Hago mis respiraciones, también intento controlarme lo mejor que puedo, no quiero ser de esas madres que están gritando por el dolor. Pero las entiendo muy bien, en este momento, siento como que gritaré. – Lo estás haciendo bien, encanto – asiento sin dejar de concentrarme en mi respiración, apretando su mano cuando siento una contracción, me inclino hacia adelante, y muerdo mi labio con fuerza. >> Mierda, no hagas eso – me regaña cuando después de una eternidad me relajo sobre la camilla. Por un momento me confunde a que se refiere, pero luego siento el sabor de la sangre en mi boca. – Lo siento – le muestro una pequeña sonrisa que me devuelve antes de comenzar a limpiar mi boca y mi frente. También recibo con cariño su beso en mi cabeza. Desde que llegamos, él ha sido tan enor

