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Introducing me

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tragedia
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turning gay
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prostitute
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intro-logo
Descripción

La vida de Aidan ha estado marcada por la humillación y la tragedia. Los últimos dos años ha tenido que vivir de su cuerpo, arrendándolo al mejor postor. Ya estaba resignado a tener una vida corta y miserable hasta que su destino se cruza con el de Raen, un chico al que nunca le ha faltado nada y por el cual arriesgará todo para intentar salvarlo.

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I. Vida de mierda
-Esa de ahí -dice un hombre desconocido apuntándome directamente con el dedo- la pelirroja. Otro imbécil que me elige pensando que soy una chica. ¡Ja!, qué sorpresa se va a llevar ese bastardo cuando me saque la ropa.  La dueña de este lugar me toma del brazo sin ningún cuidado y me lleva junto a ese hombre. Él me mira con ojos lascivos mientras se relame los labios. Si no fuera porque estoy acostumbrado a ese tipo de expresiones, ya estaría haciendo arcadas. -Tú serás perfecta -me dice al oído. Me estremezco sin querer. Su voz es profunda y, por alguna razón, me da la sensación de que se siente mi dueño, como si yo fuera algún tipo de objeto. Aunque, bueno, podría decirse que sí lo soy.  -Espera en la habitación -me dice la dueña de este burdel.  Yo asiento con la cabeza sin ninguna expresión y me dirijo hacia la puerta que está detrás de nosotros. Cruzo mirada con mis otros compañeros y compañeras que habían estado de pie junto a mí, esperando ser la persona elegida para ir a coger con algún desconocido con dinero.  Cierro la puerta tras de mí y me siento en la cama. Hay que decir que algo que siempre me gustó de esta casa de prostitución son las habitaciones. Cada vez que es mi turno, durante los pocos segundos que el comprador tarda en pagar, imagino que esta es mi habitación, que tengo una vida lujosa con mayordomos, dinero, comida en abundancia. Hasta que se abre la puerta y arruina mi fantasía. Bajo la mirada, esperando a que el hombre se acerque a mí. Oigo que cierra la puerta tras él, pero no hace ningún otro movimiento. Levanto mi cara y no puedo evitar sorprenderme. Frente a mí no está ese tipo horrible. Hay un chico que debe tener más o menos mi edad y tiene una cara de terror como si hubiera visto un fantasma o algo así.  -Hey, ¿Estás bien? -le pregunto. Él da un respingo y asiente con la cabeza. Bueno, es obvio que no está bien, así que me acerco. Me coloco frente a él y lo miro detenidamente mientras él tiembla un poco. Tiene el cabello n***o y corto, que contrastan con su piel blanca y sus ojos azul cielo. Es algo más alto que yo y es muy, muy guapo.  -¿Cómo te llamas? -le pregunto para romper el hielo. -Me... me llamo Raen -me responde con voz suave. Dios, es muy tierno. -Me gusta tu nombre. Yo me llamo Aidan.  Por primera vez desde que entró cambia su expresión, transformándola en una de pregunta. Yo solo me río y le tomo la mano para dirigirnos a la cama. Él me sigue mecánicamente. Me siento sobre el mullido cubrecamas y golpeo junto a mí, invitándolo a que haga lo mismo. Raen se sienta con la espalda muy recta y la respiración agitada. -Oye, tranquilo -le digo colocando una mano sobre su hombro, provocándole otro respingo.  -Lo... lo siento... -No te preocupes. De todas formas, tú eres el cliente y mi deber es hacer que te sientas bien. ¿Qué quieres hacer primero? -le pregunto apoyando mi mentón en su hombro, mirando su perfil de nariz recta. -No lo sé... ¿Qué deberíamos hacer primero? -responde él sin mirarme, mientras retuerce sus manos. Obviamente el chico no está cómodo con toda esta situación. ¿Para qué viene a un prostíbulo si después va a estar todo cobarde? -Qué te parece esto -le digo mientras empiezo a acariciar suavemente su espalda. Raen parece tranquilizarse un poco. Entonces aprovecho para besarle el cuello, pero él vuelve a tensarse- Dios, ¿Qué te pasa ahora? -Lo siento. -No me pidas perdón -le digo enojado- pero si pagaste para acostarte conmigo, es lo mínimo que deberías hacer ¿no? Él baja la mirada y asiente con la cabeza. Entonces, para sorpresa mía, se abre la camisa y se recuesta en la cama, pero no me mira.  -Puedes venir, Aidan -dice. Por alguna razón que diga mi nombre hace que me sonroje. Puede sonar una mentira, pero nunca antes un cliente había dicho mi nombre. Para ser franco, ni siquiera les interesaba cómo me llamaba.  Me acerco a él lo más seductoramente que puedo. Pero aún no me saco el top ni los pantalones cortos y ajustados. Tampoco las medias largas ni el collar de perro que llevo en el cuello.  Me coloco sobre él y le acaricio el pecho con ambas manos. Es delgado, pero está bien trabajado. Lo beso en los pectorales y el cuello nuevamente, mientras me froto en su entrepierna. Entonces él toma con cuidado mi cabeza y me da un tierno beso en los labios. Luego otro y otro, hasta que yo abro los labios e introduzco mi lengua en su boca. Con esto sube la temperatura y siento cómo su amiguito entre las piernas comienza a levantarse.  Mientras seguimos con los besos, le abro el cierre del pantalón e introduzco mi mano bajo su ropa interior para tocar directamente su m*****o. Al sentir mi mano, Raen me deja de besar de inmediato y se sonroja a más no poder. Yo me río un poco, pero no dejo de masturbarlo. Luego empiezo a bajar hasta quedar frente a frente con toda su hombría, pero antes de que pueda siquiera lamerla, el chico me empuja.  -Perdóname -me dice inmediatamente, acercándose a mí.  -Pero qué te pasa, idiota -le digo con enojo. Hasta yo lo estaba disfrutando y eso nunca me había pasado.  -Para ser sincero... yo no quiero acostarme contigo -me confiesa avergonzado, como si me estuviera diciendo que acaba de robar un banco o algo así. -Entonces por qué viniste -le pregunto con extrañeza.  -Mi padre me obligó. Dice que así me voy a hacer hombre -contesta en voz baja mirando el suelo. Entonces me río con ganas.  -¿Cree que acostándote con una prostituta va a convertirte en hombre? -le digo entre risas. Dios, casi no puedo respirar. -Sí... bueno, es lo que dice él. -¿Y tú que crees? -le pregunto ya un poco más calmado, secándome las lágrimas que me salieron de tanto reír. -Que es una idea estúpida. Yo ya soy un hombre y acostarme con una mujer no va a cambiar nada -dice en voz baja, sonrojándose.  -¿Qué edad tienes?  -Dieciséis. Abro mucho los ojos. Tiene la misma edad que yo. Nunca había estado con alguien tan joven. Casi siempre tienen cuarenta o más. -Raen, me caíste bien, así que te voy a contar un secreto -le digo acercándome a su oído- en realidad yo soy un chico. -Oh -responde simplemente- creo que mi padre no se dio cuenta. -Por eso me da tanta risa que te quisiera "hacer hombre" acostándote con otro hombre. Porque tiene toda la cara de homofóbico. Raen asiente con la cabeza, sonriendo.  -¿Y te molestaría tener sexo conmigo? -le pregunto de todas formas. -Sí, pero no porque eres un chico, sino porque no quiero tener sexo, ¿sabes? quiero hacerlo con alguien especial y a quien yo ame de verdad. Sin ofender -me responde sinceramente. ¡Cómo me voy a ofender con este pan de Dios! -Tengo una idea. Ven -le digo y me dirijo hacia el respaldo de la cama. Él se acomoda los pantalones y me sigue- estoy seguro de que tu padre está escuchando tras la puerta, así que vamos a engañarlo. Empiezo a mover el respaldo de la cama para que golpee con la pared, pero aún no parece lo suficientemente real. -Ahora salta sobre la cama. No muy exagerado -le digo a Raen y él obedece. Empiezo a gemir fuerte y a decir típicas frases de películas porno como "oh, sí", "sigue, sigue, sigue", "ah, ah, ah".  Raen se ríe en voz baja mientras sigue saltando, hasta que yo doy un último gemido y dejo de mover la cama. Él deja de saltar y se sienta junto a mí, y ambos nos reímos en voz baja.  -Eres un gran actor -me dice. -Lo sé, lo hago todos los días -le respondo con una sonrisa, pero él se pone serio y baja la cabeza, con mirada triste- oye, no te preocupes, es lo que me tocó y estoy bien así. Le tomo el rostro y le sonrío. Entonces le desordeno el cabello. Ya está agitado, así que tiene todas las pintas de haber tenido una exitosa primera vez.  -Gracias, Aidan -me dice. -No te preocupes. Mi deber es hacer que te sientas bien -le respondo guiñándole un ojo.  Raen se pone de pie y sale por la puerta, dándome una última mirada y despidiéndose con la mano. Yo me despido de la misma forma. Cuando cierra la puerta tras de sí, me recuesto en la cama y suspiro.  Es la primera vez que me siento así. Como una persona y no como un objeto... espero que al chico le vaya bien con su padre. Y que nunca regrese a un lugar tan impuro como este.

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