– Ya, no pasa nada, todo estará bien – le sonrío con ternura a uno de mis chiquiticos que no había dejado de llorar hasta ahora. Ah, se ve tan tierno limpiándose sus ojitos y como su boquita tiembla por el llanto. Es lindo hasta la manera en la que hipa. – Duele… – parece que va a volver a llorar cuando lo dice, y es por eso que lo vuelvo a apretar contra mi pecho y le doy mimos. Es tan hermoso, por dios, podría comerme esos cachetitos a besos. – Si, si, duele, pero ya va a pasar, ya, no pasa nada – nos meso un ratico más antes de finalmente soltarlo. La enfermera me sonríe y guarda lo que utilizo para limpiar su rodilla raspada. – Eres un señorito muy valiente y fuerte, como recompensa por ser tan obediente… – se voltea y saca un chupetín. Exclamo mostrándome enormemente sorprendida

