CAPÍTULO QUINCE Estaba de nuevo en la prisión estatal de Maine, de nuevo en la zona roja. Estaba parada entre dos celdas de cristal, esta vez ambas ocupadas. A su derecha, vio a Ken Dark, pero despojado de todo lo que lo hacía su padre. Llevaba un mono naranja y se apoyaba en los barrotes de la celda con lágrimas a punto de brotarle de los ojos. Tenía aquella espesa melena de él, pero su presencia carecía de alma, como si alguien le hubiera arrancado la coraza y eliminado las cosas que lo hacían real. A su izquierda estaba Tobias Campbell, con esa sonrisa torcida que no había podido borrar de su mente desde la primera vez que la vio. ―Me alegro mucho de que hayas venido, agente Dark. Acércate para que pueda oírte mejor ―dijo. Ella alargó la mano y tocó los barrotes de hierro, la primer

