II. Vida de oro

1510 Palabras
Salgo de la habitación algo acalorado, lo que es bueno, porque así mi padre creerá que realmente tuve sexo con la prostituta que eligió para mí... que resultó no ser una prostituta, ni siquiera era una mujer, sino que era Aidan. -Muy bien hijo -dice él con orgullo- no esperaba menos del heredero de los Koch. Yo sonrío con suficiencia, como si hubiese hecho aquello a lo que venía, pero que realmente no fui capaz. Aunque claro, mi padre no tiene por qué saberlo. Mientras él crea que ya no soy virgen y que lo hice con una mujer bonita está todo bien. Sí, yo también tengo ojos y puedo entender por qué eligió a Aidan. Con el maquillaje y esa ropa pareciera ser una jovencita de rasgos finos. Además, su cabello pelirrojo que le llega casi a los hombros lo hace ver aún más femenino.  Salimos del burdel y subimos al auto con vidrios polarizados. Esta vez no vinimos en la limusina, porque se vería muy feo que la familia más rica del país estuviera en un lugar como este, sobre todo con el hijo menor de edad. Pero esta es una tradición familiar. Mi padre, mis tíos, mi abuelo, todos "se hicieron hombres" a los 16 años en este mismo lugar. Aunque encuentro estúpida la frase de hacerse hombre. Yo ya soy hombre sin la necesidad de tener sexo.  -Recuerda que tu madre y tu hermana no deben saber nada -me recuerda mi padre. Yo asiento con la cabeza. Por ahora, los únicos que sabemos lo de este lugar somos nosotros y el chofer, que es un hombre de confianza, así que no le dirá nada a nadie.  Llegamos a nuestra casa, que más bien es una mansión con más de 20 habitaciones. Nunca he entendido por qué se necesitan tantas piezas, si somos una familia de cuatro personas, pero en fin, tampoco me voy a quejar.  Apenas entro, mi gato aparece de no sé dónde y comienza a acariciarse entre mis piernas, así que lo tomo en brazos. Es un Azul Ruso, bastante grande y pesado, pero hermoso. Este felino es el único que demuestra su amor hacia mí de forma tan directa. Creo que el secreto es alimentarlo yo mismo y jugar con él. Claro que tenemos un par de ama de llaves que pueden hacer ese trabajo, pero prefiero hacerlo yo mismo. Amo a este gato. -Buenos días, señor Koch, señorito Koch -saluda nuestro mayordomo. -Buenos días James -saludamos mi padre y yo. Es importante ser amable con la servidumbre y con todos en general. Es algo que mi madre siempre me enseñó y le agradezco, porque así nuestra relación es más cercana y confiable.  -Su baño está preparado -me dice James. Yo le agradezco. y subo inmediatamente al cuarto con el inmenso jacuzzi.  -No puedes entrar conmigo, Mistoffelees -le digo a mi gato, soltándolo en el pasillo. Él me mira con reproche y me da la espalda. En general lo llevo a todos lados conmigo, pero ahora quisiera estar a solas.  Cierro la puerta, me saco toda la ropa y me meto de inmediato al jacuzzi. El agua está tibia, a la temperatura perfecta. En los bordes hay jabones, shampoo, acondicionador, bombas de baño y un largo etcétera.  Tomo uno de los jabones con aroma a lavanda y me refriego el cuerpo con él.  Es extraño pensar que hace menos de una hora estaba en la cama con un desconocido. Y que, además, fue la primera persona que me tocó de esa manera. Casi siento sus manos sobre mi abdomen y sus labios en mi cuello. Y luego cuando casi me la chupa... Ahora que estoy más tranquilo y en soledad, recordar todo eso me calienta.  Siento el calor en mi cara y el resto de mi cuerpo. Pongo mi mano alrededor de mi m*****o que ya está duro y la subo y bajo al un ritmo que me satisface. Pero me detengo antes de acabar, porque no quiero ensuciar el agua en la que estoy sumergido.  Me levanto y voy al inodoro. Ahí termino de masturbarme hasta que siento ese placer que sale desde el fondo de mi ser. Me limpio con papel higiénico y vuelvo a sumergirme, ya liberado de todo pensamiento impuro.  Cuando ya estoy limpio y relajado, me seco y voy a mi dormitorio. Allí me tiro sobre la cama mientras mi gato se sube y se acurruca a mis pies. Tomo el celular y me distraigo viendo videos graciosos hasta que suena una campanilla que avisa que la cena estará lista.  