Una vez dije que un día sin reír es un día perdido, que siempre hay que pensar en positivo y que incluso en los peores momentos, hay algo bueno. El problema es que hoy creo que no puedo hacerlo, aun así, desde que me paré frente al espejo para maquillarme, me prometí a mí misma para hacer lo necesario para que las demás personas no se dieran cuenta de lo que va mal. No quiero preocuparlos por mis inseguridades estúpidas. – Hola, disculpa por molestarte un sábado – saludo con una pequeña a Viktor cuando me subo a su carro. Se supone que los fines de semana no lo molestaría, pero mi alacena está prácticamente vacía, necesito comprar comida y algunas otras cositas. – No te preocupes – asiento y sin más, volteo a la ventana. – ¿No crees que solo estás molestándolo? Te amo, Diana, y muc

