Henry me está esperando con el auto afuera del edificio. Me subo en la parte de atrás y vamos directamente a casa. Miro por la ventana pensando en lo que acaba de pasar. Siento que fueron muchas cosas en muy poco tiempo, pero lo que más me sorprende fue que junté valentía para darle un beso. Y me di cuenta que deseaba besarlo. Me pregunto desde cuándo tenía este sentimiento guardado en mí.
Pero, ¿Qué es lo que siento? Nunca me molestó estar junto a Aidan. De hecho, me hacía ilusión verlo cada vez, y no me importaba lo que él hiciera para ganarse el dinero día a día. Bueno, sí me importa un poco. Desearía que fuera otra cosa, pero la vida lo llevó a lo que es ahora, y no puedo culparlo. Y dejé que me hiciera una felación. Y me gustó. Me gustó mucho.
Llegamos a la mansión, me despido de Henry, subo a mi cuarto y me encierro. Necesito pensar a solas.
La primera vez que vi a Aidan no me molestó su presencia, a pesar de la circunstancia tan extraña. Y no me molestó que fuera un chico, incluso sabiendo que debería haberme acostado con él... ¿Eso qué significa? Y ahora, no solo fue que dejara que me la chupara. Eso podría hacerlo cualquiera. Pero el beso. Es ese beso el que me llena de dudas. Quería besarlo, quiero besarlo incluso ahora, sentirlo cerca, escucharlo, reírnos, tocarlo.
Me gusta Aidan.
Me gusta un chico.
Pero no puede ser.
Alguien toca la puerta.
-¿Sí? -pregunto.
-Aidan, ¿puedo pasar? -dice la voz de Sora desde el otro lado.
-Adelante -le digo.
Mi hermana entra a mi cuarto y cierra tras ella. Se ve algo preocupada y emocionada. Se sienta en mi cama y yo me siento junto a ella.
-Necesito decirte algo, pero promete que no le dirás a nadie. Mucho menos a nuestros padres -me susurra.
-Te lo prometo.
Ella sonríe a más no poder y da un par de aplausos silenciosos. Siempre hace eso antes de hacer alguna gran revelación.
-Tengo novio -dice por fin.
-¿De verdad? -pregunto. No es que no pueda creerlo, pero de todas formas es una noticia inesperada.
-¡Sí! -exclama ella y luego vuelve a su voz normal- es un chico de la universidad... pero no creo que nuestros padres lo aprueben. No es un chico de apellido rimbombante como nosotros. Es bastante común, de hecho.
-Pues, eso no debería importarle a papá o mamá. De todas formas es tu novio, no el de ellos -le digo.
-Lo sé, pero... no es de clase alta tampoco, no tiene mucho dinero... pero es trabajador y siempre saca buenas notas. Es muy inteligente y apuesto -dice Sira con sonrisa soñadora.
-Te ves muy feliz -le sonrío y ella asiente con la cabeza.
-Me hace muy feliz estar con él, desde el primer momento que tuvimos oportunidad de estar juntos.
-Y... ¿Cómo supiste que estabas enamorada? -le pregunto con voz casual.
Ella me mira con suspicacia antes de responder.
-No lo sé. Solo tenía esa sensación de no querer alejarme nunca de él, de escucharlo siempre, de que me sonriera, de poder tomarnos la mano o besarnos -dice ella ruborizándose. Yo asiento con la cabeza.
Si enamorarse es una enfermedad, entonces tenemos los mismos síntomas.
-Y cómo supiste que tú también le gustabas -pregunto nuevamente.
-Al inicio no sabía bien. Sospechaba que podía tener interés en mí, porque sentía que me ponía más atención que a mis demás compañeras. Y un día él se declaró.
-¿Así sin más? -replico.
-Así sin más -contesta.
-Y si, por ejemplo, se hubieran besado antes, ¿tú crees que habría sido porque le gustabas también?
-Tus preguntas son demasiado específicas, ¿sabes? -me dice Sira.
-Solo quiero saber -respondo inocentemente.
-Depende de la situación. Si era en una fiesta, podría haber sido por la emoción del momento. Podría haber sido yo o cualquier. Pero si hubiera sido en alguna salida como amigos, allí hubiera sido diferente. Si él me hubiera besado, habría sabido de inmediato que me quería.
-Y si hubieras sido tú el que lo besaba.
-Dependería de cómo me respondiera ese beso. Si lo hace de forma automática o semi robótica, es porque no le gustó. Pero si me sigue, es porque él también quería hacerlo.
-Ya veo -le digo y me quedo pensando un poco.
-¿Hay alguna chica que te haya llevado a esa situación? -me pregunta chocando su hombro con el mío.
-No, ninguna -le digo riendo. Y es verdad.
Ella me mira con duda, pero no dice nada.
-Pero la única forma de estar segura -me dice finalmente- es preguntarle.
Yo asiento con la cabeza. Claro, sería lo más sensato.
-Bueno, hermanito, gracias por escucharme. Y espero que no le digas a nadie -me amenaza.
-De esta boca no sale -le aseguro. Ella me sonríe y sale de mi habitación.
Preguntarle directamente a Aidan lo que siente por mí sería la forma más fácil de resolverlo todo. No es cierto. Eso no resolvería nada.
Si me dice que no, me dejaría con el corazón destrozado y perdería a un amigo o casi amigo. A alguien con quien me gusta conversar y pasar el tiempo. Alguien con quien me divierto y que se divierte conmigo.
Pero si me dice que sí ¿Qué voy a hacer? Aunque lo odie, tengo un apellido importante, un alto estatus en esta maldita sociedad. Y él es un prostituto. Sería mucho peor que estuviéramos juntos. Incluso si yo no fuera millonario ni hijo de alguien importante, estar con alguien como Aidan sería muy mal visto.
Y no solo eso. Además es un chico. Esta familia nunca va a aceptar que yo salga con un chico ni aunque él fuera el dueño del mundo y la luna.
Lo tengo todo en contra. Puedo simplemente guardarme este sentimiento, pero cómo le explico ese beso. Qué tal si él también gusta de mí y cree que yo solo lo ilusioné, que lo usé como todos los hombres que han pasado por su vida durante los últimos años. Casi puedo escucharlo decir "No importa, Raen. Estoy acostumbrado" mientras ríe. Pero no. Yo sé que tras esa risa esconde un profundo dolor y miedo de no ser digno de ser amado.
Y yo lo quiero. Me gusta de verdad. Y él tiene que saberlo.
Ya veremos lo que hacemos después.