XLI

1909 Palabras

UN AÑO Y TRES MESES DESAPARECIDA.  En el velorio de Luis ordené decenas de lirios blancos, eran sus favoritos. La despedida duele, arde en el pecho, en la garganta, en los bordes de los ojos… Pensé que ya no tenía lágrimas para llorar, pero me equivoqué. Abrazo desconsolada la urna de las cenizas de mi esposo en la soledad de esta pequeña habitación. Su familia no quería que lo cremáramos, aseguran que los cuerpos serán resucitados cuando Jesucristo regrese, y cremar a un ser querido significa que no hay cuerpo para resucitar. Si esa fue la voluntad que Luis dejó por escrito en los documentos de la funeraria, así tenía que ser. Además, ¿para qué querría que él volviera a este podrido mundo? Esté donde esté, seguro es mejor que este infierno. La vestimenta negra me acompaña y no pie

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