Capítulo 2: El Amigo

1927 Palabras
La clase de ciencias es una completa pérdida de tiempo, aunque no lo diga en voz alta para que mi papá Cameron no se entristezca. Amo su trabajo, es interesante, pero no es lo mío. Ni escribir, por lo que el camino de mi papá Luke tampoco me llama la atención. Prefiero la música; desde que mi tío Martin me regaló mi guitarra a mis 12 años, amo lo relacionado con la música. Por eso tomo clases extracurriculares de guitarra con el maestro Murray, aunque soy su único estudiante de guitarra, de resto tiene estudiantes de otros instrumentos y de canto. El maestro Barnes, de ciencias, es un hombre de expresión ceñuda, que, si bien es lindo, es muy serio. De ojos marrones, cabello oscuro, cinco centímetros más alto que Tyson, así es el señor Barnes que siempre entra con su bata de laboratorio impecable. Cuando llega, saluda con una simple palabra, escribe en el tablero su nombre y la materia que dará. —Por si hay algún estudiante nuevo, mi nombre es Joshua Barnes, maestro de ciencias y química. En este último año haremos repasos sobre lo que han visto en los grados anteriores. Haremos muchos experimentos, como disecciones y reportes de laboratorio… —cuenta con su voz monótona y seria—. Además, no cambiarán de compañero de laboratorio, ya me los aprendí del año pasado y no quiero aprendérmelos de nuevo. ¿Repetir? Miré a Tyson decepcionado. Él tendría que hacerse con Alexa Davis, una chica rara, hija del antes némesis de papá Luke, Finn Davis. Se viste de modos extraños, con gorros de lana y ropa de jean que no le favorece. Siempre hablando de alienígenas y teorías conspirativas. Mientras que conmigo está Ben Collins, hijo del detective que me rescató hace nueve años, Logan Collins. De cabello castaño oscuro y ojos azules penetrantes. Siempre usando sudaderas y camisetas básicas. Ben es un chico muy tímido, hablando la mayoría del tiempo con una voz suave y asustadiza, muy diferente al valiente de su padre. —Hola de nuevo, compañero —saluda con una sonrisa tímida y agarrándose las mangas de su bata. —Hola, Ben, bienvenido de vuelta. —Le sonrío mientras este se sienta a mi lado correspondiendo mi sonrisa. El maestro Barnes explica que hoy no se haría algún experimento puesto que es solo de presentación y de la explicación de los temas que se darán en el curso. Nombra cada uno de los temas a ver, así como los experimentos y qué animales diseccionaremos. Agradezco que tengo a Ben como compañero, es él quien abre a los animales, yo tiemblo mucho para hacerlo. —Me alegro de tenerte, tienes mejor mano para abrir animales —le murmuro a Ben. —Eso suena como si fuera un carnicero —murmura de vuelta. —No lo es… Solo que no tiemblas tanto como yo. —Sí, pero es que ya está muerto, no sé por qué le tienes miedo. —Bueno, es que no me gusta ver animales muertos. —Señor Carter, señor Collins, ¿algo que quieran agregar a la clase? —impone el maestro Barnes frente a nuestra estación en el laboratorio. —Eh, no, maestro… —respondo avergonzado, bajando la mirada. El maestro da una última mirada y camina hacia su escritorio para dar por terminada la clase. Todos salen presurosos del salón, como una manada de caballos. Yo me quedo de último, siempre como medida contra un posible ataque de ansiedad por la aglomeración. Tyson espera también, para acompañarme a la cafetería. Aunque no quiera aceptarlo, Tyson es sobreprotector conmigo (al igual que papá Luke). Desde mi secuestro, los dos se han convertido en mi sombra, uno en casa, el otro en la escuela, y eso no ha cambiado. Además, que Tyson se haya ido de Nueva York solo para vivir cerca de mí no tiene precio, es el mejor amigo que cualquiera pudiera pedir. También, es Tyson quien ha soportado varios de mis ataques de pánico y aprendió cómo ayudar a calmarlos por su mamá desde que tiene 7 años. —¿Nos vamos? —pregunta Tyson a mi lado. —Sí, vamos. —Tomo mi mochila y salimos rumbo a la cafetería. —Richie se nos adelantó, para tomar un lugar en la cafetería. Sabes que, en este primer día, todos van a estar ahí —cuenta Tyson. —Bien pensado —murmuro. Entramos a la abarrotada cafetería donde todos los estudiantes estaban reunidos. Tomamos unas charolas e hicimos la fila para elegir nuestra comida y pagar. Richie llama nuestra atención levantando su mano para ir hacia él. Había alguien más con nosotros, Alexa Davis. Nunca me voy a acostumbrar a lo raro de esa chica. —Siento que hay más personas este año que en los anteriores —comenta Richie cuando empezamos a comer. —Esta escuela se está quedando chiquita —digo mirando a mi alrededor. —Más apretujados, mejor —insinúa Tyson. —Siempre pensando en tus asquerosidades —le espeto. —Yo no dije nada —argumenta inocente. —Ajá, claro —murmuro tomando la caja con leche para beber un sorbo. —No deberías tomar eso —comenta Alexa viendo fijamente la caja. —¿Por qué? —cuestiono curioso. —Leí en internet que el gobierno produce leche de vacas enfermas para enfermarnos a nosotros y que la industria farmacéutica gane millones —cuenta seria mirándonos a todos con sus ojos bien abiertos. —Entonces, que viva la industria farmacéutica —soltó Tyson en broma bebiendo de su caja con leche. Todos nos reímos en la mesa por lo peculiar de Tyson y sus bromas, hasta