En una bolsa plástica se encuentran las pertenencias de Abigaíl. Allí encuentro el vestido azul con el que salió, sus sandalias, su mochila donde llevaba un labial y algunas hojas que ya se pusieron amarillentas. No dejo que nadie más toque su cuerpo. Le pido a Elías que me permita prepararla. Él me da una bata quirúrgica, guantes y cubrebocas para poder hacerlo. Compré un precioso vestido blanco estilo victoriano como el que tanto decía que usaría en su boda. Es de mangas largas y tiene detalles dorados en el escote; seguro le encantaría. Recuerdo que cuando Abigaíl nació todavía tenía restos de la placenta en la frente y, aunque me encontraba débil por el parto, yo le puse aquel bello vestidito miniatura color hueso. Hoy también me encuentro muy débil, pero de otra manera. ¡Fui yo
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