LIII

2263 Palabras

Siento un temblor en la barbilla, este corre lento, cruza el pecho, me da una buena sacudida, y se instala en el vientre. Ahí permanece, desgarrador, sofocante. En lugar de ir a su encuentro, mi primera reacción es volver a la habitación de Abigaíl. Trece años intacta. La cerré y no dejé que nadie moviera nada. Voy por la llave, la meto en la perilla y giro. Me recibe una bocanada de polvo. Huele a humedad. Pero nada ha cambiado desde que se fue. Permanezco en el marco, contemplo cada cosa de mi hija. Busco encontrar de nuevo su aroma, escuchar su risa en los pasillos, sus pisadas cuando corría detrás de su hermano, su música a todo volumen, sus largas horas en la cocina. ¡La busqué tanto! Siempre creí que volvería a tener su ruido, su vibra, sus bruscas caricias cuando se emocionaba

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