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Tyler Carter: Una Historia en Problemas

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Descripción

La divertida historia de Luke Carter terminó, ahora es turno de su hijo, Tyler Carter, de vivir su historia en la Georgetown High School. Tendrá que lidiar con su gusto por una de las chicas más populares, Sussy Monroe; con su claustrofobia, producto del secuestro; y con una escuela donde el bullying y las burlas son el pan de cada día. Con 16 años y con ayuda de sus amigos Tyson y Richie, su prima Rose, y sus compañeros Alexa, Juliette, Ben y Sofía; Tyler podrá sobrellevar todo lo que la adolescencia y la secundaria traen, viviendo su momento de rebeldía, experimentando en el sexo y descubriendo su verdadera orientación s****l. ¿Será fácil lidiar con dos personas que gustan de ti?

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Capítulo 1: El Narrador
Narra Tyler   —Apágate, maldita sea —susurré adormilado a la alarma de mi celular que no cesaba. Saqué una mano de por debajo de mis sábanas que cubrían hasta mi cabello, tanteando mi mesa de noche para apagar mi alarma. Logré desactivarla después de hacer caer mi celular y que mi corazón se detuviera unos milisegundos. Tuve que levantarme a regañadientes, estirarme y fregarme los últimos rastros de sueño de mis ojos para poder estar listo rápidamente. Agradezco a mi papá Luke poder usar mis lentes de contacto, porque los lentes normales serían un problema en estas situaciones donde camino a tientas por mi cuarto hasta llegar al baño del pasillo. —Buenos días, Tyler. —Escucho detrás de mí haciéndome saltar del susto. —Papá Cameron, no me asustes así —suelto intentando controlar mi respiración. —No es mi culpa que andes despistado —comenta con una risilla. —Ja, ja. ¿Le aprendiste el sentido del humor a Luke? —le pregunto sarcástico. —Algo debo aprender de él —responde bajando hasta la cocina. Entro al baño para ducharme y estar listo para la escuela. Me detengo en el lavado para cepillarme y me detallo un poco en el espejo. Mi torso, poco marcado y enfermizamente pálido, brillaba gracias a la humedad de la ducha y la luz del baño. Mi cabello, castaño y largo, caía en mi frente y escurría gotas de agua. Tendría que tinturármelo pronto, ya han pasado tres meses desde que lo tuve tinturado de rojo (aunque a Luke no le gustó mucho que lo hiciera).   Detallándome aún en el espejo, puedo notar lo mucho que he crecido. De ser el niño inocente con lentes a ser el adolescente inseguro con el cabello como una paleta de colores. Sonrío para mis adentros con la comparación que me hice y termino de cepillarme para salir del baño, antes de que empezara a respirar entrecortado por el espacio tan cerrado en el que estaba. Me visto con lo primero que encontré presentable para mi primer día de la escuela. Un buzo vinotinto, jeans azules y converses negras, aptas para cualquier ocasión, así como mi gorra de los Mets de Nueva York que me regaló mi tío Noah, quitándome la flojera de peinarme. Me miro por última vez en el espejo y le sonrío a la imagen de tan bello joven que estaba reflejado. Es curioso cómo, siendo tan inseguro, puedo llegar a halagar mi reflejo en el espejo.   Corro con prisa hacia la cocina para desayunar, siendo seguido por Toby, nuestro Husky, encontrándome con la mirada inquisitiva de Luke y Cameron en el comedor. —¿Buenos días? —suelto intimidado. —Primer día y ya vas tarde —comenta papá Luke sorbiendo de su taza de café. —La alarma… Me dediqué tanto en apagarla que se me fue el tiempo —me excuso hábilmente. —Esa no es una excusa muy creíble —dice papá Cameron comiendo de su bol de frutas. —Es la única que tengo —murmuro sentándome frente a mi plato de panqueques con miel que Cameron me preparó. Devoré mi plato en segundos, atragantándome un poco. Luego me cepillé de nuevo y me despedí de mis padres y de Toby para salir de mi casa a la escuela, aunque en el camino deba recoger a Tyson y a Richie. Voy caminando, sin importar que la escuela quede a una hora de recorrido, pero esto ayuda a relajarme un poco y a pensar mejor. Diviso la casa de Tyson, que quedaba a unas cuantas cuadras de la mía, y este ya me estaba esperando en el pórtico mientras revisaba si su cabello estaba bien peinado con la cámara de su celular. —No le des mucha pelea a eso, nunca estará organizado —le suelto sobresaltándolo un poco. —Al menos debo hacer el intento —comenta restándole importancia. Nos saludamos con un abrazo y retomo mi camino hacia la escuela. La casa de Richie quedaba a tres calles de la escuela, así que nos faltaba camino. Richie es un amigo que conocí iniciando la primaria, se empezó a juntar conmigo por el maestro Allen y su ahínco de unir “dos mentes superiores”. Él sigue siendo el mismo nerd, amante a las matemáticas. Diferente a lo que nos volvimos Tyson y yo, poco nerds, aunque tampoco indisciplinados. Me gusta tener buenas notas, así consigo que papá Luke me deje asistir a los partidos de beisbol con Noah. Retomando… Somos inseparables los tres, tanto que, al conocer que Tyson y yo coincidíamos en las dos primeras letras de nuestros nombres, quiso llamarse Tyrone para conformar, lo que en su mente sería, el club de los Ty. Fue una buena idea. Aunque no duró mucho, ya que en octavo grado él mismo desistió después de que su abuela se negara a cambiarle el nombre. Él vive con ella, después de la muerte