Alexa soltó una risita que trató de esconder después. La siguiente clase que nos tocaba es contabilidad. Han implementado más materias que nos entrenen para nuestro futuro profesional. Contabilidad es una de ellas. La maestra Lodge es la encargada de impartir la materia desde el décimo grado. Es una señora muy estricta, igual que la maestra Foley, de matemáticas. La semana empieza con los maestros más estrictos, serios y gruñones de la escuela. Odio los lunes… El aula de contabilidad es el mismo que informática, puesto que en los computadores están los programas que necesitamos para aprender sobre la materia. Tyson y Richie se hacen a mi lado, yo comparto computador con Tyson y Richie comparte con Alexa. —Buenos días, buenos días —saluda la maestra Lodge entrando presurosa—. Quiero que hagan silencio y me escuchen atentos —dice—. Yo seré su maestra de Contabilidad de nuevo, para los que no me conocen soy la maestra Beatrix Lodge, asesora contable de varias empresas de la ciudad, así como de Washington. Sin mediar más palabras empezó a escribir en la pizarra los temas que veremos. Explicó brevemente cada uno y luego se despidió presurosa de nuevo. Salimos algo confundidos por lo rápido que pasó la clase, aunque sabríamos que no volvería a ser así. —¿Quieres quedarte en mi casa? Una pijamada, como en los viejos tiempos —le pregunto a Tyson. —Sí, por qué no, deja llamo a mi mamá y le aviso —me responde para marcar en su celular y salir de la sala de informática. —¿Y tú, Richie? —le pregunto a nuestro inteligente amigo. —Yo paso, mi abuela me necesita hoy —se disculpa. Tyson nos espera en la entrada escribiendo en su celular. Cuando sintió nuestras presencias levantó la mirada y me sonrió, para decirme que su mamá había aceptado. Los dos acompañamos a Richie a su casa y caminamos hasta la mía donde papá Luke estaba persiguiendo a Toby. —Hola, señor Carter —saludó Tyson. —¿Tyson? Ah, hola —respondió mi papá algo desconcertado. —Papá, invité a Tyson a una pijamada —le informo. —¿Un lunes? —pregunta. —Sí, no hay día perfecto para una pijamada con mi mejor amigo —le respondo restándole importancia. —Okey… —contesta confundido—. Tyler, podrías decirle a tu perro que no entre al estudio. Orinó dentro —menciona desesperado. —De acuerdo, pero es desobediente, no me hará mucho caso —le informo buscando a Toby. Tyson tomó mi mochila y la llevó a mi habitación, mientras yo tomaba a Toby y lo regañaba. Él solo ladeó su cabeza curioso y empezó a ladrarme feliz por verme. Lo sabía, no haría caso. Lo dejé juguetear solo en el jardín y subí a mi habitación donde Tyson estaba acostado en mi cama jugando en su celular. —¿Cómo es posible que no tengas que usar lentes si cada rato estás pegado al celular? —espeto. —Milagros de la ciencia —responde levantando la mirada del celular para verme. Me limito a negar con mi cabeza y me cambio mi buzo por una camiseta básica más cómoda. Prendo mi televisor y mi consola de videojuegos para retar a Tyson a una pelea en Mortal Kombat y animar la pijamada que empezaría pronto. Él deja su celular rápidamente y toma el otro mando para iniciar la pelea. Así pasamos la tarde, jugando videojuegos y atragantándonos de comida chatarra que robábamos de la cocina. Papá Luke apareció entrada la noche para avisarnos que Cameron tuve que viajar a Washington y atender unos asuntos del laboratorio, por lo que vendría mañana temprano. Me sugirió que llamara a papá Cameron para contarle sobre mi primer día. Lo cual hice en un momento en el que Tyson fue al baño. Aproveché para pedir una pizza, ya que tenía antojo de una de queso y pepperoni. Tyson salió ya con su pijama que consistía en una básica blanca y un pantalón de pijama azul que le presté. La mía era un buzo algo viejo y un pantalón n***o. A los minutos llegó la pizza que papá Luke se encargó de recibir y subir a mi habitación. Como premio se robó dos rebanadas y bajó a la sala de nuevo. —¿Crees que habrá gente nueva este año? —pregunta Tyson mientras come su rebanada. —Si hoy no vimos a nadie, no lo creo —respondo. —Eso no indica nada, puede que aparezca uno mañana o hasta el jueves. Lo definitivo es esta semana —puntualiza. —Es cierto. ¿Alguna actividad extracurricular en mente? —le pregunto. —Sí, teatro —contesta. —Pero si eres pésimo. —No significa que no lo pueda intentar. —Levanta sus hombros—. ¿Y tú? —Come otro pedazo de pizza. —Guitarra. —Qué raro —comenta sarcástico. —¿Qué crees que elija Richie? —Algo donde esté Juliette, me imagino. Tiene la misma obsesión que tú con Sussy. —Oye, no metas a Sussy en esto. Le empujo suavemente en broma y los dos nos reímos. Terminamos de comer y dejamos la caja de pizza en mi bote de basura. Toby entró a mi habitación para quedarse a dormir en su cama debajo de mi escritorio. Tyson se acomodó en mi cama, dejándome un espacio para mí. Es extraño cómo cuando estoy muy cerca a alguien empiezo a sentirme sofocado, pero con Tyson, Richie, mis papás y mis tíos, no me sucede nunca. Además, llevo durmiendo con Tyson desde que tenía siete años. Con respecto a eso, no ha cambiado mucho… Solo que él se estiró bastante y no cabe en mi cama, y yo ya no soy el pequeño niño que cabía en la orilla… 
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