Lucía despertó con una sensación extraña, como si algo no estuviera del todo bien. Había pasado la noche en la casa de su madre, un encuentro que había sido más emotivo de lo que había anticipado. La conversación había sido un paso importante, sí, pero también una confrontación con un pasado lleno de dolor y dudas. Esa mañana, sin embargo, algo en su interior le decía que las sombras del pasado todavía rondaban, y que no todo había sido sanado con un solo abrazo. Mientras se preparaba para salir de la cama, su mente no dejaba de dar vueltas a lo que había sucedido. Había logrado un gran avance con su madre, pero Gabriel, su constante apoyo, había quedado en un segundo plano en esos momentos. Desde que regresó de su viaje con él, ella había notado una distancia creciente entre ellos. No er

