Martina El tubo no era más que un caño hueco de acero inoxidable que se extendía desde el piso hasta el techo. A algunas bailarinas les gustaba empezar a bailar desde abajo, pero a mí me gustaba empezar en lo alto del tubo, eso creaba más expectación. No sé si era el baile o la paliza que me pegaba en el gimnasio, pero mi cuerpo estaba adquiriendo más dureza y forma de lo que lo había tenido antes y eso me daba más seguridad, más movimiento y más atrevimiento. Llevaba un sujetador de brillos y un culote. Mi cuerpo más bronceado de lo normal irradiaba un brillo inusual, el pelo me lo había recogido en una coleta para tener más libertad de movimiento. Empecé a envolverme en el tubo y fui bajando despacio sostenida por las rodillas, mientras mi cabeza colgaba hacia abajo. Por un momento so

