Martina Las sorpresas no tienen horas, ni reglas, ni tiempo para llegar, por eso se llaman sorpresas, por lo que, cuando me dijo que estaba en mi puerta, no lo creí hasta que fui a abrir y lo encontré con la misma ropa del día anterior. Parecía un animal perdido, en ese momento no sabía qué le había pasado, solo sabía que necesitaba sentirse a gusto y eso fue lo que hice, que se sintiera a gusto ofreciéndole mi boca, luego una cama donde cayó rendido en cuestión de segundos. Aproveché que dormía para levantarme con cuidado de no despertarlo y esconder cualquier cosa que me delatara como m*****o de CNI y del trabajo que estaba llevando a cabo en el club. Dejé mi teléfono sin sonido por si me llamaban que no se despertara, luego volví a la habitación, recogí su ropa que estaba en el suelo

