Encuentro

960 Palabras
Para Dara esto era más una fatídica noche, una dónde se sentía asqueada por tener que brindar su cuerpo. Su boca se resbaló por el pecho desnudo de aquel hombre, que ya estaba bastante excitado, él llevó sus manos al medio de sus pantalones , mientras Benjamín observaba atentamente como Dara cruzaba mirada con él, ¿Acaso lo estaba provocando?, sin importarle absolutamente nada, Benjamin tiró todo abajo, para después tomar a Dara del brazo. —¿Qué te pasa maldito imbécil? —grito aquel hombre al ver que su nuevo o posible socio le acaba de arrebatar a la mujer que le estaba brindando placer. —No pasa absolutamente nada, solo que ella no será quien esté contigo en este momento —dijo Benjamín llevando sus manos a la cabeza, ¿Que le pasaba? Se preguntó, no una, sino mil veces, solo que ahora tenía la mirada de reproche de su nuevo socio. —¡Yo no quiero absolutamente a nadie que no sea ella, así que déjate de estupideces Benjamín, o juro que en este momento nuestra dichosa sociedad se va a la basura —dijo el hombre bastante ofuscado. Dara miraba con atención, nunca antes Benjamín se había comportado de esa manera, ella estaba segura que si en ese momento hubiera un tanque lleno de cocodrilos, de seguro la aventaría. —Tú no puedes romper nuestra sociedad solo por una zorra. Solo te digo que ella no es la indicada, te voy a traer a una de nuestras mejores muchachas —dijo Benjamín, aquel hombre respiró profundo, centro sus ojos en la mirada aterrada de Dara y no pudo contenerse más, estaba caliente, pero no por la discusión con Benjamin, estaba caliente por tenerla a ella en medio de sus piernas. Sin pensarlo un segundo, se interpuso al frente de Benjamin, tomó a Dara de la mano y la llevó a una de las habitaciones. —¡Despojate de absolutamente todo! —dijo mientras la miraba fijamente. Dara llevos us manso torpemente a su cuello y soltó el nudo de sus vestido, quedando completamente desnuda ante aquel hombre. La mirada penetrante de aquel hombre recorrió cada centímetro de la piel de Dara, al igual que su boca, no dejó absolutamente nada a la imaginación. Benjamín estaba que se lo llevaba el mismísimo lucifer, como era posible que estuviera apunto de echar a perder su negocio que tanto le costó por ella. —¡Quiero que tan pronto ella baje, la lleves a casa de mi madre!, ah, no quiero que nadie te vea, mucho menos mi hermano —dijo Benjamín, Oliver asintió con la cabeza. Benjamín no quiso esperar más, era mejor irse de ahí, antes que cometiera una estupidez como la que estuvo apunto de cometer. Dara levantó los brazos de aquel hombre aún lado y levantó su cuerpo desnudo y fue directo hacia la ducha, abrió el grifo y dejó que agua cayera sobre todo su cuerpo. Una vez más, se dijo, una vez había dejado que la humillaran, pero eso debería cambiar y pronto, así Benjamín acabará con su vida, pero antes debía ver la manera de recuperar lo que el muy cobarde le había arrebatado y para ello recurrirá a un hombre, al único hombre en que confiaba, “Leonardo”. Leonardo estaba luchando una de las peores batallas de su vida, por una lado de su mente no salía él los besos de Dara, y por otro lado en la mañana había recibido una llamada de la mujer que le había causado tanto daño, y que lo había llevado a tomar la decisión de ser sacerdote. —¡Hijo!, ¿No piensas cenar? —dijo Teresa entrando en el cuarto de oración de Leonardo. Leonardo levantó la mirada y asintió, su madre no tenía la culpa de sus demonios internos, así que se puso de pie caminó hacia ella y la abrazó con fuerza. Los dos caminaron hasta la sala hasta que el sonido del teléfono llamó la atención de Leonardo, quien no dudó en contestar. —¡Leonardo eres tú!, dime qué si, se que eres tú, por favor, solo quiero que me escuches, solo eso te pido —dijo una voz, al otro lado de la línea. —Adriana, creo que esté no es el mejor momento para hablar —dijo aflojando un poco el alzacuello. —Se que muy pronto te vas a ir, y quiero hablar contigo antes que te vayas —dijo Adriana al otro lado de la línea. Leonardo suspiro profundo, antes hubiera dado todo por volverla a escuchar, pero ahora lo mejor era alejarse de ella, así que antes que ella volviera a pronunciar palabra prefirió colgar, y de paso desconectar el teléfono. Dara bajo las escaleras y vio a Oliver, sabía muy bien que no podía dejar que la viera, estaba más que segura que Benjamín lo había dejado para que la vigilará, así que antes que él la viera sacó su celular y marcó a Leonardo, pero éste nunca contestó. Bajo su mirada, y prefirió salir sin que nadie la viera, pegó su bolso a su pecho y caminó lo más rápido que sus piernas le permitieron. —¿A dónde piensas que vas? —bufo Oliver atravesándose en medio de la calle, Dara alzó su mirada y respiró profundo. —Lejos de ti maldito loco —respondió ella. —Lamento no cumplir con tus deseos, pero mi jefe me dejó encargado llevarte a dónde quiera que vaya la princesa —dijo lamiendo sus labios. —Puede decirle a su jefe que se pudra, ah, y que puede estar tranquilo por ahora no pienso huir —dijo Dara caminando, solo que Oliver la tomó del brazo e hizo que ella se girara
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