Capítulo 4

1250 Palabras
“Nunca nos engañan, Nos engañamos a nosotros mismos”. Von Goethe No pasó demasiado tiempo cuando Marga al fin llegó en busca de su amiga. Ella estaba enterada de todo lo malo que pasaba en la vida de la joven desde que había llegado a la familia Reyes y, a decir verdad, no podía entender cómo es que esas personas se tragaban el cuento barato y la mala actuación de Nanci, pero bien decían que “no hay por ciego que el que no quiera ver”. _ Siobhan… ¿qué ocurrió? ¿Por qué te encuentras en este estado lamentable? _ pregunto una acongojada Marga, quien hacía varios meses que no veía a su amiga, ya que los Reyes le habían prohibido salir de su casa porque, según ellos había intimidado a Nanci y la había lastimado. _ Lo de siempre, la verdad no necesita ser explicada, mi adorada hermana me empujó por las escaleras y luego me acusó de ser yo la que la empujé a ella _ dijo Siobhan acostada aún en su cama. _ Esa mujer sí que es malvada, no tiene límites, no parará hasta que mueras o te maten _ Marga sabía muy bien la clase de vida que llevaba su amiga en esa casa, y estaba segura de que ella terminaría dos metros bajo tierra si no se iba de ese lugar. _ Lo sé…por eso renuncié a la familia Reyes, nunca volveré a ese lugar, ellos jamás me volverán a lastimar _ la determinación en las palabras de la niña dibujó una gran sonrisa en los labios de la otra, mientras afirmaba feliz a las palabras que pronunciaba su adorada amiga. _ ¡Muy bien! Esa es mi amiga _ Marga saltaba aplaudiendo de felicidad ante la respuesta de su buena amiga y es que realmente había dejado demasiado de su vida atrás por culpa de esa familia. _ Sí, ahora necesito encontrar un lugar en el que vivir… _ dijo haciendo un puchero, aun cuando sabía la respuesta de su amiga. _ No te hagas…sabes muy bien que te irás a mi casa y ya allí hablamos de lo demás, recuerda que aquí hay demasiados chismosos _ dijo mirando de reojo hacia la puerta, lugar en el que se encontraba de pie una enfermera que, evidentemente, estaba escuchando aquello que ambas decían. _ Mm…parece que este mundo está lleno de bicharrajos _ bufó molesta la joven cruzándose de brazos, era mucho con lo que tendría que lidiar para poder vivir feliz su vida. Después de todo si las cosas iban más o menos como en la historia original, no le sería fácil sacarse de encima a la arpía de Nanci, tendría que desenmascararla más tarde que temprano, de lo contrario seguiría sufriendo distintos tipos de accidentes. _ Bueno…vamos a casa _ dijo feliz Marga tomando a la otra del brazo para ayudarla a caminar. No buscó ropa o algún otro elemento porque estaba segura de que no tenía. Por el contrario, ella había llevado algunas prendas propias para que su amiga vistiera. Marga era una niña de la edad de Siobhan, se habían conocido en momentos muy difíciles ya que ambas tenían a sus madres internadas en el hospital al mismo tiempo y ambas murieron de la enfermedad con copa diferencia de días. Compartir ese destino común las había convertido en más que amigas en hermanas, y ellas habían asumido ese rol de la otra. Cuando los Reyes aparecieron y se llevaron a Siobhan, Marga se alegró de que una de ellas tuviera mejor fortuna, pero la alegría le duró solo unos segundos, ya que con solo ver a Nanci supo que esa mujer no era, en lo más mínimo, buena persona. Lo que Marga nunca pudo imaginar fue el nivel de crueldad que se encerraban en el n***o corazón de Nanci. _ Ya no importa, no te hagas problema, lo único importante ahora es que soy libre del yugo de esa mala familia y voy a construir mi vida _ dijo Siobhan con determinación levantando muy en alto su barbilla pequeña y blanca para mostrar su decisión. _ ¿Ya tienes el alta? _ preguntó Marga algo que Siobhan no había tenido en cuenta en lo más mínimo, no solo eso sino también el costo de esa atención paupérrima. _ No…, ¿crees que esos habrán pagado? _ preguntó con inocencia y algo de esperanza. _ No lo creo, seguramente querrán que te arrodilles, como siempre, y pidas perdón a la santa Nanci_ _ Bueno, al mal paso darle prisa, veremos qué ocurre _ _ Mi querida Siobhan…no te preocupes que podemos pagar sin ningún problema esta atención tan deficiente _ Ambas niñas se dirigieron risueñas a la recepción del hospital, si no le habían dado el alta, ella la firmaría, después de todo apenas si había ido algún médico a verla durante el tiempo que estuvo en ese lugar, y si lo hizo fue para ver si podía donar más sangre. Era una gran ventaja que el innombrable haya evitado que eso ocurriera, de lo contrario estaba segura de que ya no estaría en este mundo, y no quería padecer una segunda muerte. Lo que ellas no esperaban era que todo el costo estuviera cubierto, y más sorprendidas quedaron cuando vieron que quien pagó fue el cucaracho maldito, alias Alexander, se hubiera encargado de todos los gastos de ella. _ Bueno, es lo que correspondía, después de todo, es su culpa todo lo que me ha pasado _ Ambas niñas asintieron con la cabeza y salieron con firmeza del lugar. Aunque a la pequeña Siobhan le costaba aún un poco caminar, ya que su pierna seguía doliendo mucho ella avanzaron lento pero seguro en dirección incierta. En realidad, el que no sabía hacia donde se dirigían era un apuesto y adusto señor, que observaba la lenta marcha con su típico rostro impasible. Alexander Belmont era un hombre práctico, de muy pocas palabras y muy seguro de sí mismo, nada le afectaba y no quería que esa niña malcriada, insolente, malvada y extraña se entrometiera nunca más en la vida de su querida Nanci, ella era la niña que lo había salvado en el pasado, y desde ese día la protegería y la cuidaría como el mayor tesoro. Una llamada telefónica sacó al hombre de sus pensamientos, tuvo que obligarse a dejar de mirar el camino trazado por la niña y contestar. _ Nieto poco filial y malcriado… _ la voz de la anciana Belmont se dejó escuchar a través del teléfono _ te quiero aquí en cinco minutos, estoy muy molesta contigo _ dijo la mujer para luego terminar la llamada. Alexander se acarició el puente de la nariz frustrado por todo lo que estaba ocurriendo. Su abuela adoraba a Siobhan, por el contrario, despreciaba a Nanci, siempre pensó que todo se debía a que era una niña adoptada, pero acciones posteriores de la mujer le dieron entender que no era así. El problema es que ahora quería obligarlo a casarse con Siobhan y dejar de lado su promesa hecha en el pasado a Nanci. No es que esté enamorado de la mujer, no, es solo que él es un hombre de palabra, y siente que se lo debe, es la mejor manera de agradecerle convertirla en su esposa ya que es lo que tanto ella desea. Sin ganas, pero también sin opciones Alexander se encaminó hacia el cadalso, o sea, la casa de su abuela.
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