CAPÍTULO DIEZ Llevaban seis horas revisando la lista de posibles sospechosos. Ella había conseguido los expedientes de cada persona con un historial de actividad delictiva que coincidiera con la vaga descripción de Amanda y había acumulado una lista de casi cien personas. Levantó la vista de su escritorio y miró más allá de las persianas cerradas de la ventana, apenas entonces se dio cuenta de que afuera estaba muy oscuro. Frente a ella, Mia bebía de un trago su café. Actualmente, en su mesa había más tazas de café que papeles. ―Algo me preocupa ―dijo Ella. ―Dilo ―dijo Mia sin levantar la vista de su computadora portátil. ―Nuestro sudes no está siguiendo ningún tipo de patrón. Está imitando los crímenes del Zodiaco, pero los hace fuera de orden. Si nos basamos en las víctimas canónicas