de sus padres cuando él era un niño, por eso todo lo legal depende de su abuela paterna. Llegamos hasta la entrada de la casa donde Richie, como coincidencia, salía al mismo tiempo que paramos en su entrada. Él caminó presuroso a nosotros y se acomodó los lentes antes de saludarnos con su sonrisa de conejo, como le dice Tyson. —¿Emocionados por nuestro último año? —pregunta. —Algo así, solo quiero que esto termine ya —espeta Tyson con pereza estirando sus brazos por detrás de su cabeza. —¿Y tú, Tyler? —Bueno, lo estoy, solo que el tiempo se me acaba para elegir carrera y aún no decido… —respondo jugando con mis dedos. —No te preocupes, el último año es para elegir definitivamente, además escuché que hacen una feria universitaria, ¿no les emociona? —pregunta saltando. —A ti todo te emociona, Richie —le dice Tyson riéndose. Richie lo empuja de broma y continuamos nuestro recorrido. Ellos siempre se tratan así en juego, se molestan mucho, pero se aprecian, aunque muchos crean que se detestan. La entrada de la Georgetown High School se vislumbra frente a nosotros, una escuela que ha cambiado mucho desde que mis papás estudiaban ahí. Mejores computadores, equipos de laboratorio, una biblioteca actualizada, un nuevo gimnasio, más salones para clases de fomento de la cultura y el arte. Entramos a la escuela, dejamos nuestros libros en los casilleros de cada uno y salimos a las zonas verdes para buscar un árbol libre. No fue tan difícil. Principalmente porque todos estaban dentro de la escuela buscando a sus amigos o charlando con ellos. Yo tenía a mis amigos aquí, con eso me bastaba. El aire de principios de septiembre es caluroso, lo que hacía que estar bajo un buen árbol fuera beneficioso. Sin embargo, el calor no me detenía para usar buzo, porque los salones son fríos por el aire acondicionado. —¿Creen que haya nuevas chicas? —suelta Tyson pensativo. —Es el último curso, ni profesores nuevos tenemos —responde Richie bufando. —Yo no necesito chicas nuevas, Sussy es la única en mi corazón —digo embobado, pensando en la linda Susan Monroe, o Sussy como le dicen de cariño. Sussy Monroe es una chica de cabello n***o largo y sedoso, ojos marrones cautivadores, labios carnosos y un cuerpo espectacularmente delineado por sus años como bailarina y, ahora, como líder de las porristas. Es una chica popular, de una personalidad muy tierna y estudiosa... Aunque existe un problema, es novia de Ray Steele, un patán que pertenece al equipo de los Georgetown Squirrels (del cual no quedé clasificado por ser torpe y delgado) y, además, es un bully, molesta a todo el que se deja. Siempre en compañía de Clay Wright y Zach Morrison, sus mejores amigos. —Hermano, supérala. Es bastante inalcanzable, déjala ir —me espeta Tyson. —Vale soñar, ¿no? —le respondo alzando los hombros. Antes de mediar más palabras, el timbre suena, indicándonos que empezaba la jornada escolar. Debíamos dirigirnos al auditorio principal de la escuela para ser recibidos por la directora Murphy. El lugar se estaba llenando. Sentaban a las personas dependiendo del año que cursaban. A nosotros nos tocó de últimos. Nos sentamos cerca de Sofía Wright, la hermana gemela de Clay, que estaba a mi lado izquierdo, y de Ben Collins, un chico que fue mi compañero de laboratorio cuando no me dejaron escoger a Tyson. Sofía me sonrió y se quitó sus gafas Chanel para verme mejor, puesto que eran oscuras. Ella es una diva de la moda, la familia Wright tiene mucho dinero y ella lo reluce en su ropa y accesorios. Aunque no es para nada petulante, en cambio, es cariñosa con sus amigos y llegas a confiar fácilmente en ella. No somos muy amigos, pero de vez en cuando hablamos en los grupos de estudio de literatura que ella organizaba (a los cuales la maestra Clinton, quien dicta esa materia, me mandaba). La directora Murphy, una mujer cercana a los 30, de cabello y ojos marrones, siempre con una sonrisa amable, se acerca al micrófono que está en la tarima del auditorio. Aclara su voz, a la vez llamando nuestra atención, y nos saluda de forma enérgica. Da la bienvenida a los nuevos estudiantes y hace alguna que otra broma sobre lo que se encontrarán en la escuela. —Para los estudiantes antiguos, solo les diré que se esfuercen y disfruten de su vida en secundaria —sugiere con una voz tranquila—. Además, a todos les informo que habrá nuevas actividades extracurriculares para que se diviertan y compartan con compañeros de otros grados Todos en el auditorio murmuramos sobre las nuevas actividades, cuáles serían, quiénes nos las darían, dónde, a quién veremos... Ese tipo de preguntas inundaron el lugar por un breve tiempo hasta que la directora nos hizo callar. Terminó de dar las últimas palabras de su discurso y aseguró que los horarios nos llegarían pronto. Para que empezáramos clases después del receso. Se despidió de todos y dio por terminada la reunión en el auditorio. Yo preferí esperar, no me gustan las aglomeraciones, solo cuando mi tío Noah me ayuda a pasar, principalmente en los partidos de béisbol. —Es indignante que nos toque matemáticas un lunes —resopló Tyson viendo nuestro recién llegado horario en su celular. —Menos mal nos toca a primera hora, y hoy no la veremos —reconsidero. —Al menos. —No todo es malo. Nos toca ciencias después del receso —dice Richie, emocionado de nuevo. —Y no todo es malo... —dice Tyson bufando.

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