En Pensilvania, Santiago no podía evitar el desasosiego en su pecho, no entendía la excesiva felicidad de Evelyn con los arreglos de la boda, si ya dejó muy en claro que no tenía disposición para participar en ninguna gran fiesta, por su parte solo serían sus padres y él. Porque para colocarle la cereza al pastel, Evelyn no quería a ninguno de sus amigos en la boda y tuvo que cambiar el padrino porque armó un berrinche enorme cuando supo a quien había seleccionado, aunque lo invadía un presentimiento sobre el motivo de su rechazo, debía decir que tampoco se sentía muy afectado porque su pasado realmente no le interesaba. Llegó el día de la cena de ensayo y él no tenía idea del porqué había que ensayar ese dichoso acto si se trataba de responder las preguntas del juez, luego firmar un pap

