El aire fresco de la mañana acariciaba las caras de Lucía y Gabriel mientras caminaban juntos hacia el pequeño café donde se habían encontrado por primera vez años atrás. Era una parada simbólica en su reencuentro, una forma de regresar al pasado para comprender cómo habían llegado hasta allí. El aroma a café fresco se mezclaba con la brisa ligera que traía consigo el perfume de las flores silvestres que se encontraban en cada esquina del camino. Aunque todo parecía haber cambiado, algo permanecía inmutable: la conexión entre ellos. Una conexión que, a pesar de las distancias, de los años y de los silencios, nunca había desaparecido por completo. Habían aprendido a sanar, a perdonarse, a entender que la vida no siempre ofrece respuestas, pero sí momentos de reflexión que permiten encontra

