La noche caía sobre la ciudad, envolviendo las calles en un manto de sombras y luces artificiales. Lucía caminaba apresurada, su mente un torbellino de emociones encontradas. Había recibido un mensaje anónimo que la había dejado inquieta: “Si quieres respuestas, ven al Café Aurora a las 8 p.m.” No estaba firmado, pero la curiosidad había ganado a su desconfianza. ¿Quién podía estar detrás de aquel mensaje? ¿Qué respuestas podía ofrecerle? El Café Aurora, un rincón acogedor y olvidado en el centro de la ciudad, parecía el escenario perfecto para un encuentro clandestino. Al entrar, fue recibida por el aroma del café recién molido y el murmullo de conversaciones bajas. Sus ojos recorrieron el lugar hasta detenerse en una mesa al fondo, donde una figura conocida la esperaba: Carla. Lucía fr

