. Ya no podía aguantar más, aceleré… Caí sobre mi mujer a esperar que los espasmos cesaran. Acarició mi cabello, me abrazaba, con mimos esperó pacientemente a que saliera de ella. Me puse a un lado, le pedí que se acostara sobre mi pecho. —¿Quieres decirme algo? —Me gusta que me entiendas. Si Luisa y necesito a la agente Sandoval. —Sabes que renuncié. —Lo sé, por nuestras hijas. Necesitamos hablar con Any, voy a vigilar a Tommy y estamos bajo la mira de las mafias de Italia, Rusia, Japón, Corea del Sur y Turquía. —Luisa se sentó, encendió la luz, mirándome fijamente. —Por eso has estado esta semana pensativo. ¿Ahora se sumaron dos mafias más a las tres que descubrimos en Brasil? —Comenzamos un operativo y no me pidas que quieras estar dentro, solo te informo lo más básico, vamos a meter un hombre de confianza en esas organizaciones para tenerlos vigilados, no sabemos su interés en nosotros, pero están interesados en saber cómo fue que desapareció el cartel de Colombia. —¿Qué tiene que ver Tommy en esto? —Eso pregúntaselo a tu hermano. —Simón, ustedes están saliendo de ese mundo. —Lo sé Pelinegra, todos lo sabemos, no vamos a entrar de nuevo, solo nos estamos curando en salud, ellos están interesados en nosotros, debe ser por algo. No les debemos nada, jamás quedamos mal en alguna entrega de cargamento. En nuestro pasado quedó todo saldado con ellos. —Entonces los necesitan para otra cosa. —Eso dice Roland, o nos quieren joder o necesitan nuestra ayuda. —Por muy mala que sea la mafia, hay un patrón que es casi una ley y es la palabra. Any sueña con lograr desmantelar las mafias del mundo y lograr que todos hagan lo que hizo mi hermano. —Buen deseo por su parte. El caso es que nos quedan tres semanas, debemos tener todo listo, es importante preparar a los chicos. —Y necesitan a Any, ¿para? —Que nos dé soporte con Rusia, además Roland quiere mantenerla al tanto de lo que haremos. Todo será investigativo, saber por qué nos quieren. En tres semanas debo viajar por una semana mínimo, no pueden saber que tu hermano está con vida. —¿Me quieres o me necesitas a mí en que parte? —Solo de enlace con Any. —Con una condición. Me tendrás al tanto, desde el operativo me di cuenta el gran don que tienes y si ahora se suma la cabeza, harán un buen trabajo. —Gracias, Pelinegra. —¿Cuándo quieres que hable con Any? —Me quedan tres semanas para entregar el informe completo a Roland. —Bien. El resto seguirá igual, ¿cierto? —Exactamente. —Se acostó de nuevo sobre mi pecho. —Gracias por contarme Simón. —Lo que pasa es que no quiero que una bella cabecita portadora del cabello más bello, piense tonterías. —Gracias por llegar a mi vida. —No amor. —La apreté contra mi pecho—. Tú fuiste quien me salvó, siempre le agradezco a Dios el que llegaras a mi vida. Duerme un rato, yo dentro de poco debo comenzar a trabajar y cumplir mi horario con los cuatrillizos. —Menos mal a Vero le falta esta semana, mi hermano parece una calavera. —Si nosotros nos volvimos locos en su momento con dos. Ellos tienen cuatro y en las noches los lidia solo Roland. —Jamás me imaginé ver a mi hermano tan entregado con sus hijos, me alegra que él viva lo bello que es crear una familia. —Parece que Dios, después de todo nos bendijo, nos entregó a nosotros unos ángeles y sus angelinos, para que los cuidáramos, y te confieso que el cuidado es mutuo. Te amo Pelinegra. —Yo también te amo.
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