Onmisciente No había luna, y él no era una persona que creyera en supersticiones, pero algo definitivamente no iba bien. Chasquea la lengua. Está mierda no le está gustando, y como alguien aparezca disparará sin importarle a quien. O eso era lo que pensaba hacer, pero lastimosamente, no fue un hombre, ni dos, fueron cuatro los que se arrojaron sobre él, pusieron una bolsa sobre su cabeza y lo hicieron caer al piso. Suena un disparo. Arde como la mierda, pero no les dará el placer de gritar, ni siquiera de quejarse. – Los mataré, malditos hijos de puta – masculla rojo de la ira. No recibe respuesta, solo una lluvia de patadas y golpes por todos lados. Le cuesta defenderse, además, alguien alejó su otra arma de su cinturón, donde la tenía guardada. Con dificultad, trata de alcanzar