Me estiro y me visto. Nada formal, es una inocente cena de sábado por la noche, en familia, sin tener que impresionar a nadie, así que una camiseta y unos jeans estarán bien. Cuando llego al comedor, todos ya están sentados.  -Raen, arréglate el cabello -dice mi madre con tono severo. Yo asiento con la cabeza y me aplasto el pelo, sin saber si he tenido éxito. Tomo asiento y las empleadas traen la cena rápidamente. Hoy es pollo a la naranja con papas rústicas. Una delicia.  -¿Y qué fueron a hacer hoy? -pregunta mi hermana Sira a mi padre y a mí.  -Fuimos a ver cómo funciona una de las sucursales de la empresa -responde mi padre sin titubeos.  -Podrían haberme llevado -dice Sira con voz molesta- soy yo la que está estudiando administración de empresas. -Fue para acercar a tu hermano al negocio -continúa mi padre- ya tiene casi 17 años, debe pensar en su futuro y en cómo hacerse cargo de todo para cuando yo me jubile.  Sira y yo nos miramos y y rodamos los ojos.  Nunca me ha gustado todo ese rollo de ser dueño de nada, mientras que mi hermana está totalmente preparada para ser la próxima magnate de los Koch. Es inteligente, astuta y tiene un excelente ojo para los negocios. Pero claro, a mi padre no le parece que una mujer sea lo suficientemente buena para llevar adelante la empresa. Que idiota.  -¿También estudiarás Administración? -me pregunta mi madre. -Aún lo estoy pensando -le respondo. No es cierto. Ya decidí que no voy a estudiar nada de eso. Aunque realmente no sé qué es lo que quiero hacer, estoy seguro de que no es estar a cargo de este imperio familiar. De todas formas, confío plenamente en que mi hermana seguirá produciendo fortuna, aunque de una forma más justa y menos explotadora que ahora. Es lo que me gusta de ella, que es más consiente de los problemas de los trabajadores o de los sueldos injustos que a veces reciben. -Quizás puedas estudiar Finanzas y así me ayudas -bromea mi hermana y ambos reímos. -No te burles así de tu hermano -dice mi padre severamente. Ah, cuánto drama. -Lo siento -responde ella y vuelve a concentrarse en su comida.  -No me molesta -digo yo para calmar el ambiente y seguimos cenando.  Al terminar de comer, mi hermana va a la biblioteca de la casa para leer algo. Mi padre va a su estudio y mi madre a su habitación. Sí, una hermosa reunión familiar. Así que decido ir a la sala de cine para ver una película o alguna serie.  Cuando estoy por la mitad del largometraje, llega James a mi lado. -Siento molestarlo, Señorito Raen, pero su padre lo llama. -Gracias, James. Voy enseguida.  Me desperezo, apago el proyector y voy al despacho de mi padre. Toco un par de veces y oigo su voz que dice "adelante". Al abrir la puerta, veo que en su escritorio hay un par de vasos con un líquido ámbar. ¿Sera whisky?  Cierro la puerta tras de mí y me siento frente a él.  -Hay que celebrar con un brindis que hoy te has convertido en un hombre hecho y derecho -dice él tomando un vaso. Yo lo imito y lo levantamos a un tiempo. Tomo un poco de aquel líquido y siento que me quema la garganta. Maldición, cómo puede beber algo tan asqueroso. Me da un ataque de tos y mi padre se ríe. Sí, sí, qué gracioso ver sufrir así a tu hijo.  -Y cuéntame, Raen. Qué tal estuvo esa chica.  -Bien -respondo inmediatamente. Él me mira con una ceja arqueada- no puedo compararla con nadie más, así que supongo que estuvo bien. Me hizo sentir bien. Lo último no es una mentira. -Me alegro. Ahora podrás satisfacer a cualquier mujer que se te ponga en frente sin parecer un inexperto. Así dejarás en alto el apellido Koch donde quiera que vayas. Él vuelve a tomar de su vaso y yo asiento con la cabeza. Que idiotez. -Ya me voy a dormir -le digo mientras dejo el vaso prácticamente lleno sobre su mesa.  -Bien, hijo. Descansa. Ya tuviste mucha emoción por hoy.  -Buenas noches.  Voy directamente a mi cuarto, me pongo el pijama y me acuesto. Prefiero no pensar en lo que pasó hoy. Es mejor olvidarlo, hacer como si todo eso con Aidan no hubiese pasado jamás. Sí, eso será lo mejor para todos.
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